Una Navidad sin olvidos ni olvidados

En un tramo de su mensaje “Urbi et Orbi “ (la ciudad y el mundo), pronunciado con motivo de la Navidad, el Papa Francisco en su mensaje de la segunda Navidad de su pontificado, mencionó a “los niños víctimas de la violencia, objeto de tráfico ilícito y trata de personas, o forzados a convertirse en soldados, y a los niños abusados”.
También pidió la intercesión del “Niño Jesús para los niños asesinados y maltratados antes de ver la luz, privados del amor de sus padres y excluidos por una cultura que no ama la vida”.
Con voz triste, el papa también pensó en los niños que viven desplazados, que vienen abusados y que mueren bajo los bombardeos ante “nuestros propios ojos y nuestro silencio cómplice”.
“Su silencio impotente grita ante la espada de los Herodes. De los actuales Herodes”,agregó.
Y pidió que Jesús “consuele a las familias de los niños muertos en Pakistán la semana pasada” y que sea cercano “a los que sufren por enfermedad, en particular a las víctimas de la epidemia de Ébola, especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea”.
Sobre este asunto, renovó su llamamiento “a que se garantice la atención y el tratamiento necesario”.
La voz del Papa se levanta por encima de los poderosos, de las naciones que no tienen otra ley que la de la violencia utilizada en favor de sus propios intereses.
La vida sobre todo de los niños y de todos los seres indefensos, clama justicia. Es  un grito de permanente reclamo a todos  porque no sólo es una insensatez, sino un crimen aberrante intolerable.
No hay argumento alguno que pueda justificar tamaña insanía.
El festejo de la Navidad, no puede hacernos olvidar el reclamo de paz y justicia y como expuso el Papa Pablo VI, hace de esto ya más de 40 años, “si quieres la paz trabaja por la justicia”.
Quien desconozca la vigencia de esta máxima no merece llamarse defensor de la vida.
Mientras haya asesinatos a mansalva en el mundo, en una humanidad que se dice defensora de los derechos humanos, pero no es capaz de evitar los asesinatos de niños, los destierros en masa y otras acciones similares,   es poco lo que tendremos para recibir el nacimiento del niño Jesús.
Una Navidad sin olvidos, ni olvidados, más centrada en el camino que resta, que en el que hemos recorrido, para sentirnos dignos de disfrutar la vida que tenemos es lo más auténtico y seguramente vendrán otras navidades y es necesario aproximarnos a lo único que nos permitirá disfrutar del verdadero espíritu navideño.

En un tramo de su mensaje “Urbi et Orbi “ (la ciudad y el mundo), pronunciado con motivo de la Navidad, el Papa Francisco en su mensaje de la segunda Navidad de su pontificado, mencionó a “los niños víctimas de la violencia, objeto de tráfico ilícito y trata de personas, o forzados a convertirse en soldados, y a los niños abusados”.

También pidió la intercesión del “Niño Jesús para los niños asesinados y maltratados antes de ver la luz, privados del amor de sus padres y excluidos por una cultura que no ama la vida”.

Con voz triste, el papa también pensó en los niños que viven desplazados, que vienen abusados y que mueren bajo los bombardeos ante “nuestros propios ojos y nuestro silencio cómplice”.

“Su silencio impotente grita ante la espada de los Herodes. De los actuales Herodes”,agregó.

Y pidió que Jesús “consuele a las familias de los niños muertos en Pakistán la semana pasada” y que sea cercano “a los que sufren por enfermedad, en particular a las víctimas de la epidemia de Ébola, especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea”.

Sobre este asunto, renovó su llamamiento “a que se garantice la atención y el tratamiento necesario”.

La voz del Papa se levanta por encima de los poderosos, de las naciones que no tienen otra ley que la de la violencia utilizada en favor de sus propios intereses.

La vida sobre todo de los niños y de todos los seres indefensos, clama justicia. Es  un grito de permanente reclamo a todos  porque no sólo es una insensatez, sino un crimen aberrante intolerable.

No hay argumento alguno que pueda justificar tamaña insanía.

El festejo de la Navidad, no puede hacernos olvidar el reclamo de paz y justicia y como expuso el Papa Pablo VI, hace de esto ya más de 40 años, “si quieres la paz trabaja por la justicia”.

Quien desconozca la vigencia de esta máxima no merece llamarse defensor de la vida.

Mientras haya asesinatos a mansalva en el mundo, en una humanidad que se dice defensora de los derechos humanos, pero no es capaz de evitar los asesinatos de niños, los destierros en masa y otras acciones similares,   es poco lo que tendremos para recibir el nacimiento del niño Jesús.

Una Navidad sin olvidos, ni olvidados, más centrada en el camino que resta, que en el que hemos recorrido, para sentirnos dignos de disfrutar la vida que tenemos es lo más auténtico y seguramente vendrán otras navidades y es necesario aproximarnos a lo único que nos permitirá disfrutar del verdadero espíritu navideño.







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