Un drama que nos comprende a todos

Haciéndose eco de una sugerencia de la Organización Mundial de la Salud, desde el 2012 Uruguay recuerda los 16 de noviembre a las víctimas de accidentes de tránsito.
Se trata de una de las causas de más muertes de jóvenes en nuestro país. Los accidentes de tránsito que según la Unidad Nacional de Seguridad Vial UNASEV, son “siniestros”, es decir que no se trata de algo accidental, imposible de prever, sino todo lo contrario, causados por imprudencias, irresponsabilidad o falta de previsión, se llevan casi que dos vidas por día en nuestro país.
Algunos podrán pensar que este es un “fenómeno” coyuntural que se da en todos lados y tiene que ver con las características de la juventud de nuestros días.
Nada más alejado de la realidad. Si bien es un problema extendido en el mundo está muy lejos de ser un “fenómeno”, es decir algo extraordinario cuyas posibilidades de evitarlo está fuera de nuestro alcance.
Lamentablemente, se dice que al menos una de cada tres familias uruguayas ha sufrido un accidente, directo o indirecto. Es más, también en primera o segunda generación, cada familia uruguaya lamenta un accidente fatal o una vida malograda y mutilada para el resto de sus días.
Muchas veces se piensa que la culpa la tienen los adolescentes y los jóvenes que suelen circular a altas velocidades, alcoholizados o drogados y “jugados” a que nadie se atravesará en su camino.
En buena medida esta es la realidad, pero al menos para nosotros no son los chiquilines los culpables de esta conducta temeraria.
Es la propia sociedad, el “bombardeo” publicitario a que son sometidos que los lleva a tener esta conducta.
Seguramente que nosotros padres, tíos, hermanos ocupados en nuestras cosas terminamos bajando los brazos y nuestros niños son “educados” por sus pares y por la televisión.
De allí sacan la conducta casi suicida que muchas veces causan estos siniestros,de allí aprenden que los más audaces y arrojados son los “admirados” por sus pares.  Los que conducen una moto o auto son casi “ídolos”, no importa que no estudien o al menos no se esfuercen en sus estudios, ni que no trabajen.
En cambio los que  andan a pie, en bicicleta haciendo un esfuerzo por estudiar y salir adelante, dedicando el tiempo que otros desperdician en ocio o en actividades totalmente lamentables, son considerados “tontos” o “ingenuos”.
Esta forma de vida, esta pérdida de valores les lleva a vivir atropelladamente y a arriesgar todo, hasta la vida por alcanzar sus falsos ídolos.
Si algún día queremos tener otra realidad, debemos empezar por modificar esta situación.

Haciéndose eco de una sugerencia de la Organización Mundial de la Salud, desde el 2012 Uruguay recuerda los 16 de noviembre a las víctimas de accidentes de tránsito.

Se trata de una de las causas de más muertes de jóvenes en nuestro país. Los accidentes de tránsito que según la Unidad Nacional de Seguridad Vial UNASEV, son “siniestros”, es decir que no se trata de algo accidental, imposible de prever, sino todo lo contrario, causados por imprudencias, irresponsabilidad o falta de previsión, se llevan casi que dos vidas por día en nuestro país.

Algunos podrán pensar que este es un “fenómeno” coyuntural que se da en todos lados y tiene que ver con las características de la juventud de nuestros días.

Nada más alejado de la realidad. Si bien es un problema extendido en el mundo está muy lejos de ser un “fenómeno”, es decir algo extraordinario cuyas posibilidades de evitarlo está fuera de nuestro alcance.

Lamentablemente, se dice que al menos una de cada tres familias uruguayas ha sufrido un accidente, directo o indirecto. Es más, también en primera o segunda generación, cada familia uruguaya lamenta un accidente fatal o una vida malograda y mutilada para el resto de sus días.

Muchas veces se piensa que la culpa la tienen los adolescentes y los jóvenes que suelen circular a altas velocidades, alcoholizados o drogados y “jugados” a que nadie se atravesará en su camino.

En buena medida esta es la realidad, pero al menos para nosotros no son los chiquilines los culpables de esta conducta temeraria.

Es la propia sociedad, el “bombardeo” publicitario a que son sometidos que los lleva a tener esta conducta.

Seguramente que nosotros padres, tíos, hermanos ocupados en nuestras cosas terminamos bajando los brazos y nuestros niños son “educados” por sus pares y por la televisión.

De allí sacan la conducta casi suicida que muchas veces causan estos siniestros,de allí aprenden que los más audaces y arrojados son los “admirados” por sus pares.  Los que conducen una moto o auto son casi “ídolos”, no importa que no estudien o al menos no se esfuercen en sus estudios, ni que no trabajen.

En cambio los que  andan a pie, en bicicleta haciendo un esfuerzo por estudiar y salir adelante, dedicando el tiempo que otros desperdician en ocio o en actividades totalmente lamentables, son considerados “tontos” o “ingenuos”.

Esta forma de vida, esta pérdida de valores les lleva a vivir atropelladamente y a arriesgar todo, hasta la vida por alcanzar sus falsos ídolos.

Si algún día queremos tener otra realidad, debemos empezar por modificar esta situación.