Una alerta que no se debe desoir

Tiempo atrás la conferencia episcopal argentina hizo una alerta en referencia al trato que ve en la sociedad argentina hacia los drogodependientes.
Los obispos del vecinos país alertaban esencialmente dos cosas. En primer lugar que se nota una tendencia cada vez mayor a desentenderse del tema y por lo tanto los consumidores de drogas van siendo dejados al costado del camino y marginados. Nadie o casi nadie hace algo concreto por ellos.
El segundo punto consiste en algo que los obispos consideran aún más alarmante y es que cada vez más la sociedad ve a los consumidores de drogas como algo “casi  normal” y por lo tanto pasa al lado de ellos sin prestarles atención. Son considerados despojos, “parias” con poca diferencia de los residuos y deshechos que la sociedad acostumbra a descartar.
Esta es la situación real y concreta de nuestros días. Salto no escapa a ella y aunque en un grado aún incipiente, va en la misma dirección.
Mientras todos los partidos políticos se enfrascan en dirimir la mejor manera de refererirse al tema, tratando de captar voluntades, de alinear tras la posición a la  mayor cantidad de votantes posible. La situación real y concreta de las personas que están en esta situación es de desemparo y marginación.
Seguramente el porcentaje de las que se dedican a delinquir para satisfacer sus “necesidades” es bastante menor frente a los que resultan totalmente destruidos, aniquilados por la maldita droga. Sin embrago la mayoría de las veces las medidas que se pregonan para enfrentar el tema tienen que ver con represalias, con sanciones draconianas, por la crueldad de los delitos cometidos, sin detenerse a analizar que resultados podemos esperar de estas medidas.
La responsabilidad social es muy grande en estos casos y seguramente que nuestra conducta es muy diferente cuando el tema nos toca de cerca, que cuando “no es mi problema”, una frase que oimos con bastante frecuencia.
En realidad deberíamos de entender que este tema es de todos y cada uno de nosotros, porque tarde o temprano nos veremos afectados. Cuanto mas tiempo demoremos en tomar conciencia de ello, más difícil será le problema a enfrentar.
Hay hoy varias obras que están atendiendo o intentando prestar atención al menos el tema y las posibilidades de recuperación de estos adictos. Cierto es que en mayor medida depende de ellos mismos, de la posibilidad de que logren voluntad suficiente para encarar y superar el problema y difícilmente lo logren por si solos.
Esto pasa esencialmente por la motivación para vivir que les demos y por lo tanto nunca dejará de ser también un tema de todos.
¡No lo olvidemos!

Tiempo atrás la conferencia episcopal argentina hizo una alerta en referencia al trato que ve en la sociedad argentina hacia los drogodependientes.

Los obispos del vecinos país alertaban esencialmente dos cosas. En primer lugar que se nota una tendencia cada vez mayor a desentenderse del tema y por lo tanto los consumidores de drogas van siendo dejados al costado del camino y marginados. Nadie o casi nadie hace algo concreto por ellos.

El segundo punto consiste en algo que los obispos consideran aún más alarmante y es que cada vez más la sociedad ve a los consumidores de drogas como algo “casi  normal” y por lo tanto pasa al lado de ellos sin prestarles atención. Son considerados despojos, “parias” con poca diferencia de los residuos y deshechos que la sociedad acostumbra a descartar.

Esta es la situación real y concreta de nuestros días. Salto no escapa a ella y aunque en un grado aún incipiente, va en la misma dirección.

Mientras todos los partidos políticos se enfrascan en dirimir la mejor manera de refererirse al tema, tratando de captar voluntades, de alinear tras la posición a la  mayor cantidad de votantes posible. La situación real y concreta de las personas que están en esta situación es de desemparo y marginación.

Seguramente el porcentaje de las que se dedican a delinquir para satisfacer sus “necesidades” es bastante menor frente a los que resultan totalmente destruidos, aniquilados por la maldita droga. Sin embrago la mayoría de las veces las medidas que se pregonan para enfrentar el tema tienen que ver con represalias, con sanciones draconianas, por la crueldad de los delitos cometidos, sin detenerse a analizar que resultados podemos esperar de estas medidas.

La responsabilidad social es muy grande en estos casos y seguramente que nuestra conducta es muy diferente cuando el tema nos toca de cerca, que cuando “no es mi problema”, una frase que oimos con bastante frecuencia.

En realidad deberíamos de entender que este tema es de todos y cada uno de nosotros, porque tarde o temprano nos veremos afectados. Cuanto mas tiempo demoremos en tomar conciencia de ello, más difícil será le problema a enfrentar.

Hay hoy varias obras que están atendiendo o intentando prestar atención al menos el tema y las posibilidades de recuperación de estos adictos. Cierto es que en mayor medida depende de ellos mismos, de la posibilidad de que logren voluntad suficiente para encarar y superar el problema y difícilmente lo logren por si solos.

Esto pasa esencialmente por la motivación para vivir que les demos y por lo tanto nunca dejará de ser también un tema de todos.

¡No lo olvidemos!







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