Volver a empezar

La perspectiva de un año que comienza, puede ser diferente. Esencialmente puede vérsela como un almanaque que se desecha y otro que se instala, en el qe lo único que pude cambiar son las imágenes que nos mostrará permanentemente, o bien con una visión más profunda, se lo puede ver como una renovación de la vida, un mojón que la propia vida nos establece para darnos la oportunidad de detenernos a examinar el camino recorrido y la senda que nos estamos trazando para recorrerla.
En el primero de los casos, esta visión nos limitará a lo sumo a reunirnos con familiares o amigos para comer, beber y compartir momentos de camaradería. Es la visión más extendida, la que mueve el consumo y la enorme mayoría de las actividades humanas por estos días.
Si no hay excesos, imprudencias y similares, no hay mayores inconvenientes, porque nadie puede cuestionar los momentos de camaradería, de reuniones y de acercamiento en la comunidad.
Sin embargo, la otra visión, menos frecuente, es más profunda y espiritual. Nos lleva a revisar nuestra vida, a preguntarnos si vamos en la dirección correcta, si lo que hacemos es lo mejor que podemos para contribuir a que nuestra comunidad, en la que vivimos, con nuestros hijos, con nuestros padres, amigos y familiares, apunta a ser una comunidad donde vale la pena vivir.
En toda comunidad humana hay integrantes ricos y rodeados de comodidad y hay también seres humanos que diariamente sufren las angustias de las penurias económicas para sobrevivir.
Interesarnos por conocer cada situación, por comprenderla y asumirla, apuntando a rescatar la gente que no ha tenido chance de salir de esa pobreza, es un elemento sustancial si queremos achicar la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco o nada.
No pretendemos caer en la ingenuidad y el simplismo de creer que toda la miseria humana es superable, mejorando las condiciones económicas, porque compartimos que el asistencialismo de por si ayuda, pero no soluciona nada de fondo.
Pero esto no puede ni debe servir como excusa para desentendernos de los compatriotas que enfrentan serias penurias.
Tenderle una mano a quienes muestran interés en salir, así sea paulatinamente de su situación y hacer todo lo que esté a nuestro alcance por ayudarles, es una labor ineludible.
Después de todo, con o sin año nuevo, la riqueza humana de una comunidad no se mide por las dádivas que se encaminan puntualmente, sino por el esferzo puntual, silencioso y justo que se encamina permanentemente.
¡No lo olvidemos!