Un tema a atender

Más allá de las disposiciones legales, normativas municipales e incluso la obligatoriedad de reparar y mantener en condiciones las veredas para el uso público, existe un aspecto de solidaridad y sensibilidad que debería ser atendido por todos los salteños.
Actualmente Salto no es una ciudad amigable para los no videntes. Por diferentes motivos las veredas se han ido llenando de obstáculos a veces permanentes, a veces  esporádicos.
El tema es que muchas veces no tenemos en cuenta la posibilidad que transite por el lugar un no vidente.
Esta falta de percepción del problema no es sólo del ciudadano común, sino también lo hemos visto en algunos elementos pertenecientes a empresas públicas. Es el caso de las cabinas que tenían ANTEL (creemos que hoy han sido retiradas),  pero se trataba de una suerte de hongo, con un pie delgado -caño –  y el auditorio arriba más expandido.
Este diseño constituía una verdadera trampa para los no videntes porque el bastón no les indicaba la presencia de ningún obstáculo e incluso si detectaran el pie del obstáculo, no podían saber la forma que tenían más arriba.
Sucede lo mismo con todos los obstáculos que se cuelgan y por lo tanto no hay nada contra el piso que delate su existencia.
Por un tema de comercialización, hay comercios locales que acostumbran a sacar su producción a la acera para exhibirla mejor. No condenamos el esfuerzo por competir y comercializar en la mejor forma posible, pero debe hallarse la forma de que esta acción no afecte el derecho de los demás, en este caso específico de personas con dificultades físicas mayores a las habituales.
Casi un año atrás (agosto 2011), se informó que la Intendencia estaba preparando una normativa que habría de reglamentar el uso de las  veredas, sin embargo que sepamos hasta la fecha esta normativa no está en vigencia, al menos así lo indica la realidad de nuestras calles.
Nos consta que hay personas con diferentes actitudes en este tema. Hay quienes sólo se interesan en defender sus intereses, pero la  mayoría de los salteños felizmente reconocemos y admitimos el derecho a que las personas no videntes o con escasa visión  sean debidamente protegidas, no por piedad, sino porque sencillamente es su derecho.
De allí que sostengamos que más allá de todo aspecto jurídico o legal, cualquier salteño sensible a esta situación debe de hacer todo lo que esté a su alcance para que Salto sea una ciudad amigable, no sólo con ellos, sino con todas las personas que tienen algún tipo de discapacidad física.

Más allá de las disposiciones legales, normativas municipales e incluso la obligatoriedad de reparar y mantener en condiciones las veredas para el uso público, existe un aspecto de solidaridad y sensibilidad que debería ser atendido por todos los salteños.

Actualmente Salto no es una ciudad amigable para los no videntes. Por diferentes motivos las veredas se han ido llenando de obstáculos a veces permanentes, a veces  esporádicos.

El tema es que muchas veces no tenemos en cuenta la posibilidad que transite por el lugar un no vidente.

Esta falta de percepción del problema no es sólo del ciudadano común, sino también lo hemos visto en algunos elementos pertenecientes a empresas públicas. Es el caso de las cabinas que tenían ANTEL (creemos que hoy han sido retiradas),  pero se trataba de una suerte de hongo, con un pie delgado -caño –  y el auditorio arriba más expandido.

Este diseño constituía una verdadera trampa para los no videntes porque el bastón no les indicaba la presencia de ningún obstáculo e incluso si detectaran el pie del obstáculo, no podían saber la forma que tenían más arriba.

Sucede lo mismo con todos los obstáculos que se cuelgan y por lo tanto no hay nada contra el piso que delate su existencia.

Por un tema de comercialización, hay comercios locales que acostumbran a sacar su producción a la acera para exhibirla mejor. No condenamos el esfuerzo por competir y comercializar en la mejor forma posible, pero debe hallarse la forma de que esta acción no afecte el derecho de los demás, en este caso específico de personas con dificultades físicas mayores a las habituales.

Casi un año atrás (agosto 2011), se informó que la Intendencia estaba preparando una normativa que habría de reglamentar el uso de las  veredas, sin embargo que sepamos hasta la fecha esta normativa no está en vigencia, al menos así lo indica la realidad de nuestras calles.

Nos consta que hay personas con diferentes actitudes en este tema. Hay quienes sólo se interesan en defender sus intereses, pero la  mayoría de los salteños felizmente reconocemos y admitimos el derecho a que las personas no videntes o con escasa visión  sean debidamente protegidas, no por piedad, sino porque sencillamente es su derecho.

De allí que sostengamos que más allá de todo aspecto jurídico o legal, cualquier salteño sensible a esta situación debe de hacer todo lo que esté a su alcance para que Salto sea una ciudad amigable, no sólo con ellos, sino con todas las personas que tienen algún tipo de discapacidad física.