Una situación que a nadie beneficia

Aunque de ambas partes se considera que el enfrentamiento entre el campo y la ciudad es una falacia, la realidad indica otra cosa.
La Capital del país que alberga a la mitad de la población uruguaya consume casi toda la producción hortifrutícola que el país produce.
Consume también la mayor parte de la producción de carne del consumo interno, pero en realidad tiene el concepto de que la gente del interior es una llorona, que siempre está protestando, pero se mueve en coches lujosos.
A su vez la gente del interior se queja que la Capital y todo lo que de ella depende en materia de producción y venta no le da importancia alguna al campo. Esto, con sus pormenores en alguna medida es así, en cuanto cada vez que algún productor necesita un trámite o una diligencia en la Capital las gestiones son lentas, engorrosas y complejas, sobre todo para quien va por el día a Montevideo.
Estos preconceptos son los que tienen que superar las partes que hoy de alguna manera aparecen como enfrentadas.
Acá lo que importa es la situación real y concreta y no creemos que ninguna de las dos partes tenga toda la verdad absoluta y se mueva sin intereses atrás.
La situación que plantean los productores de diferentes rubros, aunque Uruguay como país exportador de los principales rubros depende mucho del exterior, tiene asidero y aún cuando haya alguna exageración, sus argumentos merecen ser atendidos. No compartimos aquello de que todo lo que se ganó en los años de bonanza, en que el país produjo bien y vendió mejor, fue despilfarrado. Es probable que se hayan hecho malos negocios, PLUNA, ANCAP entre ellos, pero ya nadie habla de “corrupción”, porque es innegable que nadie se llevó el dinero para sus bolsillos.
Tampoco ayudan en la actual situación las afirmaciones que estos movimientos ruralistas responden a intereses políticos. Es probable que entre los manifestantes haya dirigentes de segunda línea del Partido Nacional y de otros, pero es casi lógico que los haya, dado que en el campo la mayoría de los empresarios integran este partido.
Por eso entendemos que echar leña al fuego, tratando de acentuar una brecha que es innegable entre el campo y la ciudad (Capital) no ayuda.
El movimiento de indignados tiene sus razones, pocas o muchas, pero válidas y el gobierno nacional tiene una gran responsabilidad de contribuir al diálogo y si bien no puede ni debe dejarse llevar con el poncho, debe buscar desactivar este movimiento porque a nadie beneficia.
A.R.D.







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