Venezuela duele

Seguramente que a cualquier amante de la democracia lo que está pasando en Venezuela le duele. Ver a tanta gente de pueblo en la calle, participando en incidentes violentos qué generalmente no se sabe por qué ni para que se los organiza, es una de las facetas más dolorosas de estas situaciones de violencia.
Seguramente que todas las naciones y en particular las latinoamericanas deben observar con mucha preocupación lo que está sucediendo en el país caribeño.
Ahora bien, esto no significa que lo aconsejable sea una intervención o un compromiso concreto con otra cosa que no sean la democracia y  las instituciones venezolanas.
Si alguien cree que en esta situación  no hay otros intereses que los del pueblo, está equivocado. Lo que generalmente vemos por los medios de comunicación masiva es la versión que nos quieren “vender” los medios. Lo que hay detrás, generalmente las verdaderas causas del conflicto suelen mantenerse “invisibles”.
En tanto en las redes sociales, donde pueden transmitirse versiones más reales y directas, poco contaminadas por estos intereses, hay un gran descrédito, debido a que la mayoría de lo que allí circula es anónimo, por lo que el riesgo a ser engañado o dejarse llevar por una información falsa o antojadiza es aún superior.
Lo más cuerdo y acertado a esta altura parece ser la actitud que ha tenido el propio Mercosur, pidiendo que nadie intervenga en el problema venezolano, en el entendido que los problemas de Venezuela deben ser resueltos por los venezolanos y sobre todo evitando toda ingerencia extranjera, porque en estos casos siempre los que ponen los muertos son las clases populares.
La exhortación debe ser a conservar la calma, a hacer el mayor esfuerzo posible para resolver las diferencias pacíficamente.
Venezuela, un país rico,  de grandes dimensiones y una población muy importante, estimada cuatro años atrás en el orden de los 30 millones de habitantes, tiene una problemática que nadie conoce mejor que los propios venezolanos.
De allí que consideremos inoportuno dejarse llevar por las primeras versiones sobre la situación. Tomar parte por una u otra posición podría ser muy equivocado.
En esta hora lo que corresponde es apoyar a la democracia, exigir la vigencia de todos los derechos democráticos para la población venezolana y estar alerta para no permitir injerencia extranjera alguna.
Seguramente que ningún ciudadano amante de la democracia puede sentirse satisfecho o tranquilo con lo que está sucediendo allí, pero antes de tomar una posición es muy importante conocer la realidad a fondo, que a veces es muy diferente de lo que nos pintan.

Seguramente que a cualquier amante de la democracia lo que está pasando en Venezuela le duele. Ver a tanta gente de pueblo en la calle, participando en incidentes violentos qué generalmente no se sabe por qué ni para que se los organiza, es una de las facetas más dolorosas de estas situaciones de violencia.

Seguramente que todas las naciones y en particular las latinoamericanas deben observar con mucha preocupación lo que está sucediendo en el país caribeño.

Ahora bien, esto no significa que lo aconsejable sea una intervención o un compromiso concreto con otra cosa que no sean la democracia y  las instituciones venezolanas.

Si alguien cree que en esta situación  no hay otros intereses que los del pueblo, está equivocado. Lo que generalmente vemos por los medios de comunicación masiva es la versión que nos quieren “vender” los medios. Lo que hay detrás, generalmente las verdaderas causas del conflicto suelen mantenerse “invisibles”.

En tanto en las redes sociales, donde pueden transmitirse versiones más reales y directas, poco contaminadas por estos intereses, hay un gran descrédito, debido a que la mayoría de lo que allí circula es anónimo, por lo que el riesgo a ser engañado o dejarse llevar por una información falsa o antojadiza es aún superior.

Lo más cuerdo y acertado a esta altura parece ser la actitud que ha tenido el propio Mercosur, pidiendo que nadie intervenga en el problema venezolano, en el entendido que los problemas de Venezuela deben ser resueltos por los venezolanos y sobre todo evitando toda ingerencia extranjera, porque en estos casos siempre los que ponen los muertos son las clases populares.

La exhortación debe ser a conservar la calma, a hacer el mayor esfuerzo posible para resolver las diferencias pacíficamente.

Venezuela, un país rico,  de grandes dimensiones y una población muy importante, estimada cuatro años atrás en el orden de los 30 millones de habitantes, tiene una problemática que nadie conoce mejor que los propios venezolanos.

De allí que consideremos inoportuno dejarse llevar por las primeras versiones sobre la situación. Tomar parte por una u otra posición podría ser muy equivocado.

En esta hora lo que corresponde es apoyar a la democracia, exigir la vigencia de todos los derechos democráticos para la población venezolana y estar alerta para no permitir injerencia extranjera alguna.

Seguramente que ningún ciudadano amante de la democracia puede sentirse satisfecho o tranquilo con lo que está sucediendo allí, pero antes de tomar una posición es muy importante conocer la realidad a fondo, que a veces es muy diferente de lo que nos pintan.