Urge que sean aclarados

Hace más de dos años que en estas columnas alertábamos de la aparición de los primeros casos de “motochorros”, con sus arrebatos, primero como simples rateros y luego como crueles rapiñeros armados.
Como suele suceder – decíamos a mediados del año 2012 – en estos momentos nos está llegando una modalidad delictiva que se veía venir. Las tropelías de los denominados “motochorros”, como les llaman en Argentina donde hace bastante tiempo que las sufren. Cada vez más audaces y cada vez más frecuentemente.
Se trata de motonetistas que aprovechando el hecho de que el casco no permite individualizarlos con facilidad, cometen sus fechorías, sobre todo contra personas indefensas.
No hay nada nuevo en esto. Las acciones delictivas que suceden en otros lados, tarde o temprano llegan también aquí. Lo preocupante de esto es que vemos a diario como un alto número de motos sin matrícula o con esta escondida y hasta sin luces circulan sin ningún tipo de fiscalización.
En algún momento se nos ha dicho por parte de quienes tienen la misión de controlar y fiscalizar este tipo de acciones, “no podemos perseguirlos, porque si se lastiman tenemos graves problemas y se nos acusa a nosotros…”
Creemos que no debe ser así, porque en estos casos, lo que se está haciendo es precisamente dándoles campo fértil a estos delincuentes para sus fechorías.
Lo mismo sucede cuando se compra cosas de dudosa procedencia, la mayoría de las veces robadas.
Muchas veces escuchamos que se argumenta, «me lo ofreció barato, dijo que estaba necesitando un remedio»…pero no nos engañemos, sabiendo de quién o quiénes provienen o sencillamente desconociendo al vendedor, sabemos que tiene una alta posibilidad de ser mal habida.
En estos casos hay dos cosas a saber y asumir con mucha claridad. En primer lugar, no hay excusa alguna para evitar los controles de propiedad de las motos. Si se los hiciera como corresponde seguramente que sería una buena forma de dar con muchas de las motos que a diario se roban en la ciudad o con sus partes al menos.
En segundo término, quien compra alguna cosa “de ocasión” por un valor muy  inferior a su precio de mercado, está transformándose en cómplice de los delincuentes.
Sin mercado no proliferaría el delito, dado que la mayoría de los bienes que se roban van a parar a manos de compradores inescrupulosos, que luego los revenden otra vez, también en condiciones irregulares.
Algunas personas creen que sirviéndose de este sistema “no hacen nada malo”, pero no es así. En primer lugar, están siendo cómplices, pero además están alimentando un sistema delictivo que en cualquier momento se puede volver contra ellos mismos.
La experiencia indica que muchas veces quien compra algo robado queda en alguna medida a merced del vendedor, que lo puede acusar o incluso se lo puede robar nuevamente, sabiendo que la procedencia del bien no es correcta y por lo tanto no habrá denuncia.
Lamentablemente la alerta difundida casi tres años atrás no sirvió de mucho, hoy los motochorros pululan y además nos está llegando otra modalidad, más grave aún, como el caso de los denominados “ajustes de cuentas” y la acción de los sicarios, pagados para matar.
¿También llegarán a ser cosas cotidianas?
Hace más de dos años que en estas columnas alertábamos de la aparición de los primeros casos de “motochorros”, con sus arrebatos, primero como simples rateros y luego como crueles rapiñeros armados.
Como suele suceder – decíamos a mediados del año 2012 – en estos momentos nos está llegando una modalidad delictiva que se veía venir. Las tropelías de los denominados “motochorros”, como les llaman en Argentina donde hace bastante tiempo que las sufren. Cada vez más audaces y cada vez más frecuentemente.
Se trata de motonetistas que aprovechando el hecho de que el casco no permite individualizarlos con facilidad, cometen sus fechorías, sobre todo contra personas indefensas.
No hay nada nuevo en esto. Las acciones delictivas que suceden en otros lados, tarde o temprano llegan también aquí. Lo preocupante de esto es que vemos a diario como un alto número de motos sin matrícula o con esta escondida y hasta sin luces circulan sin ningún tipo de fiscalización.
En algún momento se nos ha dicho por parte de quienes tienen la misión de controlar y fiscalizar este tipo de acciones, “no podemos perseguirlos, porque si se lastiman tenemos graves problemas y se nos acusa a nosotros…”
Creemos que no debe ser así, porque en estos casos, lo que se está haciendo es precisamente dándoles campo fértil a estos delincuentes para sus fechorías.
Lo mismo sucede cuando se compra cosas de dudosa procedencia, la mayoría de las veces robadas.
Muchas veces escuchamos que se argumenta, «me lo ofreció barato, dijo que estaba necesitando un remedio»…pero no nos engañemos, sabiendo de quién o quiénes provienen o sencillamente desconociendo al vendedor, sabemos que tiene una alta posibilidad de ser mal habida.
En estos casos hay dos cosas a saber y asumir con mucha claridad. En primer lugar, no hay excusa alguna para evitar los controles de propiedad de las motos. Si se los hiciera como corresponde seguramente que sería una buena forma de dar con muchas de las motos que a diario se roban en la ciudad o con sus partes al menos.
En segundo término, quien compra alguna cosa “de ocasión” por un valor muy  inferior a su precio de mercado, está transformándose en cómplice de los delincuentes.
Sin mercado no proliferaría el delito, dado que la mayoría de los bienes que se roban van a parar a manos de compradores inescrupulosos, que luego los revenden otra vez, también en condiciones irregulares.
Algunas personas creen que sirviéndose de este sistema “no hacen nada malo”, pero no es así. En primer lugar, están siendo cómplices, pero además están alimentando un sistema delictivo que en cualquier momento se puede volver contra ellos mismos.
La experiencia indica que muchas veces quien compra algo robado queda en alguna medida a merced del vendedor, que lo puede acusar o incluso se lo puede robar nuevamente, sabiendo que la procedencia del bien no es correcta y por lo tanto no habrá denuncia.
Lamentablemente la alerta difundida casi tres años atrás no sirvió de mucho, hoy los motochorros pululan y además nos está llegando otra modalidad, más grave aún, como el caso de los denominados “ajustes de cuentas” y la acción de los sicarios, pagados para matar.
¿También llegarán a ser cosas cotidianas?