A la hora de elegir

Dentro de poco más de un mes los ciudadanos uruguayos que vivimos en Salto, iremos nuevamente a las urnas para elegir, en esta ocasión, intendente departamental y a los que les corresponde, los seis alcaldes municipales, además de los órganos legislativos departamentales y locales en cada caso.
La inminencia de esta instancia, es una buena ocasión para analizar qué es lo que pretendemos de un gobierno local. ¿A qué consideramos un buen gobierno en el plano departamental y local?
Hace ya mucho tiempo que ha ido avanzando la idea que el famoso “manual” de un gobierno departamental basado en el denominado ABC (Alumbrado, Basura, Calles) ha quedado atrás y ha dejado de ser una buena fórmula para alcanzar un buen gobierno.
Hoy está más extendido el concepto de que el rol del gobierno departamental va mucho más allá de eso. Ya no alcanza con el ABC, que siempre es imprescindible, sino que un buen gobierno debe hacer mucho más que eso, debe planificar a mediano y largo plazo, debe cooperar y facilitar lo que esté a su alcance para que sus conciudadanos tengan trabajo y sobre todo para que las futuras generaciones tengan acceso a mejores condiciones de vida.
Dentro de esta labor se halla precisamente la planificación de la ciudad, el departamento o el poblado que sea en materia de desarrollo urbanístico.
Cuando no existe una planificación meticulosa, aparecen los denominados asentamientos, la planta urbana se va extendiendo desordenadamente y esto hace que la provisión de servicios a esa gente se vuelva mucho más onerosa y dificultosa de lo que podría haber sido si la urbe se extendiera a lugares previamente planificados.
Lamentablemente muchas veces estos asentamientos siguen apareciendo y en muchos casos son incentivados por algunos politiqueros que nunca aparecen, nunca dan la cara, porque obviamente han acordado con los que allí se instalan, prioritariamente sus propios seguidores políticos,  que es esa una condición ineludible. Para entendernos, se presta para el manoseo indigno.
Los gobiernos departamentales muchas veces suelen hacer la vista gorda, cuando no apañar directamente estas ocupaciones y a la larga terminan contribuyendo a la formación de los nuevos asentamientos, sobre todo si son terrenos municipales.
Lo malo de esto radica en:
1) El desorden con que se hace, que en ocasiones ha llevado incluso a alguna riña.
2) Lo injusto que se haga de un terreno donde levantar su casa el primero que llegue, muchas veces mandatado por alguien que luego comprará los derechos y terminará quedándose con el predio o incluso la finca levantada
3) Lo oneroso que termina siendo para todos los ciudadanos que solventan y proporcionan los fondos para que la comuna haga frente a su presupuesto.
Es bueno saberlo y tenerlo en cuenta a la hora de elegir gobernantes…
Alberto Rodríguez Díaz

Dentro de poco más de un mes los ciudadanos uruguayos que vivimos en Salto, iremos nuevamente a las urnas para elegir, en esta ocasión, intendente departamental y a los que les corresponde, los seis alcaldes municipales, además de los órganos legislativos departamentales y locales en cada caso.

La inminencia de esta instancia, es una buena ocasión para analizar qué es lo que pretendemos de un gobierno local. ¿A qué consideramos un buen gobierno en el plano departamental y local?

Hace ya mucho tiempo que ha ido avanzando la idea que el famoso “manual” de un gobierno departamental basado en el denominado ABC (Alumbrado, Basura, Calles) ha quedado atrás y ha dejado de ser una buena fórmula para alcanzar un buen gobierno.

Hoy está más extendido el concepto de que el rol del gobierno departamental va mucho más allá de eso. Ya no alcanza con el ABC, que siempre es imprescindible, sino que un buen gobierno debe hacer mucho más que eso, debe planificar a mediano y largo plazo, debe cooperar y facilitar lo que esté a su alcance para que sus conciudadanos tengan trabajo y sobre todo para que las futuras generaciones tengan acceso a mejores condiciones de vida.

Dentro de esta labor se halla precisamente la planificación de la ciudad, el departamento o el poblado que sea en materia de desarrollo urbanístico.

Cuando no existe una planificación meticulosa, aparecen los denominados asentamientos, la planta urbana se va extendiendo desordenadamente y esto hace que la provisión de servicios a esa gente se vuelva mucho más onerosa y dificultosa de lo que podría haber sido si la urbe se extendiera a lugares previamente planificados.

Lamentablemente muchas veces estos asentamientos siguen apareciendo y en muchos casos son incentivados por algunos politiqueros que nunca aparecen, nunca dan la cara, porque obviamente han acordado con los que allí se instalan, prioritariamente sus propios seguidores políticos,  que es esa una condición ineludible. Para entendernos, se presta para el manoseo indigno.

Los gobiernos departamentales muchas veces suelen hacer la vista gorda, cuando no apañar directamente estas ocupaciones y a la larga terminan contribuyendo a la formación de los nuevos asentamientos, sobre todo si son terrenos municipales.

Lo malo de esto radica en:

1) El desorden con que se hace, que en ocasiones ha llevado incluso a alguna riña.

2) Lo injusto que se haga de un terreno donde levantar su casa el primero que llegue, muchas veces mandatado por alguien que luego comprará los derechos y terminará quedándose con el predio o incluso la finca levantada

3) Lo oneroso que termina siendo para todos los ciudadanos que solventan y proporcionan los fondos para que la comuna haga frente a su presupuesto.

Es bueno saberlo y tenerlo en cuenta a la hora de elegir gobernantes…

Alberto Rodríguez Díaz







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