Un error garrafal

El proyecto de ley que habilitará la adopción de niños por parte de parejas de homosexuales, ha recibido media sanción parlamentaria. Esto es, la Cámara de Representantes con los votos del oficialismo y un voto blanco, acaba de aprobarlo. Aunque aún resta el pasaje por la Cámara de Senadores, se da como un hecho que en definitiva dicho proyecto será sancionado y puesto en práctica.
No tenemos empacho en considerar que este ha sido un error garrafal por el lado que se lo mire.
No somos de escandalizarnos, por los avances que  ha logrado la humanidad en la consideración de ciertos temas que en épocas recientes se consideraban “tabúes”, pero estamos muy lejos de llegar a un “vale todo”, donde creemos que se están violando derechos tan caros como los que se pretenden ganar.
Hemos aceptado –aunque no compartamos – hasta la pareja homosexual, en el entendido que tratándose de personas adultas pueden decidir sobre su sexualidad, como también son libres de hacerlo en los restantes temas de la vida y cuando no haya leyes que se lo impidan.
Sin embargo, en el tema que nos ocupa creemos que hay sobradas razones para rechazar el proyecto.
En primer lugar, porque va contra la naturaleza misma. Que un niño, cuando aún no tiene la más mínima posibilidad de decidir por si mismo, sea involucrado en una situación de este tipo. El hecho de que se encuentre de golpe y porrazo, con que tiene madre y padre del mismo sexo, es realmente una falta de respeto contra ese niño. No hay ningún derecho a someterlo a verdaderos tormentos en el ambiente social, llámese escuela, barrio o donde vaya, en una situación que él no eligió y bien podría habérsele evitado.
Pero además, entendemos que nadie tiene derecho a ponerlo en semejante situación sin conocer su propia voluntad, para decidir cuando tenga uso de razón.
Creemos que lo más atinado, razonable y justo es que este tipo de proyectos sea sometido a la consideración popular, por un solo motivo: nadie, ni siquiera los legisladores que invisten la representación del ciudadano, pueden sentirse legítimamente con autoridad para adoptar una decisión en un tema tan delicado y polémico, sin asumir que corre el riesgo de estar haciéndolo contra la voluntad de la mayoría del pueblo uruguayo.
En este caso específico, creemos que no nos equivocamos cuando sostenemos que de plebiscitarse este proyecto, seguramente se encontraría con el enorme rechazo del pueblo uruguayo.
Ojalá alguien tenga la valentía de someter el tema a la consideración de la ciudadanía.
Es lo que corresponde.







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