Un buen paso en la inclusión social

La expectativa con que los adultos mayores de determinada franja etaria esperan las tablets que el gobierno les otorga mediante el Plan Ibirapitá es indicadora del éxito que supone la inclusión etaria que se pretende.
Nadie puede negar que el objetivo que se persigue es muy ambicioso, se trata de alguna manera de “rescatar” para la sociedad, a estas personas que luego de aportar trabajo y dedicación a la comunidad durante muchos años – la mayor parte de su vida muchas veces – entran en un período de pasividad en la última etapa.
Pero este período no debe significar un bajar los brazos y “esperar la carroza”, sino que sencillamente debería ser otra etapa en la vida en la que la reducción de la fuerza física no debiera significar la reducción de la actividad intelectual que en la mayoría de los casos permanece casi que plena y aunque las excepciones no sirven para leer la generalidad del tema, sobran ejemplos de personas que han incluso iniciado la carrera que siempre ambicionaron a avanzada edad.
El Plan Ibirapitá, como lo han indicado los usuarios entrevistados por EL PUEBLO, ha permitido que muchos adultos mayores se motiven y entusiasmen al comunicarlos entre ellos y también con otras personas con mayor facilidad.
Parece poco y sin embargo es un gran mérito, un programa sumamente ventajoso para la comunidad toda. Significa que estas personas, que la mayoría de las veces no tienen otras posibilidades de acceder a las nuevas tecnologías de la comunicación que no sea a través de este Plan.
Por lo que conocemos la inclusión social no sólo les ha puesto en contacto con personas de su misma generación, sino que les ha permitido volver a tener contacto con familiares y afectos en general que se hallan físicamente distantes.
Además de eso, la posibilidad de tomar contacto con la denominada “red de redes” que es Internet, les motiva y mantiene actualizadas de una serie de posibilidades que no tendrían de no acceder a esta tecnología.
Sabemos de casos en que el uso de las tablets, ya sea de Ibirapitá o cualquier otra, significa que de alguna manera estas personas han sido “rescatadas” para la comunidad en general y sobre todo es una forma que compartan y atesoren los conocimientos empíricos, o lo que es lo mismo, la experiencia obtenida a través de los años en el desempeño de un oficio o de una profesión.
Concretamente, entendemos que los objetivos del plan se están cumpliendo y son muy beneficiosos.