Un camino equivocado

Aún en el caso que hubiera sido en el marco de un programa de recuperación y de diálogo con las hinchadas más violentas que concurren al fútbol, si el Ministerio del Interior hubiera entregado entradas para los partidos de la selección uruguaya a estas personas – aspecto que no está claro –  sería condenable.
No se trata de oponerse a que se instrumenten formas de diálogo y de acercamiento a estas barras, para tratar de rescatar a todos los integrantes que se pueda rescatar, sacarlos del ambiente de violencia en que se manejan y recuperarlos para el ambiente de sano esparcimiento en que deberían  desarrollarse los deportes. Hasta aquí está todo bien, pero hay que saber cuál o cuáles deben ser los límites de las medidas instrumentadas. Es más, si esta medida se puso en práctica y no se evaluó debidamente la decisión es más condenable aún.
Hoy se plantea el hecho como parte de  una crítica y un cuestionamiento a la política del Ministerio del Interior en el manejo de este tema y es razonable que así se lo haga.
Lamentablemente creemos que a los paños tibios conque se ha manejado la problemática de la violencia y los denominados “barras bravas” en el ámbito del fútbol hasta el momento ha sido totalmente frustrante.
Mal que les pese a quienes conducen la cuestión, hay que entender que la violencia en el fútbol es parte de la violencia general, que quienes portan armas y se manejan con violencia en el fútbol, y a la violencia de las pedradas, del palazo o sencillamente de los daños generalizados, son tan delincuentes como los que roban, los que hieren o matan en otros ámbitos.
Es necesario enfrentarlos y erradicarlos y para ello hay policía, no para ceder ante sus métodos, sus “leyes” y sus imposiciones, que han ganado precisamente por la tibieza de las medidas ya sea represivas o de la Justicia al momento de establecer las penas.
Y que no se nos diga que no hay leyes para sancionar a estas personas, o que no se las puede identificar….
Si no se las detiene y la Justicia no las condena es sencillamente porque “alguien” no quiere o al menos no tiene interés verdadero en terminar con esta situación.

Aún en el caso que hubiera sido en el marco de un programa de recuperación y de diálogo con las hinchadas más violentas que concurren al fútbol, si el Ministerio del Interior hubiera entregado entradas para los partidos de la selección uruguaya a estas personas – aspecto que no está claro –  sería condenable.

No se trata de oponerse a que se instrumenten formas de diálogo y de acercamiento a estas barras, para tratar de rescatar a todos los integrantes que se pueda rescatar, sacarlos del ambiente de violencia en que se manejan y recuperarlos para el ambiente de sano esparcimiento en que deberían  desarrollarse los deportes. Hasta aquí está todo bien, pero hay que saber cuál o cuáles deben ser los límites de las medidas instrumentadas. Es más, si esta medida se puso en práctica y no se evaluó debidamente la decisión es más condenable aún.

Hoy se plantea el hecho como parte de  una crítica y un cuestionamiento a la política del Ministerio del Interior en el manejo de este tema y es razonable que así se lo haga.

Lamentablemente creemos que a los paños tibios conque se ha manejado la problemática de la violencia y los denominados “barras bravas” en el ámbito del fútbol hasta el momento ha sido totalmente frustrante.

Mal que les pese a quienes conducen la cuestión, hay que entender que la violencia en el fútbol es parte de la violencia general, que quienes portan armas y se manejan con violencia en el fútbol, y a la violencia de las pedradas, del palazo o sencillamente de los daños generalizados, son tan delincuentes como los que roban, los que hieren o matan en otros ámbitos.

Es necesario enfrentarlos y erradicarlos y para ello hay policía, no para ceder ante sus métodos, sus “leyes” y sus imposiciones, que han ganado precisamente por la tibieza de las medidas ya sea represivas o de la Justicia al momento de establecer las penas.

Y que no se nos diga que no hay leyes para sancionar a estas personas, o que no se las puede identificar….

Si no se las detiene y la Justicia no las condena es sencillamente porque “alguien” no quiere o al menos no tiene interés verdadero en terminar con esta situación.







Recepción de Avisos Clasificados