Uruguay es un país caro para el que trabaja

La discusión sobre los aumentos al Impuesto a las Retribuciones Personales Físicas (IRPF), que pretenden el gobierno nacional es mucha y muy amplias.
Existe casi unanimidad en considerar que es inadecuado pretender cobrar este impuesto desde los 33.450 pesos (la franja más baja), debido a que los costos fijos que tiene una familia tipo determina que esto es casi una media canasta familiar.
Uruguay es reconocido como uno de los países más caros del mundo, en cuanto a alimentación, pero esta comparación debe hacerse en todos los sentidos. Al poner en la balanza sólo la alimentación de un país productor de alimentos, sobre todo carne y lácteos, los dos productos más caros en todo el mundo, seguramente que aparecemos como un país tremendamente caro.
Si en cambio incorporamos a la comparación el hecho de que la salud es relativamente accesible, a un costo promedio de 100 dólares por persona, si tenemos en cuenta que la educación incluso terciaria es gratuita, probablemente la ubicación del país mejore notoriamente.
El Estado no produce riquezas y por lo tanto, necesariamente debe financiarse a través de los impuestos que cobra, el tema está en saber determinar con precisión cuál es el límite razonable de lo que puede pagar un ciudadano para ser solidario con sus conciudadanos y a su vez tener lo suficiente para llevar un nivel de vida digno.
Esta discusión es eterna. Difícilmente nos pongamos de acuerdo, porque siempre está impregnada además de intereses políticos, que ven el tema desde su conveniencia.
Hay países donde la carga impositiva es incluso más alta que en el Uruguay de nuestros días, pero también, para saber si la vida resulta más conveniente o no, mejor o peor que en el Uruguay hay que saber qué beneficios supone el pago de tan altos impuestos.
En suma, aquí hay dos cuestiones básicas. La primera de ella es saber en qué medida la carga impositiva que se pretende está ajustada y tiene en cuenta las retribuciones que reciben los uruguayos y luego tan o más importante que esto es determinar qué hace el Estado con lo que recauda.
¿Si la plata se usa para ayudar a quienes lo están necesitando en estos momentos en que atraviesan situaciones difíciles o se lo utiliza para un asistencialismo inconducente, que sólo motiva la existencia de verdaderos zánganos?
Con estas líneas no pretendemos fijar una posición sobre el tema de fondo, sino sencillamente aportar elementos para una discusión sana y sensata que nos permita hallar la mejor fórmula para todos y sobre todo para el país que queremos.







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