“La arquitectura es la parte que encierra una actividad humana. Sea industrial, de vivienda, de desarrollo cultural, artístico, y de todos los órdenes “

Alfredo José Peirano

Fue docente durante 17 años en el Instituto Técnico de la UTU.
Profesor de dibujo, técnico  de carpintería y de mecánica.
Contando siempre con muchísima actividad y de la mas variada, podemos nombrar una etapa de su vida laboral: La Escuela Industrial, un tambo, su profesión, y como si todo esto fuera poco, las tasaciones en los bancos.
Todo eso le permitió llegar donde hoy se encuentra. Con un lugar de privilegio entre los empresarios salteños.
Callado, sencillo, con una sonrisa en su rostro, nos recibió.
Fue un placer entrevistar a un hombre, que guarda tanto orgullo y amor  por su familia, y tanta experiencia en lo laboral, humildemente narrada.
Agradecemos profundamente al Arquitecto Alfredo Peirano el habernos recibido.
¿Por qué tomó la decisión de ser Arquitecto?
Estaba yo terminando el cuarto año de liceo en el Instituto IPOLL, Osimani y Llerena, y mi profesor de dibujo era el Arquitecto  Lucas Gaffré.
Al terminar el año, me preguntó que carrera iba a hacer.
Le dije que iba a ayudar  a mi padre a trabajar en el campo, que era lo que conocía.
-No, me dijo.
- Para mí es una barbaridad lo que vas a hacer. Voy a hablar con tus padres, porque vos tenés que ser Arquitecto.
Habló con ellos y los convenció, para que yo empezara el preparatorio de Arquitectura. Y de ahí fue que arrancó mi desarrollo vocacional. Impulsado por Francisco Lucas Gaffre.
Yo tenía en ese entonces 15 años, pero ya a los 14 fui tres años alumno  en dibujo de Lucas Gaffre, también fui un año alumno del Arquitecto Armando I. Barbieri en física. Era un excelente profesor, todo lo que explicaba sin ninguna duda lo aprendía. Era de una fácil comprensión.
Además me dio un incentivo para profundizar en la matemática también, que él dominaba muy bien, asi como la física. Entonces de ahí mi admiración por la profesión  de esas dos redes.
¿Cómo siguió su inclinación por esta profesión?
Comencé a estudiar, recuerdo que éramos once en preparatorio y yo tuve la suerte de ser el único que me recibí. Los demás fueron quedando por dificultades, en matemática.
Yo tenía facilidad para esa materia, también para el dibujo y  la física.
Eran las tres que mejor defendía y afortunadamente me permitieron, y posibilitaron  avanzar en los estudios profesionales.
¿En qué se parecen, ese, su grupo de profesores y los de ahora?
No conozco los profesores de ahora. Yo hasta el año 74 fui profesor de dibujo técnico en la Escuela Industrial y después perdí contacto con la docencia.
Asi que no me animo a opinar. Sé que en aquella época, nuestros profesores de todas las materias, eran de un altísimo nivel. Con unos conocimientos extraordinarios.
Los de aquella época para mí, eran profesionales tal vez sin preparación docente, pero con un conocimiento de lo que estaban enseñando muy profundo, muy grande. Muy  serios y abarcadores eran.
¿En qué año se recibe?
Me recibí en mayo del 1956, en Montevideo.
¿Recuerda sus primeros pasos laborales?
Empecé en realidad, antes de recibirme, con el Arquitecto Lucas Gaffre.
Que cuando estaba excedido en algunos trabajos, me pedía que yo desde Montevideo, lo ayudara.
Mi primer trabajo en Salto fue en el año 1952, en una casa que hice para mis padres. Yo realicé el proyecto y el Arquitecto Lucas, hizo la dirección de obra, en la calle 19 de Abril 534, que fue siempre la casa de mis padres.
Actualmente vive la familia Mattos.
Todo comenzó porque me enteré  que mi padre había vendido una fracción de campo, tenía un dinero, entonces le propuse, aprovecharlo y hacerse una casa  con las comodidades de ahora.
No como la que ellos tenían que era una casa muy antigua de una sucesión de  mi abuelo. Y me dijo que sí.
Allí comenzamos a tener con Lucas Gaffré una relación profesional, del  cual tengo maravillosos  recuerdos como persona y como profesional.
¿Y a partir de allí, no paró?
También antes de recibirme el señor Horacio Grassi, que tenía un almacén en la esquina enfrente a donde había vivido toda mi familia, en la calle 19 de Abril y Joaquín Suárez, me conocía de niño de ir  a su almacén y pedir la yapa, me propuso después de haber visto la casa de mis padres, construirle una.
“Está pasando el riacho “me dijo.
Es la famosa casa del puente, que le llamamos. Porque para llegar a la casa hay que transitar un puente, por arriba del arroyo.
Esa casa la proyecté en el año ´54, y  Lucas Gaffré fue el director de la obra. Yo no estaba recibido todavía. Estaba cursando en la facultad de Arquitectura, con un Arquitecto al que le tengo un gran reconocimiento: Mario Paisé Reyes, profesor de taller y excelente catedrático.
¿A partir de esas dos construcciones, siguieron muchas?
Yo trabajé en sociedad con el Arquitecto Lucas Cafré, durante diez años.
En todo ese tiempo,  podría  destacar algunas obras muy queridas.
El Liceo Salesianos, el Edificio Daymán – Arapey, el Sanatorio Panamericano, con todo el material que trajo el doctor Umpierre, y Lucas de un viaje que hicieron a Francia, donde estaba en ese momento muy avanzada la parte hospitalaria.
Y en ese entonces se hizo, a escala de Salto, el único Sanatorio que hasta ahora, fue inicialmente, proyectado como sanatorio.
Los demás fueron casas antiguas, adaptadas, con todos los problemas de funcionamiento, que ya conocemos.
La Casa Diocesana, en Artigas y 25 de Agosto. Abrió allí, la posibilidad de considerar otras orientaciones, en cuanto a desarrollo comunitario.
Y trabajamos mucho tiempo, con el Padre Emilio Guidotti.
Me quedan obras para nombrar, pero no va a faltar oportunidad de recordarlas.
Después de diez años dejamos la sociedad de  común acuerdo con el Arquitecto Lucas en muy buenos términos. Él entendió que yo tenía otras inquietudes.
Me inclinaba por el lado de la industria. Me gustaba diseñar y crear cosas novedosas de aquella época en las obras que hacíamos.
Hacíamos prefabricados, con los mismos constructores, pero sin la tecnología que yo consideraba en el momento que estaba al alcance de nosotros.
Fue cuando empecé en el año 70, con esta empresa que es hoy PREINCO.
A pesar de ello seguí trabajando, hasta el ¨95.
¿Cuál fue su última obra?
El edificio Queguay. Está en Amorim entre 19 de Abril y Agraciada. Lo hice con fondos propios, y  en ese momento no podía firmar los planos porque ya estaba jubilado.
Era el Club Atlético Arsenal, y  yo lo transformé en  un edificio de viviendas,  de locales comerciales y garaje.
¿Y el que más le haya gustado?
CERENAP. No por su arquitectura,  no por su despliegue técnico, sino por  su finalidad social.
Era imperiosa la necesidad en el Uruguay de un centro de esas características. Y yo me sentí un privilegiado, por haber podido realizar el proyecto. La construcción la realizaron los hermanos Puig.
La financiaron con la campaña de los cigarrillos, donando todo el personal de Salto Grande el valor de un paquete de cigarrillos por dia  y las demás donaciones, que también hubo.
¿Qué opina de las construcciones de las grandes superficies, en lo arquitectónico?
Son utilitarias, comerciales. Tienen la pretensión de usar los elementos estéticos en función de un negocio, que es muy lógico y respetable.
Pero no dejan de tener un enorme valor arquitectónico, con materiales muy distintos a los que disponíamos  hace 50 o 60 años.
Siempre que hacía un proyecto tenía como idea central,  ver qué es lo que  tenia de naturaleza en ese terreno y tratar de respetarla en lo posible. Le hice la casa al contador Pedetti, había un ciprés muy lindo, que lo tuvieron que sacar porque se crió demasiado.
Hice la casa con un hueco, donde estaba el ciprés que salía para arriba. No fue ninguna originalidad, porque Enrique Amorin, construyo Las Nubes. Alrededor de un árbol, yo lo conocí cuando tenía diecisiete años.
¿Se siente un hombre satisfecho con la vida?
Si. Soy rico. Tengo a  mi mujer, cinco hijos, trece nietos, una bisnieta y dos futuros bisnietos, que ya se sabe que son varones y llegarán para los primeros meses del año entrante.
Mi señora, Nery me acompaño toda la vida y dicen que detrás de alguien que hace algo, hay una mujer que apoya.
Tuve además siempre el apoyo de mis hijos Gustavo, María Alicia, Enrique, Ana Lucía y Cecilia, la más chica y la más alta, al mismo tiempo.
Y un grupo de colaboradores trabajando en excelentes relaciones entre sí, que nos apoyan. Porque es un placer verlos llevarse bien.
¿Qué privilegio que algunos de sus hijos sientan la inclinación por lo arquitectónico?
Tengo dos hijos Arquitectos y un Ingeniero. Me siento feliz, de poder estar unidos.
Eso es un trabajo en conjunto del matrimonio. Los hijos, creo yo, maman lo que tienen en la casa.
Quiero aprovechar esta oportunidad, para enviarles un gran saludo a todos los colegas que están  en actividad y los que no están también en el día del Arquitecto, porque se lo merecen realmente.
Y quiero recordar también algunos que ya no están con nosotros, como  el Arquitecto Horacio Terra Arocena y Juan Pablo Terra.
Trabajé con ellos, como dibujante,  fuimos compañeros de trabajo y fueron excelentes.  También tengo una admiración muy especial por el Arquitecto Rodríguez Fosalba, excelente profesional y amigo, lo mismo que por Rodríguez Musmano.
Y estoy muy contento de poder haber hecho algún aporte a Salto.

Fue docente durante 17 años en el Instituto Técnico de la UTU.

Profesor de dibujo, técnico  de carpintería y de mecánica.

Contando siempre con muchísima actividad y de la mas variada, podemos nombrar una etapa de su vida laboral: LaDSCF9152Escuela Industrial, un tambo, su profesión, y como si todo esto fuera poco, las tasaciones en los bancos.

Todo eso le permitió llegar donde hoy se encuentra. Con un lugar de privilegio entre los empresarios salteños.

Callado, sencillo, con una sonrisa en su rostro, nos recibió.

Fue un placer entrevistar a un hombre, que guarda tanto orgullo y amor  por su familia, y tanta experiencia en lo laboral, humildemente narrada.

Agradecemos profundamente al Arquitecto Alfredo Peirano el habernos recibido.

¿Por qué tomó la decisión de ser Arquitecto?

Estaba yo terminando el cuarto año de liceo en el Instituto IPOLL, Osimani y Llerena, y mi profesor de dibujo era el Arquitecto  Lucas Gaffré.

Al terminar el año, me preguntó que carrera iba a hacer.

Le dije que iba a ayudar  a mi padre a trabajar en el campo, que era lo que conocía.

-No, me dijo.

– Para mí es una barbaridad lo que vas a hacer. Voy a hablar con tus padres, porque vos tenés que ser Arquitecto.

Habló con ellos y los convenció, para que yo empezara el preparatorio de Arquitectura. Y de ahí fue que arrancó mi desarrollo vocacional. Impulsado por Francisco Lucas Gaffre.

Yo tenía en ese entonces 15 años, pero ya a los 14 fui tres años alumno  en dibujo de Lucas Gaffre, también fui un año alumno del Arquitecto Armando I. Barbieri en física. Era un excelente profesor, todo lo que explicaba sin ninguna duda lo aprendía. Era de una fácil comprensión.

Además me dio un incentivo para profundizar en la matemática también, que él dominaba muy bien, asi como la física. Entonces de ahí mi admiración por la profesión  de esas dos redes.

¿Cómo siguió su inclinación por esta profesión?

Comencé a estudiar, recuerdo que éramos once en preparatorio y yo tuve la suerte de ser el único que me recibí. Los demás fueron quedando por dificultades, en matemática.

Yo tenía facilidad para esa materia, también para el dibujo y  la física.

Eran las tres que mejor defendía y afortunadamente me permitieron, y posibilitaron  avanzar en los estudios profesionales.

¿En qué se parecen, ese, su grupo de profesores y los de ahora?

No conozco los profesores de ahora. Yo hasta el año 74 fui profesor de dibujo técnico en la Escuela Industrial y después perdí contacto con la docencia.

Asi que no me animo a opinar. Sé que en aquella época, nuestros profesores de todas las materias, eran de un altísimo nivel. Con unos conocimientos extraordinarios.

Los de aquella época para mí, eran profesionales tal vez sin preparación docente, pero con un conocimiento de lo que estaban enseñando muy profundo, muy grande. Muy  serios y abarcadores eran.

¿En qué año se recibe?

Me recibí en mayo del 1956, en Montevideo.

¿Recuerda sus primeros pasos laborales?

Empecé en realidad, antes de recibirme, con el Arquitecto Lucas Gaffre.

Que cuando estaba excedido en algunos trabajos, me pedía que yo desde Montevideo, lo ayudara.

Mi primer trabajo en Salto fue en el año 1952, en una casa que hice para mis padres. Yo realicé el proyecto y el Arquitecto Lucas, hizo la dirección de obra, en la calle 19 de Abril 534, que fue siempre la casa de mis padres.

Actualmente vive la familia Mattos.

Todo comenzó porque me enteré  que mi padre había vendido una fracción de campo, tenía un dinero, entonces le propuse, aprovecharlo y hacerse una casa  con las comodidades de ahora.

No como la que ellos tenían que era una casa muy antigua de una sucesión de  mi abuelo. Y me dijo que sí.

Allí comenzamos a tener con Lucas Gaffré una relación profesional, del  cual tengo maravillosos  recuerdos como persona y como profesional.

¿Y a partir de allí, no paró?

También antes de recibirme el señor Horacio Grassi, que tenía un almacén en la esquina enfrente a donde había vivido toda mi familia, en la calle 19 de Abril y Joaquín Suárez, me conocía de niño de ir  a su almacén y pedir la yapa, me propuso después de haber visto la casa de mis padres, construirle una.

“Está pasando el riacho “me dijo.

Es la famosa casa del puente, que le llamamos. Porque para llegar a la casa hay que transitar un puente, por arriba del arroyo.

Esa casa la proyecté en el año ´54, y  Lucas Gaffré fue el director de la obra. Yo no estaba recibido todavía. Estaba cursando en la facultad de Arquitectura, con un Arquitecto al que le tengo un gran reconocimiento: Mario Paisé Reyes, profesor de taller y excelente catedrático.

¿A partir de esas dos construcciones, siguieron muchas?

Yo trabajé en sociedad con el Arquitecto Lucas Cafré, durante diez años.

En todo ese tiempo,  podría  destacar algunas obras muy queridas.

El Liceo Salesianos, el Edificio Daymán – Arapey, el Sanatorio Panamericano, con todo el material que trajo el doctor Umpierre, y Lucas de un viaje que hicieron a Francia, donde estaba en ese momento muy avanzada la parte hospitalaria.

Y en ese entonces se hizo, a escala de Salto, el único Sanatorio que hasta ahora, fue inicialmente, proyectado como sanatorio.

Los demás fueron casas antiguas, adaptadas, con todos los problemas de funcionamiento, que ya conocemos.

La Casa Diocesana, en Artigas y 25 de Agosto. Abrió allí, la posibilidad de considerar otras orientaciones, en cuanto a desarrollo comunitario.

Y trabajamos mucho tiempo, con el Padre Emilio Guidotti.

Me quedan obras para nombrar, pero no va a faltar oportunidad de recordarlas.

Después de diez años dejamos la sociedad de  común acuerdo con el Arquitecto Lucas en muy buenos términos. Él entendió que yo tenía otras inquietudes.

Me inclinaba por el lado de la industria. Me gustaba diseñar y crear cosas novedosas de aquella época en las obras que hacíamos.

Hacíamos prefabricados, con los mismos constructores, pero sin la tecnología que yo consideraba en el momento que estaba al alcance de nosotros.

Fue cuando empecé en el año 70, con esta empresa que es hoy PREINCO.

A pesar de ello seguí trabajando, hasta el ¨95.

¿Cuál fue su última obra?

El edificio Queguay. Está en Amorim entre 19 de Abril y Agraciada. Lo hice con fondos propios, y  en ese momento no podía firmar los planos porque ya estaba jubilado.

Era el Club Atlético Arsenal, y  yo lo transformé en  un edificio de viviendas,  de locales comerciales y garaje.

¿Y el que más le haya gustado?

CERENAP. No por su arquitectura,  no por su despliegue técnico, sino por  su finalidad social.

Era imperiosa la necesidad en el Uruguay de un centro de esas características. Y yo me sentí un privilegiado, por haber podido realizar el proyecto. La construcción la realizaron los hermanos Puig.

La financiaron con la campaña de los cigarrillos, donando todo el personal de Salto Grande el valor de un paquete de cigarrillos por dia  y las demás donaciones, que también hubo.

¿Qué opina de las construcciones de las grandes superficies, en lo arquitectónico?

Son utilitarias, comerciales. Tienen la pretensión de usar los elementos estéticos en función de un negocio, que es muy lógico y respetable.

Pero no dejan de tener un enorme valor arquitectónico, con materiales muy distintos a los que disponíamos  hace 50 o 60 años.

Siempre que hacía un proyecto tenía como idea central,  ver qué es lo que  tenia de naturaleza en ese terreno y tratar de respetarla en lo posible. Le hice la casa al contador Pedetti, había un ciprés muy lindo, que lo tuvieron que sacar porque se crió demasiado.

Hice la casa con un hueco, donde estaba el ciprés que salía para arriba. No fue ninguna originalidad, porque Enrique Amorin, construyo Las Nubes. Alrededor de un árbol, yo lo conocí cuando tenía diecisiete años.

¿Se siente un hombre satisfecho con la vida?

Si. Soy rico. Tengo a  mi mujer, cinco hijos, trece nietos, una bisnieta y dos futuros bisnietos, que ya se sabe que son varones y llegarán para los primeros meses del año entrante.

Mi señora, Nery me acompaño toda la vida y dicen que detrás de alguien que hace algo, hay una mujer que apoya.

Tuve además siempre el apoyo de mis hijos Gustavo, María Alicia, Enrique, Ana Lucía y Cecilia, la más chica y la más alta, al mismo tiempo.

Y un grupo de colaboradores trabajando en excelentes relaciones entre sí, que nos apoyan. Porque es un placer verlos llevarse bien.

¿Qué privilegio que algunos de sus hijos sientan la inclinación por lo arquitectónico?

Tengo dos hijos Arquitectos y un Ingeniero. Me siento feliz, de poder estar unidos.

Eso es un trabajo en conjunto del matrimonio. Los hijos, creo yo, maman lo que tienen en la casa.

Quiero aprovechar esta oportunidad, para enviarles un gran saludo a todos los colegas que están  en actividad y los que no están también en el día del Arquitecto, porque se lo merecen realmente.

Y quiero recordar también algunos que ya no están con nosotros, como  el Arquitecto Horacio Terra Arocena y Juan Pablo Terra.

Trabajé con ellos, como dibujante,  fuimos compañeros de trabajo y fueron excelentes.  También tengo una admiración muy especial por el Arquitecto Rodríguez Fosalba, excelente profesional y amigo, lo mismo que por Rodríguez Musmano.

Y estoy muy contento de poder haber hecho algún aporte a Salto.







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