Una realidad vergonzante

Los abusos sexuales contra niñas, niños y adolescentes se incrementan año a año en nuestro país. Este año se afirma que será cerca de 600 los casos de abuso sexual denunciados en el país, sin ignorar que aún hay muchos casos que no se denuncian, ya sea por vergüenza, por cortedad o porque sencillamente prefieren ocultar su realidad..
Y no sólo se trata del abuso sexual, sino del maltrato físico, el maltrato psicológico y demás. Como en muchas situaciones más, la aparición de Internet ha venido a facilitar el tráfico sexual, porque muchas veces los adultos se hacen pasar por adolescentes de edad muy cercana a los menores y la ingenuidad propia de los adolescentes les hace caer fácilmente en en la trampa.
Una de las situaciones de mayor riesgo para el comercio de niñas, niños y adolescentes, es la época de turismo. Es que es una situación en la que el proxeneta o el explotador, cree que está más allá de la ley.
Lamentablemente estamos seguros que hay en el plano local muchos cómplices de estas situaciones, por transportistas rentados y otros trabajadores que tienen contacto directo con el turismo, “consiguen” a las chicas.
Las grandes obras e incluso el turismo regional es una de las situaciones más complejas, de las que generan los abusos sexuales.
El trasfondo de esta situación es el concepto que tengamos de las demás personas. Uno de los argumentos más manejados por los explotadores es “no sabía que edad tenía”.
Es un argumento absurdo, porque la edad de la persona que “se compra” es responsabilidad de quien le paga.
Nadie puede ignorar esto. Respetar y ayudar a los menores de edad es la forma de enseñarles a su vez a respetar y lo que es más importante aún, enseñarles a amar de verdad, más allá de todo el placer que puede inculcarse a las personas adultas a través del sexo.
0800 5050 es el número telefónico gratuito dispuesto para recibir todas las denuncias en forma anónima y debe ser difundido mucho más intensamente por puede ser el arma más adecuada para proteger a estos jóvenes.
Cuando se argumenta “ella necesita y yo la ayudo”. Es una hipocresía total. Lo que mueve a los explotadores es un deseo sexual y muy alejado del deseo de ayudar a esas niñas. Si realmente hubiera deseo de contribuir y ayudar a esas niñas, tendríamos que hacer aportes en forma diferente.