Una verdadera estupidez

Hay mucha gente que -por lo general en forma anónima –suele cuestionar en forma ligera y superficial lo que hacen los medios de comunicación masiva, y conste que somos de los que entendemos que todo es perfeccionable y por lo tanto no nos molestan las críticas cuando están bien argumentadas y por lo tanto lo que argumentan tiene solidez y racionalidad, pero no cuando se recurre a argumentos totalmente rebuscados y facilongos.
Con motivo del reciente asesinato de una persona en Carrasco, Montevideo, uno de estos comentarios que no dudamos en calificar de estúpidos, ha sostenido “Uds. le dan mucha prensa y hacen alharaca porque el muerto era de Carrasco, de la gente pudiente que allí vive rodeada de un alto nivel de confort…”.
Aunque no estaba dirigido a nosotros, igualmente nos sentimos comprendidos en las generales de la ley, por eso entendemos necesario fijar posición. Nada más alejado de la realidad con que se manejan los medios en general. En primer lugar porque para nosotros al menos no hay dos tipos de personas, lo externo a ellas puede diferenciarlas (pueden ser ricos o pobres), pero nunca jamás frente a la ley, ni frente al concepto de los medios de comunicación masiva.
Honestamente, creemos que la mayoría de los medios al menos no hacen diferencias en este sentido porque comparten el mismo concepto.
Para nosotros hay sólo dos tipos de personas en estos casos: la víctima, sea quién sea y tenga o no dinero, poder o influencias y los criminales, que sea en las circunstancias que sean, han sido capaces de asesinar y por lo tanto no pueden ser considerados de una manera diferente: son delincuentes asesinos.
Si bien entendemos que es necesario darle una oportunidad a toda aquella persona que demuestra tener ganas de cambiar de actitud, de reparar en lo que fuera posible el daño causado a la comunidad y de constituirse en una persona de bien para la comunidad, nunca estaremos de acuerdo con el actual sistema que es capaz de rebajar sustancialmente las penas incluso a los criminales más crueles si estudian o trabajan y cumplen un porcentaje de estas penas. Las cárceles no son hoteles de lujo, como quieren algunos.
Tampoco estaremos de acuerdo, por ejemplo, con llevar a los grandes medios masivos a gentes (sicarios arrepentidos por ejemplo), autores de cientos de crímenes a veces y sospechados de otro tanto, para ponerles como “informantes” calificados.
Sabemos que nuestra posición es rechazada por mucha gente, pero para nosotros, los asesinos y criminales deben pagar íntegramente su culpa por cada crimen.
Las excepciones deben ser sólo para primarios o autores de delitos menores, nunca para los asesinos.
Alberto Rodríguez Díaz







Recepción de Avisos Clasificados