Una decisión acertada

La decisión de un juez capitalino de remitir al Ejército Nacional a un rapiñero de 21 años, apresado junto a otros dos menores a poco de cometer una rapiña en Montevideo, ha salido de lo común.
Si nos quedáramos con los titulares al leer esta noticia, nos quedaríamos sin saber precisamente por qué la decisión del juez y en qué medida está legalmente avalada.
La explicación correspondiente fue conocida horas atrás por parte del vocero de la Suprema Corte de Justicia quien aportó detalles que no habían incluido los medios de comunición masiva.
En primer lugar, el rapiñero admitió el hecho y expresó que vive de changas, era un feriante pero no pudo continuar con dicha actividad y no podía pagar la pensión donde vivía.
Se trata además de una persona sin antecedentes penales y lo más importante que demostró interés en incorporarse al Ejército.
Estas entrelíneas “explican” los fundamentos de la medida.
A nuestro criterio, en estos casos la medida está correctamente aplicada y hay leyes que la avalan. Se trata – aparentemente – de una persona que delinque por necesidad, cosa que obviamente no justificamos, pero expresa interés en disciplinarse, educarse y cambiar de modo de vida.
En estos casos se impone al menos darle una oportunidad para concretar el cambio de vida que manifiesta interesarle. De él dependerá aprovechar esta oportunidad o no, pero nadie podría oponerse a dársela.
Lo que no puede es utilizarse el Ejército Nacional como un lugar de castigo, de reprimenda, sencillamente porque no debe ser visto así.
Los militares debidamente formados deben ser orgullo de la nación y poder ingresar al Ejército nacional, no debe ser un castigo, sino un premio, siempre y cuando sus máximos jerarcas entiendan el verdadero rol que les cabe, ser guardianes de lo que quería Artigas, que los más desposeídos sean los más privilegiados, formar gente con esta mentalidad y no transformar el Ejército y las demás fuerzas armadas en una cuna de delincuentes precisamente.
Los años oscuros de un Ejército nacional que no respetó los derechos de nadie, ni la vida misma, signado por la tortura y la muerte, deben quedar definitivamente atrás. Pero para ello es esencial que haya una orientación y un contro, adecuado para que los militares sean vistos por el pueblo como sus aliados, sus defensores y los defensores de sus derechos y no como quienes arbitrariamente son capaces de ignorar todas las leyes y los derechos de los demás, basados en el poder de las armas…
Al menos así lo veo.
Alberto Rodríguez