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Un tema a resolver serenamente

La situación planteada en villa Constitución en referencia al proyecto de instalación de un Centro de Recuperación para procesados, con determinado perfil en el ex ingenio El Espinillar, merece un análisis sereno.

En primer lugar, hay que partir del conocimiento fehaciente de los detalles del proyecto.

Cuando a cualquier localidad de nuestro país, se le comunica que se instalará allí una cárcel, lo lógico y entendible es que haya una inmediata reacción de rechazo.

En todo el mundo existe un estigma de los centros carcelarios y por lo tanto no es agradable para nadie que haya que convivir con uno de ellos.

Ahora bien, hay gente procesada y encarcelada por motivos muy diferentes. Desde quienes han estafado o realizado algún negocio fuera de la ley, hasta quienes han violado y matado, pasando por algunas personas que están presas por haber dado muerte a atracadores armados o incluso por contrabando.

Vale decir que el primer error que se puede cometer es largar un proyecto de este tipo «en crudo», porque provocará espanto. Honestamente, no sería fácil, por ejemplo convencer a una madre o un padre que tendrá que mantener cierta convivencia con el entorno delictivo de violadores, homicidas o ladrones. En cambio probablemente hubiera reaccionado distinto o escuchado al menos si se lo hubiera planteado detalladamente, antes que a nadie.

El segundo error, está referido a creer que «los presos» son todos iguales o están allí por el mismo motivo y reaccionar frontalmente, antes de conocer fehacientemente los detalles de lo que se proyecta.

Escuchados los argumentos de una y otra parte en esta materia, podemos decir que el proyecto que el Ministerio del Interior .está proponiendo resulta interesante. No se trata de una cárcel, específicamente, sino que se habla de un centro de recuperación, reservado para gente que no tiene delitos «pesados» ni mucho menos  y que sería alojada allí con su familia, dándoles maquinaria y herramienta para aprender o desarrollar un oficio.

Este proyecto contaría – según sabemos –  con apoyo de varios ministerios e instituciones que se involucrarían en él.

Sabido del alcance del proyecto, es la  comunidad local, la que deberá resolver junto con los proponentes, si albergan o no este proyecto, dado que seguramente no sería el preferido y ambicionado por la gente del lugar, pero de todas formas, vale la pena considerarlo.

El tercer error que no debería cometerse es el de tomar una posición impulsiva, por simple estigmatización, sin estar debidamente informados.

Obviamente que a nadie nos gusta convivir con  los ambientes carcelarios, pero lamentablemente éstos son necesarios y debemos entender que sólo con el compromiso de todos podemos transformar las deprimentes cárceles actuales en lugares que al menos den la oportunidad de recuperarse a todo aquel que ha cometido un error.

Esta es la cuestión.