Un tema complejo

El anunciado aumento del 6,9 que el gobierno ha autorizado en las tarifas de UTE ha despertado una gran polémica.
Este aumento llega en ocasión en que la represas, como en Salto están desbordadas de agua, en que Salto Grande ha confirmado de por sí que en el mes de diciembre ha superado el récord histórico anual de producción energética.
En momentos en que el precio del barril de petróleo ha caído también en porcentaje histórico, a menos de la mitad de su último costo.
Obviamente que en este panorama el aumento en las tarifas de UTE tiene un efecto de “shock”, dado que a nivel popular no se entiende “por qué”, cuando todo es favorable, cuando todo indica que los costos de lo que se vende (en este caso energía), están bajando, el servicio tiene que aumentar sus tarifas.
Aquí la cuestión es “cómo se deben manejar los costos no ya de una empresa estatal, sino del Estado en su conjunto”.
Cuando un presupuesto de país, planifica determinados gastos, teniendo en cuenta el monto que tendrá por ingresos, lógicamente que luego le será muy difícil bajar éstos, si se aspira a cumplir con los compromisos contraídos.
Con esto no estamos tomando posición alguna con respecto a si cabe o no el aumento de tarifas anunciado. Lo que estamos tratando de hacer es de explicar cómo se manejan los costos del Estado y en base a qué.
Evidentemente que cualquier gobierno próximo a terminar su mandato, aspira a dejar las cuentas lo más ordenadas posibles y estamos precisamente al final de uno de estos mandatos.
Es innegable que el aumento anunciado tiene un componente de este tipo, vale decir de aportar a Rentas Generales (fondo que se nutre a través de los excedentes que vierten las empresas públicas)  para tratar de equilibrar lo mejor posible la situación de las empresas públicas.
El tema está en qué medida debe de trasladarse este costo al pueblo uruguayo si es que cabe que así sea. Esto es en forma “lineal”. O sea bajando inmediatamente el precio del servicio cuando bajan los costos o subiéndolos cuando éstos suben.
Otro aspecto de esta polémica, es ¿cuándo y en qué situación entonces se vería beneficiado el pueblo?
Si el precio del combustible a nivel internacional aumenta, también aumentan los precios y las tarifas. Si baja, debido a que los ingresos que deja a nivel interno es también inferior, los precios internos también suben.
En definitiva, un tema harto difícil de manejar y un sólo consejo, debemos  tratar de mirar más allá de lo que se ve a simple vista, antes de tomar posición sobre el tema.

El anunciado aumento del 6,9 que el gobierno ha autorizado en las tarifas de UTE ha despertado una gran polémica.

Este aumento llega en ocasión en que la represas, como en Salto están desbordadas de agua, en que Salto Grande ha confirmado de por sí que en el mes de diciembre ha superado el récord histórico anual de producción energética.

En momentos en que el precio del barril de petróleo ha caído también en porcentaje histórico, a menos de la mitad de su último costo.

Obviamente que en este panorama el aumento en las tarifas de UTE tiene un efecto de “shock”, dado que a nivel popular no se entiende “por qué”, cuando todo es favorable, cuando todo indica que los costos de lo que se vende (en este caso energía), están bajando, el servicio tiene que aumentar sus tarifas.

Aquí la cuestión es “cómo se deben manejar los costos no ya de una empresa estatal, sino del Estado en su conjunto”.

Cuando un presupuesto de país, planifica determinados gastos, teniendo en cuenta el monto que tendrá por ingresos, lógicamente que luego le será muy difícil bajar éstos, si se aspira a cumplir con los compromisos contraídos.

Con esto no estamos tomando posición alguna con respecto a si cabe o no el aumento de tarifas anunciado. Lo que estamos tratando de hacer es de explicar cómo se manejan los costos del Estado y en base a qué.

Evidentemente que cualquier gobierno próximo a terminar su mandato, aspira a dejar las cuentas lo más ordenadas posibles y estamos precisamente al final de uno de estos mandatos.

Es innegable que el aumento anunciado tiene un componente de este tipo, vale decir de aportar a Rentas Generales (fondo que se nutre a través de los excedentes que vierten las empresas públicas)  para tratar de equilibrar lo mejor posible la situación de las empresas públicas.

El tema está en qué medida debe de trasladarse este costo al pueblo uruguayo si es que cabe que así sea. Esto es en forma “lineal”. O sea bajando inmediatamente el precio del servicio cuando bajan los costos o subiéndolos cuando éstos suben.

Otro aspecto de esta polémica, es ¿cuándo y en qué situación entonces se vería beneficiado el pueblo?

Si el precio del combustible a nivel internacional aumenta, también aumentan los precios y las tarifas. Si baja, debido a que los ingresos que deja a nivel interno es también inferior, los precios internos también suben.

En definitiva, un tema harto difícil de manejar y un sólo consejo, debemos  tratar de mirar más allá de lo que se ve a simple vista, antes de tomar posición sobre el tema.