Una buena intención, una mala propuesta

Tratar de que la población reduzca la cantidad de armas que posee – se estima que existe un millón de armas en poder de la ciudadanía – es una buena cosa. Ahora bien, el recientemente concretado propósito del Ministerio del Interior de ofrecer a cambio de la entrega de un arma, una computadora portátil “Ceibalita” o una bicicleta, nos parece como algo totalmente lírico. Realmente no creemos que los niños o adolescentes que uno supone son los receptores de las computadoras portátiles, tengan en su poder armas para canjearlas por una “Ceibalita” o una bicicleta.
En contrapartida, las personas mayores que hayan adquirido un arma de fuego, difícilmente acepten canjearla. Es que quien ha decidido tener un arma de fuego en su poder, no está pensando en el futuro de sus hijos o nietos, sino que está tratando de hallar la mejor forma de defenderse de un problema de inseguridad.
En todas partes del mundo se hacen esfuerzos para reducir el número de armas de fuego en manos de la población civil. Es una necesidad, porque además en muchos casos estas armas van a parar precisamente a manos de quienes las usan para delinquir.
Felizmente no ha pasado en nuestro país, pero también es cada vez más frecuente en otros lares, que gente desequilibrada utilice estas armas para matar a gente inocente y cuanto mayor número mejor.
Es que en un mundo absolutamente enfermo y desequilibrado, ala posesión de estas armas es de mucho mayor riesgo de lo que era hace apenas unas décadas atrás.
Hay muchos aspectos que indican que hoy la valoración de la vida es menor.
Hoy se ve como adolescentes y jóvenes arriesgan su vida alegremente apretando el acelerador de su moto “porque en esos segundos no va a pasar nadie…”, salvo claro está que alguien coincida allí al mismo tiempo en otra dirección y entonces las consecuencias son lamentables.
Hoy la atrocidad de levantar un arma de fuego contra niños inocentes en un colegio o contra estudiantes en una universidad, es cosa de todos los días y en todas partes.
Hoy se legaliza “alegremente” el aborto y se autoriza a matar al niño que viene y que obviamente no tiene ninguna chance siquiera de llorar.
Hoy, en este mundo donde lamentablemente vivir, morir o matar, para muchos es casi lo mismo, creer que alguien vaya a entregar un arma de fuego, para llevarse una computadora o una bicicleta, nos parece una utopía.
La cuestión pasa por otro lado y mientras no logremos cambiar el rumbo, difícilmente obtendremos mejores resultados.

Tratar de que la población reduzca la cantidad de armas que posee – se estima que existe un millón de armas en poder de la ciudadanía – es una buena cosa. Ahora bien, el recientemente concretado propósito del Ministerio del Interior de ofrecer a cambio de la entrega de un arma, una computadora portátil “Ceibalita” o una bicicleta, nos parece como algo totalmente lírico. Realmente no creemos que los niños o adolescentes que uno supone son los receptores de las computadoras portátiles, tengan en su poder armas para canjearlas por una “Ceibalita” o una bicicleta.

En contrapartida, las personas mayores que hayan adquirido un arma de fuego, difícilmente acepten canjearla. Es que quien ha decidido tener un arma de fuego en su poder, no está pensando en el futuro de sus hijos o nietos, sino que está tratando de hallar la mejor forma de defenderse de un problema de inseguridad.

En todas partes del mundo se hacen esfuerzos para reducir el número de armas de fuego en manos de la población civil. Es una necesidad, porque además en muchos casos estas armas van a parar precisamente a manos de quienes las usan para delinquir.

Felizmente no ha pasado en nuestro país, pero también es cada vez más frecuente en otros lares, que gente desequilibrada utilice estas armas para matar a gente inocente y cuanto mayor número mejor.

Es que en un mundo absolutamente enfermo y desequilibrado, ala posesión de estas armas es de mucho mayor riesgo de lo que era hace apenas unas décadas atrás.

Hay muchos aspectos que indican que hoy la valoración de la vida es menor.

Hoy se ve como adolescentes y jóvenes arriesgan su vida alegremente apretando el acelerador de su moto “porque en esos segundos no va a pasar nadie…”, salvo claro está que alguien coincida allí al mismo tiempo en otra dirección y entonces las consecuencias son lamentables.

Hoy la atrocidad de levantar un arma de fuego contra niños inocentes en un colegio o contra estudiantes en una universidad, es cosa de todos los días y en todas partes.

Hoy se legaliza “alegremente” el aborto y se autoriza a matar al niño que viene y que obviamente no tiene ninguna chance siquiera de llorar.

Hoy, en este mundo donde lamentablemente vivir, morir o matar, para muchos es casi lo mismo, creer que alguien vaya a entregar un arma de fuego, para llevarse una computadora o una bicicleta, nos parece una utopía.

La cuestión pasa por otro lado y mientras no logremos cambiar el rumbo, difícilmente obtendremos mejores resultados.







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