UBER desnuda falencias del sistema uruguayo

La llegada del sistema de transporte de personas Uber, al país, plantea al Uruguay un tema que no había previsto.
Las empresas multinacionales, como la que mencionamos que no tienen base física en el Uruguay, representan todo un desafío para el país, con sus ventajas y desventajas.
Entre las primeras hay que asumir que se trata de un sistema confiable, en cuanto existe en muchas de las grandes urbes y prácticamente ha copado el mercado del taxímetro.
Es un sistema ventajoso para el cliente y no sólo en lo económico, que ignoramos cuánto más barato resulta, sino también en otros aspectos, como en comodidad y demás.
Aparentemente es también más seguro para el trabajador del volante, uno de los rubros víctima de la delincuencia con mayor asiduidad, en cuanto el sistema registra los datos de la persona que recurre al sistema para solicitar el servicio.
Pero no todo es ventaja y tiene también enormes desventajas. La primera de ellas, es que al tratarse de una empresa que no tiene base física en el país, tampoco aportaría como las restantes empresas de taxímetros. Las notificaciones, las facturas y las demandas ¿adónde se dirigen? ¿A qué país? ¿qué posibilidades de ser efectivas tienen?
Si bien al dedicarse al traslado de pasajeros está incumpliendo disposiciones específicas de las intendencias que son las que autorizan estos servicios, no está claro cuáles son las sanciones que corresponden, por la sencilla razón de que no está debidamente legislado.
De imponerse el nuevo sistema, seguramente tendrá una enorme repercusión negativa en cuanto a las fuentes de trabajo y por ende a los aportes que deja este trabajo y sus trabajadores al Estado uruguayo.
Esto también debe ser analizado, porque si bien puede haber beneficios directos para el consumidor al tiempo de abonar el viaje, luego le será contraproducente porque el Estado necesariamente deberá obtener de otra forma los fondos que deja de producir esta actividad y como el Estado no produce nada, sino que sólo recauda, tendrá que aumentar el costo de otros impuestos o crear impuestos nuevos para nivelar sus finanzas y por lo tanto los tendrá que pagar el consumidor.
Pero también hay otros aspectos a considerar en el tema. Uno de ellos es la evidencia de que todo servicio monopólico y el taxímetro es un monopolio que manejan las intendencias, tiene sus desafíos. Si el nuevo sistema ha llegado al Uruguay y hallado aquí una respuesta superior a la que esperaba, según afirma, es porque de alguna manera hay cierto grado de insatisfacción con el servicio de taxímetros y esto también merece ser estudiado.
En definitiva, el tema está planteado y la solución no será sencilla precisamente.