Una hora histórica

El Uruguay de nuestros días es único, en materia de la situación que muestra el sistema democrático. Dividido casi exactamente a la mitad en materia de afinidades ideológicas.
Es quizás la situación ideal si pensamos en cual sería la más aconsejable a la hora de determinar la necesidad de acuerdos, de diálogo, de convenir las grandes líneas de acción de quienes conducen el país y no de imponer por la fuerza.
En esta situación, la más leve reprobación puede llevar a que la mayoría de los ciudadanos esté en contra de esas decisiones. Más allá de quien resulte ganador de la presidencia, esta situación no cambiará y constituye la mejor garantía de alejamiento de los totalitarismos, de las imposiciones antojadizas.
Es la hora de entender que por encima de las posiciones que pueden convenir a una u otra parte, que entienda importante para los intereses del país, una fuerza política, así cuente con mayoría parlamentaria, la hora impone el diálogo, la búsqueda de entendimientos.
Quien o quienes no lo hayan entendido así corren el riesgo de pagar un precio muy alto en un futuro cercano.
Es que hoy la mayor parte del pueblo reclama derechos que en otros tiempos se relegaban, no se conocían debidamente o sencillamente no había forma de reclamarlos.
Nos referimos, por ejemplo, al derecho de acceso a los empleos públicos. No al amiguismo, no a los ingresos por parentesco, no a los “privilegiados” que tenían conocimiento de todas las posibilidades y necesitaban “un padrino” para poder ingresar, obviamente por la puerta del fondo.
Y ojo, que sabemos que en alguna medida esta práctica todavía tiene algunos cultores, aunque felizmente son los menos, pero también es necesario denunciarlos públicamente y erradicarlos.
Quien no lo haga los cobija y por lo tanto, no tiene derecho a protestar.
Esto es sólo un botón de muestra de justicia social, pero habla sobre la conducción de un país.
Sea quien sea quien resulte ganador de la conducción del gobierno el mes próximo deberá tener muy en cuenta estos aspectos. El Estado no es un club político, ni es la empresa de nadie en particular, sino de todos. Hoy es imprescindible que las cosas se hagan con transparencia.
Hay gente, en todos los partidos políticos que todavía no lo ha entendido así.