Un tema urticante

Las acciones de los menores infractores son un tema urticante para la sociedad toda.

Se trata de un tema de tremenda complejidad, al que no se ha encontrado una solución adecuada.

Hay informes que se manejan a la luz pública, sosteniendo que la internación de un menor infractor en los “centros de rehabilitación”, le cuesta al Estado, que somos todos, algo así como 3 mil dólares al mes.

Admitimos que no conocemos las fuentes de estos análisis, ni de donde salen estas cifras, pero nos parece una suma demasiado importante, como para no atender si realmente corresponde que los uruguayos todos sigamos pagándola, sin detenernos a revisar si realmente está sirviendo para algo.

Las cifras de los menores que se rehabilitan luego de pasar por estos centros – si hay alguno que lo hace – es bajísima. Se habla de uno cada diez menores internados.

Cuando se plantean acciones de tremenda gravedad como la ocurrida por estos días en Paysandú, surgen reacciones totalmente comprensibles, como las que se han registrado  en la vecina ciudad, pidiendo prácticamente justicia por mano propia.

De no llegarse a situaciones de tremenda gravedad, la cuestión puede durar muchos años, como ha sido hasta hoy  sin que se tenga siquiera alguna reacción. Sin que los órganos de decisión muestren verdadero interés en revisar las cosas e intentar un sistema diferente.

Se nos ocurre que  este debe ser un tema de permanente análisis y revisión por parte de la sociedad en su conjunto y de los organismos involucrados en el mismo particularmente.

Con todo respeto por quienes trabajan por los derechos de los niños, por quienes tratan de atender la marginalidad, de quien ven a estos menores infractores – no puede meterse a todos en la misma bolsa – entendemos que tan válidos como los derechos de estos niños, son los de quienes no son infractores y sus familias.

Comencemos por poner las cosas en su lugar, porque aquí hay algo que no funciona y no es de ahora, sino de varias décadas a esta parte y si no lo vemos a tiempo y lo analizamos cuando y como corresponde, corremos el riesgo de intentar frenarlo “como sea” y por esta vía lo más probable es que caigamos en medidas y caminos tanto o más nefastos.

No ignoramos que en otros lados han aparecido escuadrones de la muerte, han aparecido grupos de vecinos “justicieros”, que terminan disparando y matando a cuando se les ocurren “sospechosos”.

Esta es una cuestión de todos. Debería preocuparnos a todos permanentemente, pero las salidas deben ser pensadas racional y sensatamente, porque no hay soluciones “mágicas”, ni es “eliminando”, las consecuencias, sino atendiendo las causas que llegaremos a la mejor salida en la temática.







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