Una frontera permeable en alto grado

Que la frontera entre Salto y la entrerriana ciudad de Concordia, en Argentina, es una de las más fáciles de burlar no es un hecho nuevo. Una lancha a motor no lleva más de 5 minutos de unir una orilla con la otra y en el puente de la represa de Salto Grande es un paso sumamente permeable, si tenemos en cuenta que al mismo tiempo  tiene lugar toda la actividad que corresponde al funcionamiento de la represa de Salto Grande.
Pero además existen muchas posibilidades de burlar la denominada “frontera seca”, es decir el pasaje terrestre por la zona del puente de Salto Grande para ingresar en horas de la noche tanto a un país o el otro, resulta bastante sencillo.
Esto se explica en buena medida por el hecho de que nunca hubo demasiado interés en controles férreos entre ambas comunidades, pero lamentablemente la integración delictiva ha avanzado a pasos agigantados, mientras que los controles vecinales siguen desarrollándose a tranco lento y cansino de las comunidades locales, de décadas atrás donde fuera del denominado “contrabando hormiga” de los bolsos diarios, no se tenía otros riesgos.
Perder de vista esta situación significa desconocer la realidad local. Algunos de los principales involucrados en el caso de trata de personas han reconocido que lo hacen desde el 2010, vale decir tres años atrás y nunca habían tenido inconvenientes.
Decir que en el puente de Salto Grande los controles han sido sumamente permisivos no es decir nada nuevo precisamente.
Muchos salteños conocen casos de chiquilines, adolescentes en algunos casos que han pasado hacia Concordia o venido desde allí en el baúl de un coche o sencillamente como un pasajero más, sin inconvenientes de ninguna especie a pesar de no poseer la documentación correspondiente.
Mas aún, hasta hace poco tiempo atrás no había por parte de Uruguay control minucioso de las personas que pasaban el puente. Es decir no había representantes de la parte del Ministerio del Interior  a cargo específicamente del control de las personas. Esto es, al tanto de las personas requeridas y de los pedidos de captura de delincuentes tanto de nuestro país, como de solicitudes de organismo de seguridad extranjeros.
Esta tarea que hoy la tecnología ha facilitado enormemente, no se cumplía en forma eficiente, con la actualización que corresponde en los pasos fronterizos, porque las trabas burocráticas y en especial las diplomáticas, habían logrado trabar durante mucho tiempo la puesta en funcionamiento de un sistema informatizado como corresponde y a cargo de quién corresponde.
Ignoramos si en la actualidad este control existe, aunque nos gustaría conocer sus detalles minuciosamente, para tener idea de si pueden ser eficientes o no.
Mientras no sea así, nada sorprende en materia de tráfico fronterizo.

Que la frontera entre Salto y la entrerriana ciudad de Concordia, en Argentina, es una de las más fáciles de burlar no es un hecho nuevo. Una lancha a motor no lleva más de 5 minutos de unir una orilla con la otra y en el puente de la represa de Salto Grande es un paso sumamente permeable, si tenemos en cuenta que al mismo tiempo  tiene lugar toda la actividad que corresponde al funcionamiento de la represa de Salto Grande.

Pero además existen muchas posibilidades de burlar la denominada “frontera seca”, es decir el pasaje terrestre por la zona del puente de Salto Grande para ingresar en horas de la noche tanto a un país o el otro, resulta bastante sencillo.

Esto se explica en buena medida por el hecho de que nunca hubo demasiado interés en controles férreos entre ambas comunidades, pero lamentablemente la integración delictiva ha avanzado a pasos agigantados, mientras que los controles vecinales siguen desarrollándose a tranco lento y cansino de las comunidades locales, de décadas atrás donde fuera del denominado “contrabando hormiga” de los bolsos diarios, no se tenía otros riesgos.

Perder de vista esta situación significa desconocer la realidad local. Algunos de los principales involucrados en el caso de trata de personas han reconocido que lo hacen desde el 2010, vale decir tres años atrás y nunca habían tenido inconvenientes.

Decir que en el puente de Salto Grande los controles han sido sumamente permisivos no es decir nada nuevo precisamente.

Muchos salteños conocen casos de chiquilines, adolescentes en algunos casos que han pasado hacia Concordia o venido desde allí en el baúl de un coche o sencillamente como un pasajero más, sin inconvenientes de ninguna especie a pesar de no poseer la documentación correspondiente.

Mas aún, hasta hace poco tiempo atrás no había por parte de Uruguay control minucioso de las personas que pasaban el puente. Es decir no había representantes de la parte del Ministerio del Interior  a cargo específicamente del control de las personas. Esto es, al tanto de las personas requeridas y de los pedidos de captura de delincuentes tanto de nuestro país, como de solicitudes de organismo de seguridad extranjeros.

Esta tarea que hoy la tecnología ha facilitado enormemente, no se cumplía en forma eficiente, con la actualización que corresponde en los pasos fronterizos, porque las trabas burocráticas y en especial las diplomáticas, habían logrado trabar durante mucho tiempo la puesta en funcionamiento de un sistema informatizado como corresponde y a cargo de quién corresponde.

Ignoramos si en la actualidad este control existe, aunque nos gustaría conocer sus detalles minuciosamente, para tener idea de si pueden ser eficientes o no.

Mientras no sea así, nada sorprende en materia de tráfico fronterizo.