Un desafío a la racionalidad

La cuestión de fondo en la actual situación conflictiva en la educación radica en qué medida estamos sincerando la situación del país y armonizando nuestras aspiraciones con las posibilidades racionales a la hora de asumir compromisos concretos.
Es entendible que este es el tiempo de exigir, de plantear, de reclamar, porque es el tiempo en que se está ajustando el presupuesto nacional para el próximo quinquenio y por lo tanto es ahora cuando se tratan de lograr las máximas mejoras para los diferentes sectores del quehacer público nacional.
La izquierda en el poder ha sido siempre partidaria de mejorar y favorecer las condiciones de vida – intrínsecamente ligada al salario – de los trabajadores.
Los trabajadores sindicalizados han tenido siempre desde la propia formación de los gremios, como objetivo esencial la búsqueda de mejores condiciones de trabajo, como elemento esencial para mejorar su calidad de vida y esto spone una mayor equidad, es decir, hallar la forma de tener un país con ricos, menos ricos y pobres menos pobres.
El tema son los límites y la forma. ¿En qué medida el gobierno puede mejorar la calidad de vida de los trabajadores sin hipotecar las posibilidades de desarrollo del país y de superación, como única forma de asegurar a las futuras generaciones las posibilidades de trabajo y de espacio dentro de la comunidad nacional.
Este es un verdadero desafío y como todo desafío supone tomar riesgos.
Hallar el punto exacto entre lo ideal y lo racionalmente factible de conceder, es un desafío nacional para todos.
En las últimas décadas hemos asistido a situaciones muy similares y también hemos visto varias actitudes, tanto de parte de los trabajadores, como de los gobiernos. Cuando los trabajadores confían en las buenas intenciones y el esfuerzo del gobierno por mejores condiciones de vida, generalmente se ven frustrados, aunque después de aprobado el presupuesto quinquenal ya es prácticamente imposible volver atrás.
Asimismo cuando los gobiernos asumen compromisos que exceden lo razonable, llega otro tipo de complicaciones.
En esto hay cicatrices y heridas que no terminan de cicatrizar y son elementos que nadie pone sobre la mesa, pero seguramente inciden en forma muy importante y más allá de la situación conflictiva que se vive y que a nadie le agrada, es también la hora para conseguir acuerdos que nos den tranquilidad y paz para el funcionamiento del país en los próximos años.
Esto sólo se logrará si somos capaces de asumir todos los aspectos que tiene la problemática en discusión.
Alberto Rodríguez Díaz







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...