Unión de voluntades

En el mundo una de cada ocho personas sufren hambre, los niños y los ancianos son los más vulnerables a esta realidad.
Mientras a millones de personas les falta alimento, un tercio de lo producido nunca llega a consumirse, lo que no se consume, se tira, nadie lo aprovecha.
Mil trescientos millones de toneladas de comida es lo que que se desperdicia al año, alimentos suficientes para alimentar a los ochocientos setenta millones de personas que sufren el hambre cada día.
¿Qué razón o razones puede haber para que esto suceda?
En primer lugar la desigualdad que reina en el mundo, los países más ricos son los que más desperdicios acumulan.
¿Es una cuestión de dinero?, seguramente que sí pero también es una cuestión de poder, de conciencia.
Según representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), son datos que impresionan, porque debería ser resuelto de alguna manera este sobrante pero también porque no solo perjudica a millones de personas que no tienen alimentos suficientes sino que la manera de eliminarlos es perjudicial para el medio ambiente.
En nuestro país existe una organización llamada Red de Alimentos Compartidos (Redalco) formada por un grupo de voluntarios que seleccionan frutas y verduras del Mercado Central que no son puestas a la venta o son quitadas de los puestos, por su color, forma, por estar machucada.
Este grupo selecciona las que están aptas para el consumo y las distribuyen en diferentes instituciones sociales.
Para concretar el proyecto fue necesario un grupo de jóvenes preocupados por la realidad de miles de personas que no accedían a una dieta carente de frutas y verduras y el apoyo del Mercado Central.
Conclusión: unión de voluntades, nada más, ni nada menos.







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