Un buen indicio aunque insuficiente

El acuerdo que acaban de firmar varios líderes políticos (algunos a través de representantes), con la Asociación de la Prensa del Uruguay (APU), es un buen indicio, una medida que hace alentar esperanzas de que se pueda sanear el malogrado sistema democrático uruguayo, acusado de corrupción en varios frentes.
Lo peor de todo no son aquellos casos de corrupción explícita, en los que a poco de comprobarse no queda otra cosa que asumir los hechos, sino que en este maremágnum de dimes y diretes en que se han convertido las redes sociales, muchas veces se prestan para difamar, para acusar, para difundir calumnias o hechos graves que no son ciertos. Son las denominadas “Fake News” o noticias falsas que luego se desvirtúan, pero jamás en todo el alcance del daño. Queda mucho camino por recorrer, porque hoy vemos que se ha producido un cambio rotundo que puede influir, para bien o para mal en esta situación. Ya los grandes medios, los que resultaban creíbles, porque generalmente había varios redactores dedicados a chequear cada noticia o información que se difundía, antes de publicarla, hoy ya no existen. La potestad de saber si una noticia es verdadera o falsa, ha sido depositada en su mayor grado en el público a través de las redes sociales y por lo tanto es cada vez más difícil saber ante qué nos encontramos.
El acuerdo establecido entre APU y los principales líderes políticos de nuestro país es un indicio de madurez, pero que de nada servirá si no se le proporcionan herramientas sencillas y claras al público para saber si está ante una falsa noticia o ante la revelación de una verdad.
Detrás de una, como de otra posición habrá siempre intereses. Quienes manipulan y tratan de volcar la opinión pública a su favor siempre han existido. Es aquello de mostrar la parte de la película que me favorece y ocultar la que no me conviene, aunque somos de los que estamos convencidos de que la verdad siempre encuentra un resquicio para resplandecer.
En definitiva, se ha demostrado que se está en el camino correcto, la intención es buena porque se trata de combatir la mentira, pero en los hechos falta mucho. Falta decirle a la gente cómo puede saber si algo es falso, qué aspectos debe tener en cuenta y sobre todo, tener muy claro que antes de reenviar o difundir algo que simplemente “circula” en las redes sociales, debería de comprobar que grado de veracidad tiene. Si no lo hace, no sólo será usado por quien se dedica a difundir estas falacias, sino que mostrará que es altamente manipulable a poco se encuentre la forma de manejarle.
A.R.D.