Un chocante antagonismo

En la edición de ayer de EL PUEBLO, encontramos dos hechos informativos que nos han llamado la atención, porque reflejan sustancialmente la época en que vivimos de grandes contradicciones y antagonismos con respecto a los valores humanos.
Por una parte la presentación en el Ateneo Municipal de la obra de Ruperto Long “La niña que miraba los trenes partir”, historias que nadie puede dejar de leer, pero que en definitiva, como lo destaca el prólogo del libro, una obra conmovedora, que descubre la miseria humana, pero “con mucha luz”.
La luz del amor a la libertad, del amor a la vida, del compromiso social, que debería constituir un agradecimiento permanente a tanta gente que ofrendó su vida en aras de la libertad.
Ninguna entrega mayor que ofrendar la propia vida, la que sólo la miseria humana es capaz de quitar a otro ser humano. Máxime si al que se le quita la vida es ni más ni menos que un niño inocente de escasa edad.
Pero por otro lado la miseria humana que sigue existiendo, gente capaz de robarle a un CAIF (Centro de Atención a la Infancia y la Familia), porque da todo lo mismo y por lo tanto para ellos ya no cuenta lo que puedan vivir o pueda pasarle a los niños de la más tierna infancia, al que se le quita la vida sin el más mínimo remordimiento.
Curiosamente quizás por otras motivaciones que nada tienen que ver entre sí, pero en ambos casos, las víctimas principales son los niños, los nazis en su demencial búsqueda de una raza superior, concepto enfermizo que no daba la más mínima posibilidad de cabida a otras razas, en especial los judíos y quienes les daban cobijo, pagaban con su vida en los famosos campos de exterminio.
Con este concepto trataron de exterminar sobre todo a los niños inocentes, los minusválidos y en especial a todos quienes tenían una orientación, hasta sexual, diferente.
Hoy el mismo desapego hacia la niñez, hay gente “cero en valores”, que lamentablemente sigue haciendo de las suyas porque tiene complicidades, tiene también gente con cero grado de compromiso social, que en lugar de cumplir con su compromiso social, arriesgándose y poniendo todo de su parte para descubrir a quienes están en la delincuencia, prefieren mirar para otro lado, desentenderse o sencillamente “olvidarse” del tema para no complicarse.
Así estamos. Así vamos y seguramente el destino que nos aguarda, de seguir por este camino, no será muy feliz precisamente.