..AÑO XLVII- Segunda Epoca - Nº 16.908 - Edición Digital del domingo 17 de agosto de 2008
Entre la marginación y la bohemia…
Vivir en la calle
Qué motivos tienen las personas que optan por "vivir en la calle", si es que se puede llamar vivir a esta forma de deambular permanentemente. Cuando nos impusimos tratar de conocer más de esta realidad, para trasmitirla a nuestros lectores, nos encontramos con motivos muy diferentes.
Alrededor de una veintena de personas son las que viven en estas condiciones en nuestra ciudad.
La mayoría ha "optado" libremente por esta vida. Casi todos ellos tienen familiares, e incluso un lugar donde vivir si así lo quisieran, pero prefieren vivir en la calle. Más de uno fue ubicado durmiendo en la calle e invitado a trasladarse a un refugio dispuesto por la Intendencia Municipal, pero casi todos tuvieron la misma respuesta, a lo sumo luego de algunos días, han regresado a la calle.
Se da el caso muy particular de una persona que fuera llevado en una noche de frío invierno, desde la ochava del Cementerio Central, a la altura de Treinta y Tres y Avda. Harriague, donde solía pernoctar, hasta un local abrigado.
"pasó tres o cuatro días durmiendo bajo techo. Luego retiró sus enseres para el patio, pasando a dormir a la intemperie y finalmente en algunos días más, se fue nuevamente a la calle", dijo una de las personas responsables del área social en nuestra ciudad.
En Salto no existen refugios específicos para estas personas. Pero en caso de que haya quien acuda a pedir refugio, se les consigue un lugar, se nos dijo. La cuestión es que generalmente no quieren dejar esa vida. Muchas veces llegaron a esta situación empujados por el alcohol, es lo más frecuente. Pero otras veces porque siguen una suerte de "bohemia", que los lleva a preferir esta vida que sienten como una especie de libertad.
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"Pablo" tiene 23 años y con 10 pesos compra "dos horas de pan"
Con la sonrisa infeliz en la cara y el hambre por dentro
"Pablo" tiene 23 años y hace casi 10 que vive en la calle. Dice que no quiere morir así y que por eso va a luchar para poder tener "sus cosas". Quiere un trabajo, un techo seguro y lo que considera más importante, una familia. A su madre la quiere mucho pero confiesa que con el que no se lleva ni un poquito, es con su padrastro.
Sus hermanos "andan por ahí" dice con una manera que deja entrever tristeza y nostalgia. Y con su abuelo tiene buena relación, pero éstos se enfadan con él por que no quieren que haga esa vida de errante y bohemio, aunque él prefiere que lo respeten y traten de entenderlo.
En la calle hizo sus verdaderos amigos, dice él, puesto que lo aceptan como tal cual es y lo tratan a como uno más. Sin embargo, la vida de Pablo no es nada fácil y lejos está de ser la ideal para un joven de su edad. Pero las circunstancias de la vida y el entorno que lo espera en casa si decide regresar, tampoco es el más agradable.
Me lo crucé en el centro como lo hago casi a diario. Él estaba sentado en un banco y yo caminaba raudamente por el lugar. Me llamó por mi nombre, me saludó y me acompañó cerca de una cuadra. "Tengo frío" fueron sus palabras. Andaba con un buzo de lana fino y una remera de algodón, pantalones jeans gastados, sucios y rotos. Y unas sandalias deslucidas y viejas. En poco más de 100 metros surgió el siguiente diálogo.
-¿Dónde estás durmiendo?, pregunté.
- Ahora conseguí quedarme en una casa en el barrio Cien Manzanas. Allí vive un amigo y me deja dormir bajo techo porque en invierno está bravo para dormir a la intemperie.
- ¿Y por qué estás en esa situación?.
- Porque decidí hacerlo. No estaba de acuerdo con la situación de violencia que vivía en mi casa con mi madre y mi padrastro, porque él la castiga y un día yo lo agarré y lo castigué a él. Le dije que si volvía a tocar a mi mami lo mataba y así fue. Pero el precio que pagué fue tener que irme de casa. Y acá estoy… (dice, siempre sonriendo).
- Pero loco, ¿conseguir un laburo o algo no te pinta? en vez de andar en la calle…
- Sí claro que me pinta. Estaría de más conseguir un trabajo estable. Pero mirame bien, ¿quién me va a dar un trabajo a mí?. Si hay gente capacitada en la calle buscando todo el día y no encuentra. Hay gente bien preparada que anda de comercio en comercio, de empresa en empresa. Yo los veo y hablo con ellos y me dicen que dejan currículum y nadie les da trabajo. Y si se los dan es por 4 o 5 mil pesitos al mes que con eso no comen ni pagan un alquiler. A mí no me dan ni para sacar la basura. Me echan si les pido trabajo.
- Pará, no digas eso. Tampoco te ayudas mucho porque tu aspecto no es el más favorable para presentarte a buscar un empleo.
- Sí yo sé eso, pero mirá que he ido a buscar trabajo. Me he arreglado y todo, porque pensé en un momento que si calzaba como empleado de una tienda podía empezar a cambiar mi vida. Pero no me dieron el empleo. Y mira que ese día me afeité, me corté el pelo, me bañé, me vestí bien.
- ¿Te habrán prejuzgado… o ya te conocían de andar en la calle?.
- No sé, pero la cosa es que no me dieron el laburo, me fui a otros departamentos y busqué pero no tuve suerte y me volví.
- ¿Decime, vos te drogás, te emborrachás, andás en alguna…?.
- No nada, no ando en nada. Tomar lo hago como cualquiera y cuando pinta. Drogarme, sí, he fumado marihuana, y he probado algunas otras cosas. Pero no soy adicto a nada…
En eso, la charla se interrumpe. Y me dice…-¿tenés un níquel ahí? .
Me hice el desentendido. -¿Un níquel?, le pregunté. ¿Qué es eso?
- Un níquel, me responde. Una moneda cualquiera.
- Ah, ¿y por qué un níquel?.
- Porque están hechas de níquel.
- Bueno tomá, pero está cara la vida. Hay que sobrevivir con poco.
- Sí y encima si un pan te sale como diez pesos. Ahí tenés como dos horas de pan en la boca (me dice sonriente).
- ¿Dos horas?, le dije, ¿por qué dos horas?.
- Es que si tenes diez pesos es lo menos que lo podés hacer durar. Por lo menos tenés alimento para dos horas. Y así la llevás.
Quedé atónito, pero antes de que reaccione, él vio a alguien comiendo en un restaurante de la calle Uruguay, un lugar al cual solo accede para juntar las sillas cuando éste cierra sus puertas en la pálida madrugada y para pedir que le dejen las sobras. Vio a un conocido y expresó: "me voy, creo que conseguí dos horas más de comida", dijo con la tristeza que lleva alguien con el hambre por dentro y la sonrisa infeliz en la cara. Y se fue nomás…
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Cerca de una decena de personas están en esta situación
La temática de adultos que viven en la calle es muy compleja
No existen políticas sociales capaces de resolverla
La realidad de vivir en la calle es una situación muy compleja, en la que inciden múltiples factores desencadenantes de la misma.
EL PUEBLO se interesó en ponerse en contacto con una de las profesionales que está trabajando con personas que viven en la calle, muchas de ellas actualmente amparadas por un programa municipal que les ha otorgado un lugar transitorio y un plato de comida caliente a diario.
Cristi Fernández, es la Lic. en Trabajo Social que se desempeña en la Oficina de Desarrollo Humano y Social de la Intendencia Municipal, bajo la dirección de Fernando Menoni.
La visión de la profesional define a la circunstancia de las personas en situación de calle como "una realidad que la atraviesan personas vulneradas socialmente, excluidas de la sociedad y no se puede resolver fácilmente su problemática.
"La mayoría de las personas que viven literalmente en la calle, han perdido totalmente los lazos familiares.
Por circunstancias que les ha tocado vivir han optado por vivir en la calle".
A esas personas se les ha ofrecido otras alternativas.
Por ejemplo a mayores de sesenta años, ir a vivir al Hogar de Ancianos, haciéndole ver los beneficios que ello implica, pero no se ha logrado convencerlos.
En todos los casos que se presentan, el vínculo con la familia de origen está completamente disuelto.
En gran número de los casos la gente que vive en la calle presenta serios problemas de alcoholismo, realidad que refuerza aún más la barrera social.
¿De qué manera subsisten las personas que viven en la calle?
Dichas personas se encuentran excluidas de los sistemas de salud y de coberturas de seguridad social.
"La gente que está en la calle, tiene que aprender a sobrellevar su situación en cuanto a vivir bajo las inclemencias del tiempo, el comer o no comer.
Beben alcohol para aguantar los fríos y suplir las carencias de alimentación", manifestó la especialista del área social.
Aparece la realidad de la mendicidad, y son los propios vecinos quienes se comunican con la municipalidad, poniendo de manifiesto la problemática de la gente que está viviendo en las calles, sobre todo si se trata de un anciano.
Muchas veces son personas de cuarenta y pocos años, pero al haber sido castigados por el modo de vida, representan mucho más edad.
"Tenemos contacto con dos personas de sesenta y tres años, que realmente parece que tuvieran como ochenta – explicó Cristi – indudablemente que es por el desgaste permanente que poseen.
No creo que para ellos sea una experiencia placentera, sino que muchos factores incidieron para que terminaran allí. En consecuencia, se han acostumbrado a esa vida".
Muchos prefieren aguantar las heladas y estar días sin comer, a ir al Hogar de Ancianos, pues prefieren la libertad y el libre acceso al alcohol.
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Ocho personas están siendo asistidas por la Intendencia
Programa municipal de protección a la gente que vive en la calle.
La Intendencia Municipal de Salto no cuenta con un refugio para personas en situación de calle por razones económicas.
Si, se hace cargo de pagar una pensión en esta época de frío para algunas personas (actualmente son ocho) y un plato de comida diario.
La exigencia es una previa revisión médica en el hospital y el aseo personal.
A las que están habilitadas para trabajar, se está intentando que se puedan insertar laboralmente.
"A las personas adultas no podemos obligarlas a salir de la calle si no quieren, tratamos de hacerles ver el riesgo de salud que corren"
El trabajar con personas que viven en la calle es un tema muy complejo y no existen políticas sociales que puedan revertir la situación.
Lamentablemente los recursos que se están implementando a nivel municipal, es solamente en el invierno.
Se trata de una problemática social, de difícil resolución.
Tarzán
Lo conocimos cuando era un alcohólico empedernido y vivía en la calle, siempre acompañado por dos o tres perros, con quienes solía "conversar". Denotaba un espíritu alegre, pese a su situación.
De profesión chapista y dicen que de los buenos, tiempo después le encontramos trabajando en un taller de chapa y pintura. Estuvo bastante tiempo allí y parecía en una franca recuperación. Ya no se lo veía alcoholizado, aunque si siempre rodeado de algún perro, compañero inseparable de su soledad.
Lamentablemente días atrás le volvimos a encontrar. Esta vez sentado en el banco que queda al frente de la policlínica que atiende el Dr. César Suárez, en el Hospital Salto, hacia calle Cervantes. Había regresado a su condición de indigencia. "Tuve un problema (con quien estaba trabajando), me pelié y aquí ando…", nos dijo.
En los últimos días lo rastreamos, porque queríamos saber un poco más de él, cuando nos enteramos que había sido ubicado por la Policía, el pasado jueves, caído en la calle, en la zona portuaria.
Lamentablemente, es frecuente que estas personas sufran estas "recaídas", de las que no siempre pueden salir y mucho menos por sus propios medios.