Una oportunidad a los jóvenes

Uruguay es un país de viejos y eso lo sabemos todos. Las estadísticas indican que no sólo hace muchos años que somos la misma cantidad de pobladores, un poco más de 3 millones de personas, sino que lo más preocupante es que tenemos una población envejecida, con todo lo que esto supone.
Los planes de seguridad social se ven cada vez más complicados, porque no sólo los uruguayos vivimos más en promedio, sino que a la vez los jóvenes que trabajan son menos y el trabajo en sí se ha complicado. Unido a esto también se debe analizar el hecho de que muchos de los jóvenes más valiosos laboralmente hablando, vale decir, aquellos que han completado una carrera universitaria o estudiado un oficio hoy optan por irse a buscar otros rumbos, atraídos por mejores condiciones económicas.
Uruguay está urgido de analizar estos aspectos, porque indudablemente es un tema que se va agravando con el correr de los años y cada vez cuesta más a todos.
Unidos a estos temas específicos de los jóvenes hoy insertos en una era en la que se les exhorta a “hacer la suya” y esto significa trabajar algunos meses, reunir algún dinerillo y luego abandonar el trabajo también hay que tenerlo en cuenta.
Significa también dejar los estudios, dejar la preparación para dedicarse al “placer”, esto es al ocio, a vagar y deambular sin responsabilidades o en trabajos pésimamente remunerados o que no les dejan más que “la diaria” para subsistir en el “mercado informal”.
Es así que el panorama es complejo. Si estos jóvenes no trabajan no habrán de aportar tampoco para el sistema de seguridad social. Las máquinas no aportan y en este panorama todo aquel que puede sustituir una persona por una máquina lo hace sin miramientos.
Es hora entonces de proteger a los jóvenes, desde la escuela diríamos, donde los planes educativos deben desterrar por completo la premisa nacional e internacional del “hacé la tuya”.
Una comunidad sólo puede sostenerse y crecer cuando está signada por la solidaridad generacional, cuando los jóvenes saben que tienen que trabajar, entre otras cosas para sostener un sistema de seguridad social al que tarde o temprano tendrán que ingresar ellos también.
Es hora también de que el Estado evalúe e incentive los planes destinados a promover el trabajo juvenil y conste que conocemos la ley que promueve el trabajo juvenil y beneficia a las empresas que se acogen a ella, pero lo que vemos es que no basta con esta ley, porque siguen subsistiendo problemas de salud, de vivienda y demás que hacen que sean los jóvenes el sector de población que más dificultades tiene a la hora de conseguir empleo.
Si nada se hace hoy, lo lamentaremos mañana.
A.R.D.







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