Una afrenta a la conciencia de todos los que condenamos el narcotráfico

El espeluznante crimen a que fue sometida María Elizabeth Macía, jefa de redacción del diario Primera Hora de Nuevo Laredo, constituye una afrenta al mundo civilizado en su totalidad.

La policía mexicana encontró su cuerpo decapitado. Fue atrozmente asesinada supuestamente, por denunciar a criminales en las redes sociales, según un mensaje atribuido a un grupo delictivo, informó una fuente oficial.

La Fiscalía general del estado de Tamaulipas, fronterizo con Estados Unidos, informó en un breve comunicado que el cuerpo sin vida de María Elizabeth Macías fue localizado ayer (por el sábado último)  en un barrio de Nuevo Laredo.

El cuerpo desmembrado fue hallado en el monumento a Cristóbal Colón, ubicado en las principales avenidas de esa ciudad fronteriza, con las piernas y el tronco arrojados en el césped, mientras que la cabeza fue colocada en un macetero y acompañada de un tablero de computadora, ratón, cables, audífonos y bocinas.

Según la fiscalía, en el mensaje se destacaba que Macías, que firmaba como «La nena de Laredo», utilizaba las redes sociales para hacer denuncias contra un grupo criminal.

El pasado 13 de septiembre, otros dos jóvenes fueron asesinados y colgados en un puente peatonal en esa ciudad del estado de Tamaulipas, presuntamente por utilizar las redes sociales en Internet para comentar situaciones de riesgo tras la lucha que sostiene el gobierno de México con el crimen organizado.

La heroicidad de estos mártires del periodismo no puede pasar desapercibida. Debe servir para exigir a las autoridades mexicanas que realmente vayan hasta el fondo de tema del narcotráfico.

Gente como estos tres jóvenes debe ser reconocida y reverenciada, porque es difícil llegar a atarle los cordones de los zapatos a la hora de asumir el compromiso periodístico.

Si alguna muerte tiene sentido, la que se paga por el precio del coraje y la valentía de pararse frente a la delincuencia es una de ellas.

El gobierno mexicano en primer lugar, pero también los gobiernos y los pueblos de todas las naciones del mundo tenemos el deber de sumarnos a quienes exigimos que estos crímenes aberrantes no queden impunes.

Rascar hasta los tuétanos para hallar a los culpables es la misión de México en primer lugar y de todas las naciones también.

Sin alguien cree que decapitando y descuartizando a María Elizabeth le ha dado muerte, se equivoca. Vivirá para siempre entre quienes entendemos que el periodismo no es sólo información, sino también compromiso con la verdad y la justicia.

¡Haya paz en tu tumba, heroica compañera!