Valores perdidos

En Montevideo se ha anunciado con bombos y platillos que los ómnibus del transporte departamental serán dotados de cuatro asientos especiales, uno para anciano, otro para personas con algunas discapacidad, uno para no videntes que se acompañan por un perro adiestrado y uno para mujeres embarazadas.
La iniciativa no puede ser cuestionada, en cuanto no puede discutirse la justicia de conceder un lugar preferencial en el transporte público a estas personas. Lo que realmente nos plantea dudas es si realmente es necesario establecer, mediante leyendas específicas esta preferencia. Somos del tiempo en que cuando subía a un ómnibus una persona de avanzada edad, inmediatamente los jóvenes nos parábamos para ofrecerle el asiento, ni que hablar que esto sucedía en todos los casos, incluso cuando quien ascendía era una mujer embarazada. Lamentablemente es este uno de los valores que perdimos. Hoy es frecuente ver que cuando asciende una persona de edad, o con cualquiera de las otras situaciones, que todos los jóvenes que viajan sentados se hagan los distraídos. Nadie se para para cederle el asiento. Parece ser un acto ínfimo, incluso a veces quienes viajan sentados son niños de corta edad que bien podrían hacerlo en la falda o parados, porque su estado no es el mismo de quien tiene setenta o más años, padece alguna deficiencia física o cualquier otra discapacidad e incluso las personas que no tienen la capacidad visual de que gozamos los otros.No dudamos que quienes van sentados tienen derecho a hacerlo, porque han pagado el mismo boleto o lo que se les fija para usar el transporte público, pero como reza la máxima de la época lo cortés no quieta lo valiente” y la caballerosidad es una prueba de ello. Es que la solidaridad es uno de los valores que hemos perdido socialmente. Nadie puede dudar de que las campañas que se llevan adelante para reunir fondos y encarar situaciones especiales son autènticas y reveladoras de solidaridad social, pero éstas son situaciones especiales, excepcionales, porque la generalidad de las situaciones que vemos a diario no es esto lo que nos revelan. Significa que hoy se hace necesario instrumentar e implantar en el transporte público estos asientos con sus respectivos letreros, cosa que antes se nos ocurre eran innecesarios porque quien no tenía esta deferencia con las personas mayores o discapacitadas eran mal vistos en la sociedad. Lamentablemente no sucede lo mismo hoy, porque nada le pasa a quien obra diferente y más aún la sociedad ni siquiera lo nota.
Indudablemente es uno de los valores que hemos perdido.