Un tema que requiere más atención

El último censo agropecuario que se conoce ha confirmado lo que todo el mundo sabe, pero sólo este instrumento puede confirmarlo con mayor precisión.
La situación en el campo uruguayo tiene algunas facetas que al menos requieren de la atención de quienes inciden en ella.
Las explotaciones ganaderas y agrícolas más pequeñas están desapareciendo, las medianas se mantienen y las grandes explotaciones aumentan y extienden su tamaño.
Vale decir que hay una concentración en favor de las grandes extensiones y en detrimento de los predios familiares más pequeños.
Quizás económicamente el fenómeno no tenga mayor relevancia, es más, nos animamos a decir que con mayor capital las grandes empresas pueden obtener, y en los hechos obtienen, mejores resultados de la explotación de esos predios.
Ahora bien, socialmente este cambio en la distribución de la tierra tiene muchísima incidencia, porque generalmente los pequeños productores terminan en los alrededores de las plantas urbanas y no siempre tienen medios de vida adecuados, debido a que su cultura es agrícola o agropecuaria y por lo tanto enfrentan muchas dificultades para desenvolverse adecuadamente en la ciudad.
Este quizás sea el elemento más importante en la cuestión, pero además debe tenerse muy en cuenta quiénes son, de qué procedencia son los capitales que se extienden y abarcan cada vez más tierra en nuestro país.
La extranjerización de la tierra es precisamente uno de los temas más controvertidos desde hace muchos años atrás.
Existen visiones contrapuestas en este sentido. Mientras desde algunas tiendas políticas se defiende tenazmente la prohibición de la compra de tierras en el país por parte de extranjeros no radicados, desde otras, se la admite siempre y cuando se las explote y dé trabajo adecuadamente a los compatriotas.
Este parece ser uno de los puntos de mayor importancia en la cuestión.
Si bien el Instituto Nacional de Colonización juega hoy un rol más importante, en cuanto se lo ha dotado de recursos para la compra  de tierras, resta aún mucho camino para que tenga posibilidades de satisfacer las solicitudes y aspiraciones de todos los grupos de uruguayos que desean arrendar un predio para explotarlo en forma conjunta, como se impulsa hoy.
Este es el camino que aparece como más interesante socialmente, aunque no siempre es  factible hallar la forma de asegurar su viabilidad económica.

El último censo agropecuario que se conoce ha confirmado lo que todo el mundo sabe, pero sólo este instrumento puede confirmarlo con mayor precisión.

La situación en el campo uruguayo tiene algunas facetas que al menos requieren de la atención de quienes inciden en ella.

Las explotaciones ganaderas y agrícolas más pequeñas están desapareciendo, las medianas se mantienen y las grandes explotaciones aumentan y extienden su tamaño.

Vale decir que hay una concentración en favor de las grandes extensiones y en detrimento de los predios familiares más pequeños.

Quizás económicamente el fenómeno no tenga mayor relevancia, es más, nos animamos a decir que con mayor capital las grandes empresas pueden obtener, y en los hechos obtienen, mejores resultados de la explotación de esos predios.

Ahora bien, socialmente este cambio en la distribución de la tierra tiene muchísima incidencia, porque generalmente los pequeños productores terminan en los alrededores de las plantas urbanas y no siempre tienen medios de vida adecuados, debido a que su cultura es agrícola o agropecuaria y por lo tanto enfrentan muchas dificultades para desenvolverse adecuadamente en la ciudad.

Este quizás sea el elemento más importante en la cuestión, pero además debe tenerse muy en cuenta quiénes son, de qué procedencia son los capitales que se extienden y abarcan cada vez más tierra en nuestro país.

La extranjerización de la tierra es precisamente uno de los temas más controvertidos desde hace muchos años atrás.

Existen visiones contrapuestas en este sentido. Mientras desde algunas tiendas políticas se defiende tenazmente la prohibición de la compra de tierras en el país por parte de extranjeros no radicados, desde otras, se la admite siempre y cuando se las explote y dé trabajo adecuadamente a los compatriotas.

Este parece ser uno de los puntos de mayor importancia en la cuestión.

Si bien el Instituto Nacional de Colonización juega hoy un rol más importante, en cuanto se lo ha dotado de recursos para la compra  de tierras, resta aún mucho camino para que tenga posibilidades de satisfacer las solicitudes y aspiraciones de todos los grupos de uruguayos que desean arrendar un predio para explotarlo en forma conjunta, como se impulsa hoy.

Este es el camino que aparece como más interesante socialmente, aunque no siempre es  factible hallar la forma de asegurar su viabilidad económica.