Un dilema a resolver

En estas columnas hemos repetido muchas veces que la seguridad o inseguridad como se le denomina actualmente es el gran dilema que tendremos que resolver los uruguayos próximamente.
Es que este un aspecto esencial en la población. Hoy la delincuencia tiene a mal traer a todos los habitantes del país. La enorme mayoría porque han sido víctimas de los delincuentes.
Otros porque han sido salpicados, conocen la realidad y obviamente que son llevados a manifestarse en la misma dirección.
Años atrás se plebiscitó la posibilidad de bajar la edad a los menores para hacerlos responsables ante la ley, vale decir la edad de imputabilidad.
Honestidad obliga a sostener que estuvimos entre quienes se opusieron a la iniciativa, conocedores de lo que había pasado en los años de dictadura, cuando a adolescente y jóvenes que a veces no llegaban a los veinte años, se los llevaba se lo torturaba y ponía prisioneros a veces por hacer participado en una volanteada.
Hoy no tenemos escrúpulos en reconocer que nos equivocamos y si tuviéramos que pronunciarnos frente a la misma iniciativa nuestra adhesión sería tácita.
Es que no se puede dirimir temas actuales con la mentalidad de algunas décadas atrás. Esto no quiere decir que olvidemos el pasado, sino que sencillamente reconocemos que los jóvenes a que nos referimos en la actualidad no son los mismos que antes pretendían un país ideal, sin imposiciones, con libertades, con derechos.
Hoy la mayoría de los jóvenes que delinquen son precisamente delincuentes consuetudinarios, gente que ha hecho del delito su modo de vida. La policía y no tenemos reparos en reconocer que este es otro aspecto a analizar, muchas veces se queja que detienen a menores robando, los capturan muchas veces luego de arduos persecuciones y la justicia los libera precisamente porque se trata de menores.
No siempre es así y en algunas ocasiones son remitidos a reformatorios que lo que menos hace es reformarlos, sino que en la realidad constituyen verdaderas “universidades” del delito, donde los menores se “perfeccionan” en sus andanzas.
Sabemos que muchas veces se intenta convencernos que la única salida a esta realidad está en la educación, sólo a través de ella podemos trasmitir otros valores. No renegamos de esto, pero es esta una solución para dentro de 10 ó 15 años, no para lo inmediato.
Hoy la realidad indica que muchas veces el policía convive con el delincuente, está en pareja con alguna hermana o la madre o tiene en su entorno alguno de estos casos.
Se trata de una situación real y concreta y ojalá los uruguayos sepamos resolver el dilema con la cabeza, fríamente y no con el corazón, llevados por el primer impulso que se nos plantea. A.R.D.