Uruguayos en su lugar

Las distinciones que acaba de obtener Jorge Drexler en la música latinoamericana, distinciones que continúan a las obtenidas en años anteriores, nos reafirman en un axioma: salvo contadas excepciones los uruguayos que han triunfado en el mundo son aquellos que han emigrado, sobre todo a la Argentina o Europa.

Esto nos reafirma en nuestra convicción de que Uruguay debe ceñirse estrictamente a sus posibilidades. Somos un “paisito” con sus valores y sus antivalores, con sus posibilidades y sus limitaciones. Para nosotros los uruguayos es lo mejor del mundo, sin embargo cuando nos analizamos y nos ubicamos en relación al mundo que nos rodea tomamos conciencia de nuestra pequeñez.
Desde Gardel a Francescoli, de Drexler a Suárez y Cavani, pasando por Rocha, Schiaffino, el mismo Horacio Quiroga, son prueba de ello.
Basta entonces de creernos el ombligo del mundo. Somos uruguayos u orientales (ubicados al oriente del Río Uruguay), y nada hay en el mundo con más valor sentimental para nosotros que el suelo donde nacimos, pero esto no debe cegarnos, no debe hacernos desconocer nuestras limitaciones y a ellas debemos ceñirnos.
Seguramente que en otros mercados. En otras realidades más grandes, las posibilidades pueden ser mayores o mejor la capacitación.
Es probable que con mejor gestión, más acertado manejo de los recursos de que disponemos podamos obtener mejores logros, pero no estamos tan lejos.
El lugar donde se nace es para nosotros sólo algo anecdótico. Seguramente que siempre estará en nuestras “añoranzas” pero esto no significa para sentirnos menos o más que nadie.
Las discusiones de si Gardel era uruguayo, argentino o francés, nos parecen ridículas. Lo que debemos celebrar es que ha sido, es y será alguien que nos regaló su arte, supo interpretar y captar los sentimientos de los pueblos de Latinoamérica, sobre todo de Argentina y Uruguay, con tanta popularidad que se consagró como un ídolo popular.
¿Donde nació? Poco importa. Lo realmente importante para nosotros al menos, es que pudimos disfrutarlo, tanto en vida -privilegio que no tuvimos – como muchas décadas después porque hasta el día de hoy quedan seguidores y cuando a alguien se lo quiere mencionar como ídolo indiscutido en su ambiente se le dice que es “Gardel”.
No más creernos el ombligo del mundo. Somos uruguayos y nos sentimos orgullosos de serlo, pero ni mejor ni peor que nadie.
Así lo vemos al menos.

A.R.D.