Una buena Señal

El acuerdo general en materia de bases para el sistema educativo firmado por los cuatro partidos políticos en materia de bases para la educación nacional es una muestra de madurez por parte de todos los firmantes.

En contrapartida, la Federación Nacional de Profesores (FENAPES), ha condenado lo que denomina el «pacto educativo», alcanzado por todos los partidos políticos, al tiempo que adelantó que habrá de aplicar medidas para profundizar el conflicto y enfrentar el mencionado pacto.

Es la triste realidad. Desde hace varios años a esta parte la educación pública en el Uruguay ha retrocedido notoriamente, aún cuando se han dado pasos para tratar de democratizar el acceso a la educación.

El plan Ceibal es una muestra cabal de ello. El acceso a una computadora portátil por parte de cada niño de escuela en el país, ya sea urbana o rural ha sido señalado como un ejemplo universal en este sentido.

Sin embargo, la calidad de la educación en el país ha seguido retrocediendo. Los docentes se quejan de aspectos salariales, de la imposibilidad de concentrarse en la labor pedagógica y de varios aspectos sociales de nuestros días, que indudablemente tienen incidencia, pero dudamos que sean factor determinante en esta materia.

En buena medida este deterioro educativo se debe a que precisamente vemos que la educación de una niñez bombardeada desde los medios de comunicación, con su omnipresencia en todos los hogares, se complica desde primera hora. Si a ello, se suma el desgano o poco interés al menos de los docentes por enfrentar esta situación con la firmeza que corresponde, inculcando los valores que realmente serán positivos para el desarrollo de la persona, seguiremos errándole a la cuestión desde el inicio.

El poder político ha dado muestras de una madurez encomiable. Dejar de lado las diferencias existentes y en alguna medida también pasar a segundo planos los legítimos intereses en la materia para trabajar en la base única de esta temática.

Debería de servir de enseñanza para todos los sectores involucrados, porque lamentablemente en este sentido, muchas veces vemos que los intereses sectoriales o corporativos se imponen sobre la legítima prioridad que debe ser siempre el derecho de nuestros niños a recibir una educación de calidad, interés éste que en los primeros años de la vida no pueden ni debe quedar a voluntad del niño, sino que se hace imprescindible establecer las bases que corresponden para ello.

Esperemos que finalmente prime la razón y se reconozca que por encima de cualquier otro derecho debe anteponerse el derecho de los niños.