Ya no se trata de ficción

Ocuparse del tema de la seguridad en tiempos políticos, es correr el riesgo de ser usado precisamente para intereses partidarios, aspecto que no nos interesa en absoluto.
De todas formas el Uruguay de hoy delata que uno de los terrenos en el que no ha habido gobierno ni estrategia política alguna capaz de detener y erradicar sus acciones es el de la delincuencia.
No se trata de los robos y raterías que eran habituales en tiempo pasados, los que dicho sean de paso lejos de desaparecer han cambiado de modalidad, con la aparición de los llamados “motochorros”.
Tampoco de los denominados delitos llevados a cabo por los “ladrones de guantes blancos”, esto es, generalmente actos de corrupción y de delincuencia cometido al más alto nivel de los que difícilmente llega a enterarse la población del país en general.
Hoy, además de estos delitos, hay un rebrote inadmisible de la delincuencia común que va ganando en una peligrosidad, que no es patrimonio del Uruguay por supuesto, pero resulta inadmisible que aquí en este “paisito” de tan escasas dimensiones también suceda y de forma incontrolada.
Días atrás, un empresario que salía de un importante negocio en Montevideo llevando una remesa de dinero estimada en más de medio millón de dólares, vio sorpresivamente como dos coches se apareaban al móvil en que viajaba y sacando a relucir poderosas metralletas le obligaban a entregarles el dinero que portaba.
Una escena que nada tiene que ver con nuestro Uruguay, diríamos que es más de una película de la que solíamos ver en el cine o en la televisión, que una escena de la realidad cotidiana de nuestro país.
Eso es lo que nos mueve a ocuparnos de este tema que no ha despertado demasiada preocupación de los grandes medios del país. Es que se inscribe en la proliferación de las armas de fuego, ya no son algunas armas aisladas, hay gente que tiene en su poder metralletas, es decir armas pesadas con las cuales se dedica a perpetrar delitos de gravedad.
Ahora bien. ¿En poder de quién o quiénes están?. ¿Por dónde entran esas armas al país?. ¿No será necesario extremar los controles en este sentido?
No ignoramos que en estos tiempos políticos, estamos echando leña al fuego en la materia. No es esta nuestra intención, entre otras cosas, porque hasta hoy ninguno de los partidos gobernantes ha podido bajar la delincuencia a niveles razonables. Pero tampoco podemos quedarnos tranquilos, sin hacer nada porque seguramente lo lamentaremos y veremos como el delito seguirá ganado terreno. Es hora de que asumamos que las únicas posibilidades de enfrentar con éxito este problema requiere de una visión amplia y generosa que reúna a todos los partidos políticos, pero también a la enorme mayoría de los ciudadanos a quienes nos interesan vivir tranquilos y en paz.

Ocuparse del tema de la seguridad en tiempos políticos, es correr el riesgo de ser usado precisamente para intereses partidarios, aspecto que no nos interesa en absoluto.

De todas formas el Uruguay de hoy delata que uno de los terrenos en el que no ha habido gobierno ni estrategia política alguna capaz de detener y erradicar sus acciones es el de la delincuencia.

No se trata de los robos y raterías que eran habituales en tiempo pasados, los que dicho sean de paso lejos de desaparecer han cambiado de modalidad, con la aparición de los llamados “motochorros”.

Tampoco de los denominados delitos llevados a cabo por los “ladrones de guantes blancos”, esto es, generalmente actos de corrupción y de delincuencia cometido al más alto nivel de los que difícilmente llega a enterarse la población del país en general.

Hoy, además de estos delitos, hay un rebrote inadmisible de la delincuencia común que va ganando en una peligrosidad, que no es patrimonio del Uruguay por supuesto, pero resulta inadmisible que aquí en este “paisito” de tan escasas dimensiones también suceda y de forma incontrolada.

Días atrás, un empresario que salía de un importante negocio en Montevideo llevando una remesa de dinero estimada en más de medio millón de dólares, vio sorpresivamente como dos coches se apareaban al móvil en que viajaba y sacando a relucir poderosas metralletas le obligaban a entregarles el dinero que portaba.

Una escena que nada tiene que ver con nuestro Uruguay, diríamos que es más de una película de la que solíamos ver en el cine o en la televisión, que una escena de la realidad cotidiana de nuestro país.

Eso es lo que nos mueve a ocuparnos de este tema que no ha despertado demasiada preocupación de los grandes medios del país. Es que se inscribe en la proliferación de las armas de fuego, ya no son algunas armas aisladas, hay gente que tiene en su poder metralletas, es decir armas pesadas con las cuales se dedica a perpetrar delitos de gravedad.

Ahora bien. ¿En poder de quién o quiénes están?. ¿Por dónde entran esas armas al país?. ¿No será necesario extremar los controles en este sentido?

No ignoramos que en estos tiempos políticos, estamos echando leña al fuego en la materia. No es esta nuestra intención, entre otras cosas, porque hasta hoy ninguno de los partidos gobernantes ha podido bajar la delincuencia a niveles razonables. Pero tampoco podemos quedarnos tranquilos, sin hacer nada porque seguramente lo lamentaremos y veremos como el delito seguirá ganado terreno. Es hora de que asumamos que las únicas posibilidades de enfrentar con éxito este problema requiere de una visión amplia y generosa que reúna a todos los partidos políticos, pero también a la enorme mayoría de los ciudadanos a quienes nos interesan vivir tranquilos y en paz.