Un tema delicado, pero ineludible

El paro nacional de transporte decretado por la Unión de Obreros y Trabajadores del Transporte UNOTT, se inscribe entre los temas más delicados del país.
Imposible entender la medida si no nos detenemos a analizar la situación que la ha provocado.
El asesinato de otro taximetrista, que acarrea la destrucción de una familia, situación que se reitera con frecuencia está en el origen de la medida y además se corresponde con una situación de inseguridad que nadie puede desconocer. Si nos despojáramos de la lectura política en la que frecuentemente se cae cuando se habla de estos temas, debemos asumir que es una consecuencia lógica de una serie de medidas y de que hemos ido permitiendo, que han mostrando que el sistema es permeable y los grandes intereses de quienes siquiera muestran nunca la uñas se han ido imponiendo poco a poco hasta desembocar en lo que tenemos hoy.
No sólo los denominados trabajadores del volante, taximetristas, y omnibuseros sino comerciantes y cualquier trabajador que hoy sale a trabajar a la calle sobre todo en Montevideo, corre un riesgo que era impensable algunos años atrás. Pero no se trata sólo de ellos, sino que también corre riesgo cualquier persona hasta por lucir una camiseta de una institución deportiva cuando cae en “territorio” dominado por mal llamados “adherentes” de otra institución, como acaba de suceder una vez más.
Pero volvamos al tema de hoy. Seguramente que un paro nacional en el transporte, precisamente en el inicio de la Semana Santa, tiene ingredientes muy diferentes a las habituales. No es un paro más, se ha tomado en la fecha “pico” de máximo movimiento de pasajeros en lo interno del país.
Por este motivo la cantidad de personas afectadas también es muy superior a lo habitual. También es mayor la repercusión que ha tenido y quienes no se detienen a analizar las causas se sienten injustamente perjudicados, sosteniendo “y yo que tengo que ver…”.
El Uruguay es uno, y la inseguridad que nos afecta está en la raíz de este mundo globalizado. Basta mirar a nuestro alrededor para confirmar que no es un tema sólo de nuestro país, sino que es un problema internacional.
El fin justifica los medios. Esto es, todo vale cuando se trata de conseguir lo que quiero y “necesito”, así tenga que matar para obtenerlo.
Hoy estamos entre los afectados, pero totalmente consustanciados con las víctimas y los trabajadores de este país en el tema. Para nosotros perder un día en la vida generalmente no tiene gran significación, pero para ellos, perder la vida en un minuto, si que es dramático.
Esto tiene que terminar. Quien así obra tiene que enfrentar las consecuencias y no nos estamos refiriendo a medidas draconianas, a adoptar la política de ojo por ojo y diente por diente, pero si a no seguir con la ingenuidad conque se “sanciona” si es que se le puede llamar sanción a los menores que no tienen escrúpulos en matar para obtener lop que quieren.