Veremos que queda después de la pirotecnia

Mucho ruido se ha generado en la semana que ha pasado al conocerse el Informe del Tribunal de Cuentas, encargado por la actual administración departamental, para analizar debidamente aspectos que no tiene claro sobre la gestión del Departamento de Turismo de la administración que le precedió.

Como suele suceder en estos casos, cada una de las partes de alguna manera involucradas en el tema, ha dado su versión, su interpretación y su opinión en referencia al asunto.

En el caso de la actual administración,  casi sin que el Intendente haya hecho referencia directa y personal del asunto, la posición ha sido dada más que nada por la Secretaria General, Cecilia Eguiluz  y el asesor, Dr.  Fulvio Gutérrez y se podría resumir diciendo que una vez se pronuncie el equipo de cuatro técnicos que estudia el asunto, se sabrá si se eleva el asunto a la Justicia o queda por allí.

En el caso del ex Intendente Ramón Fonticiella, fiel a su estilo, ha salido personalmente y a nuestro entender, exagerando  la cuestión, ha llamado “mafiosos” a quien o quienes han interpretado o interpretan el Informe, según él, maliciosamente.

Aunque enojarse no es bueno en estos asuntos, Fonticiella subió la apuesta, desafió a que se pase el informe a la Justicia y además dijo que si hubo algún error, ha sido y sigue siendo culpa del propio Tribunal de Cuentas, que a través de su técnico en la Intendencia, fue quien autorizó todos los gastos y lo sigue haciendo…

En el contexto de esta pirotecnia verbal, hemos asistido a una verdadera clase de las más antiguas y conocidas estrategias de autodefensa.

Por ejemplo, hablar de los puntos en los que tenemos certeza, o creemos tenerla, que el Tribunal de Cuentas se equivoca, sin hacer referencia alguna a su vez a los puntos “flacos” a nuestros intereses, es vieja treta.

Nos hubiera gustado conocer un análisis punto por punto de cada una de las cuestiones que indica el T. de C., para poner todo en la balanza.

Tenemos muy claro, que una cosa es la existencia de desprolijidades, desórdenes administrativos y otra cosa el dolo bajo cualquiera de sus formas.

De todas formas, la corruptela es condenable, aún cuando no llegara a ser corrupción y delito, con esto no estamos juzgando ni diciendo que la haya en el caso que nos ocupa.

Sólo decimos que quedan poco paisanos a quienes se les pueda asustar “golpeando las patas”, como bien se dice en campaña.

Esperemos mejor, que disipado el ruido y el “humo” de la pirotecnia verbal, veamos qué es lo que subsiste.

Alberto Rodríguez Díaz