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Un tema conocido

Uruguay debe ser el único país en el mundo donde un extranjero puede comprar la tierra, prácticamente sin demasiados inconvenientes. Si pudiéramos tener acceso a datos actuales sobre esta realidad, seguramente nos asombraríamos.

En muchos puntos del país se sostiene lo mismo «por acá ya no queda estancia que no esté arrendada o directamente en manos de extranjeros…»

Esto es de por si un problema preocupante desde hace muchos años. Tanto es así que recordamos perfectamente la lucha que llevó adelante Carlos Julio Pereyra, líder del Movimiento de Rocha, del Partido Nacional, siendo parlamentario, para tratar de conseguir leyes que frenaran este fenómeno.

Sin embargo, nunca hubo voluntad para hacerlo y la suya, muchas veces junto a Wilson Ferreira Aldunate, fue una lucha estéril.

Pero si esto era y es preocupante, mucho más lo es el nuevo fenómeno que ha surgido. El propio presidente brasileño, Luis Inacio Lula da Silva, le informó al presidente uruguayo José Mujica, que China y otros gobiernos han hecho saber de su interés, como nación, de comprar tierras brasileñas y seguramente también en otros países de la región.

Si la tierra de un país es comprada por particulares, que unidos pueden hacer pesar incluso su nacionalidad, llegado el momento para reclamar la «protección» de su nación, mucho más grave es que las naciones extranjeras sean las compradoras directamente.

Cada vez es mayor el número de empresas extranjeras, llamadas «inversores», que llegan y compran – ya no arriendan – la tierra donde luego la manejan prácticamente sin control alguno, al punto que si algún día la perdieran, es probable que no se pueda recuperar su fertilidad.

También se está haciendo cada vez más frecuente aquello de que «no importa de quien sea la tierra, lo importante es que la trabaje y de trabajo a los uruguayos…», afirmación esta que hemos escuchado, sobre todo en quienes se dedican a la venta e intermediación de tierras.

Esto así dicho es un grueso error. Importa mucho, que el Uruguay esté en manos de los uruguayos. En tiempos de paz no tiene mayor diferencia quien o quienes sean los dueños. En cambio si se plantean conflictos, alcance muy probable para quienes anuncian grandes escasez de agua y de tierras fértiles para el futuro, entonces este aspecto puede ser determinante.

La historia está llena de conflictos donde las denominadas «grandes potencias» han intervenido en pequeños países con el pretexto de «defender los intereses de sus conciudadanos…»

El INC se ha mostrado preocupado por el tema y le asiste toda la razón, no es un tema menor y mucho nos tememos que las generaciones futuras padezcan las consecuencias.