Una definición que no podemos menos que aplaudir

Cuando al flamante Canciller, Ernesto Talvi le “sugirieron” el nombre de hijo de un connotado líder de su partido para presidir la delegación uruguaya ante la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), se opuso tajantemente y explicó que mientras estuviera al frente de dicha cartera y por lo tanto las resoluciones requirieran su firma, no aceptaría otra forma de ingreso que no fuera por idoneidad.
Es más, explicó que muchos de los cargos de cancillería ya habían sido ocupados por funcionarios de carrera, algunos de los cuales ya venían de la etapa anterior, es decir cuando al frente el Palacio Santos estaba Nin Novoa.
Es una decisión que compartimos y aplaudimos, por la sencilla razón que es lo más justo. Para nosotros nada justo que premiar a alguien que ha invertido tiempo y esfuerzo para prepararse y capacitarse sin detenerse siquiera a pensar que vota o cuales son sus ideas, siempre y cuando mantenga la línea en relaciones Exteriores que fija el Canciller.
Talvi no ha descartado la posibilidad de que en algún cargo en especial sea designado un político y no un funcionario de carrera, pero explicó que no sería el criterio que emplearía. Más aún, para la embajada de Uruguay en Argentina propuesto al ex canciller nacionalista Sergio Abreu, hombre afín al ministro del Interior Jorge Larrañaga y el presidente de la República, Luis Lacalle Pou lo descartó.
En muchas ocasiones hemos criticado en estas columnas la politiquería que significa designar a un familiar o a un correligionario por el simple hecho de serlo, en detrimento de alguien preparado, capacitado para el cargo.
No podemos menos que felicitar y regocijarnos con esta determinación porque habla de una patria más justa para todos los uruguayos. En buena medida el amiguismo o cualquier otra medida de politiquería se acerca mucho al nepotismo y esto resulta imperdonable, no por los sujetos que pudieran beneficiarse con esta política, sino por miles y miles de uruguayos que quizás con los mismos o mayores méritos que los elegidos, son injustamente relegados.
Desde ya no adelantamos a aclarar que no somos votantes del canciller, ni nos convencen sus ideas, pero en esta ocasión nos ha sorprendido su decisión y creemos que no puede menos que aplaudirse y regocijarse con una buena medida.
A.R.D.