Un solo ejemplo bastaría para justificar el programa

Recientemente en estas columnas nos referíamos a la situación de la inseguridad en nuestro país y en el mundo en general, sus causas y consecuencias.
En este contexto afirmábamos que mal que nos pese el tema va mucho más allá de las consecuencias, muchas veces trágicas y deleznables que vemos y en los que se desencadena la situación.
Pero yendo un poquito más allá de lo que puede verse a simple vista, nos encontramos con un problema que surge desde la familia, el contexto social en que se crían esos niños y las posibilidades mismas que tiene el país para reeducar a los delincuentes, generalmente adolescentes y jóvenes, cuando no niños aún.
Hacíamos alusión a las teorías académicas las que sostienen que no existe un solo individuo que o pueda ser recuperado y todo depende de los sistemas y de las formas de recuperación que puedan ofrecérsele.
Una prueba más de esta situación la acaba de dar el propio comisionado parlamentario, designado para ocuparse de la situación de las personas privadas de libertad en el país.
El Dr. Petit, acaba de presentar junto a la comisión que le acompaña en su tarea, un proyecto de alfabetización de las personas que se hallan en esta situación, pero tienen interés en superarla.
Es que de acuerdo al Dr. Petit, un alto número de estas personas, no sabe leer ni escribir. Esto es lo que no queremos ver. Mientras sigan existiendo personas en esta situación no se puede esperar otra cosa que no sea el agravamiento de la inseguridad.
Y no pecamos de ingenuos. Quizás no todas las personas que expresan su deseo de ser alfabetizadas, están tratando de superarse, de pelear la vida en mejores condiciones, de mejorar sus posibilidades de conseguir un trabajo digno. ¨Seguramente que quienes lo están haciendo porque el régimen actual otorga la posibilidad de reducir las sanciones determinadas por la Justicia, si existe buena conducta y la persona privada de libertad estudia o demuestra interés en hacerlo.
De todas formas, con los controles correspondientes, lo mejor que puede hacerse es incentivar a estas personas a educarse, a dejar de lado el camino del delito para incorporarse a la senda del estudio o del trabajo.
Seguramente que no todos lo lograrán, pero bastaría con que uno de los que realmente están interesados en salir adelante, tuviera la posibilidad de hacerlo, para que el programa se justifique.
Mientras no asumamos esto, no habrá salida posible.
A.R.D.







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