Una lección imperdible

La celebración del primer Día del Patrimonio de este año, tuvo como epicentro, elegido por la Asociación de Amigos del Patrimonio, el viejo liceo IPOLL, del edificio de Brasil y Osimani y Llerena, sin duda el emblema por excelencia de la educación en nuestra ciudad.
Varios profesores, octogenarios algunos de ellos, se reencontraron con sus alumnos, la enorme mayoría de ellos también peinando canas, porque precisamente no están muy lejos de la edad de sus profesores.
Vimos entre los “alumnos” a varios profesionales, a mucha gente destacada y otra que no ha alcanzado la misma trascendencia, pero todos, todos, tanto alumnos como docentes han dejado una huella en esta comunidad, una huella de honestidad, de valores en la vida que seguramente es la lección más grande e importante que pudieran dejar.
Más allá de lo emotivo, de los abrazos llenos de contenido, de fraternidad y de enriquecimiento humano por el reencuentro en algunos casos después de tantos años, queda la invalorable lección de coherencia.
Pero además es bueno y aleccionador para una comunidad reencontrarse con sus raíces, sabiendo que todas esas generaciones no son más que un jalón en nuestra historia educativa que comenzó incluso mucho más atrás en el tiempo, gracias a la visión de otros pioneros, signados por la misma impronta.
Pero reencontrarse con las personas que han marcado un camino de bien, de honestidad, de responsabilidad y de tantos otros valores que impregnaron las décadas pasadas, siempre es bueno.
No nos contamos entre quienes sostienen que “toda época pasada ha sido mejor”, porque entendemos que todas tienen sus ventajas y desventajas, sus beneficios y dificultades, también la gente que ha vivido y vive en estas épocas tienen virtudes y defectos, pero seguramente que las personas mayores saben que a nivel de convivencia y de honestidad, no hay comparación posible. Las épocas pasadas han sido mejores.
Las decadas anteriores fueron más pacíficas y con más valores sociales.
Por eso la clase que nos ofrecieron docentes y alumnos en este caso, ha sido imperdible, escrita con la vida de cada uno y con la mayor coherencia, porque han llevado a la práctica los valores que nos pregonaron.
A todos ellos: nuestro más sentido agradecimiento, que seguramente es el mismo que sienten todos los salteños que han pasado por sus aulas, tanto del liceo diurno, como del nocturno que también funcionó allí.