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Una entrega no siempre reconocida

Conversando con docentes y trabajadores sociales que se desempeñan en los denominados “contextos críticos” nos enteramos que en la capital, esa capital de la que sólo tenemos la imagen que nos traen los noticieros, es bastante frecuente que haya alumnos, o participantes de las obras sociales, que concurren armados con armas blancas o incluso armas de fuego.

Es una realidad que nos asusta, pero con la que lamentablemente tendremos que aprender a convivir. No porque aceptemos las armas, sino porque es una consecuencia del mundo de violencia en el que vivimos.
Hoy lamentablemente asistimos a un mundo en que se impone el poder, a través de la fuerza física (el más grandote suele ser el más “respetado”), de allí que hayan aparecido las armas como forma de “emparejar”, las posibilidades y es el más sangriento, el que tiene fama de ser más despiadado y sanguinario, el que se impone.
Es en este momento en que aparecen las armas, porque mientras no cambiemos las cosas, no se establezcan nuevas normas “no escritas” de convivencia, no habrá cambios en esta situación.
Hoy queremos destacar que hay personas que trabajan en este contexto, que se han formado para desempeñarse allí, a pesar de todo porque más allá de los riesgos y del temor que suponen estas tareas, hay una entrega desinteresada, una entrega que es capaz de cambiar las cosas.
Es un trabajo que debe valorarse. Sólo mediante su aporte, y su entrega generosa y valiente será posible rescatar y recuperar generaciones enteras.
En este sentido hay que tener muy claro que no es siendo simples espectadores o “asombrándonos” de las acciones extremas que ellos ponen en práctica que lograremos salir de la situación.
Quienes han dedicado su vida a tratar de recuperar y transformar a estos conciudadanos afirman que “las puntas se tocan”. Vale decir que tanto quienes se hallan en la extrema pobreza, viviendo de la basura y de lo que la gente tira, muestran “cero solidaridad”, porque allí rige la norma de “sálvese quien pueda” y por lo tanto si tengo que hacerlo a costa de quien está en la misma que yo, no lo pienso dos veces, lo hago.
Exactamente la misma norma que rige en quienes más bienes económicos tienen, el más rico se rige por la misma norma, con tal de obtener más o mejor, si tengo que pasar por sobre quien está en la misma que yo, no tendré ningún escrúpulo en hacerlo porque tampoco a este nivel existe solidaridad alguna.
Esta son las actitudes a cambiar y paradójicamente, resulta mucho más difícil hacerlo en el extremo de mayor riqueza.

A.R.D.