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ADRIANA MARTÍNEZ

EMPRESARIA

Dinámica, emprendedora, dedicada a su familia y trabajo.
Humilde en su forma de ser y muy compañera.
Y por sobre todas las cosas, una verdadera guerrera y triunfadora en todo.
Adriana. Una interesante historia a tomar como ejemplo por su valor y  conciencia, que se puede salir airosa de algunos  trances, cuando el destino nos juega una mala pasada.
A no rendirse jamás.
Hoy, con toda su experiencia en lo que respecta a nuestra humilde labor, nos hace sentir dichosos regalándonos, gustosamente el rol de entrevistada, para compartir esta vivencia con todos nosotros.
¿Cómo se te detecta la enfermedad?
Estaba pasando yo un momento personal muy especial y me encontraba en el cumpleaños de una amiga.
Otra amiga tenía a la nuera en pleno tratamiento, una chica joven con un niño pequeño.
En ese momento pensé: “qué irresponsable de mi parte”, había sacado órdenes dos o tres veces  anteriormente para realizarme los exámenes  y no fui.
Siempre, estamos buscando excusas para no ir.
Lo fui dejando. Pasó un mes, pedí  fecha para la mamografía, sin siquiera pensar como me podía ir.
Era simplemente hacerme un chequeo.
Después de realizada la mamografía, me hacen esperar un ratito, luego me hicieron entrar nuevamente y me  repitieron la mamografía.
Enseguida fue la ecografía y ahí el medico que me atendió me dijo que tenia un nódulo, que por todas las características era maligno, y tenía que ver urgente a un cirujano.
¿Cómo reaccionaste?
Yo en ese momento me quedé como paralizada, porque no entendía mucho lo que me estaba diciendo el doctor. Y como era un examen de rutina había ido sola, como la mayoría de las mujeres, en ese caso.
Salí de allí, sin entender mucho lo que me estaba pasando y me encuentro con  Julio, mi esposo, subo al auto y ahí sí, me desarmé un poco.
Lo que ocurrió después fue tan rápido.
Hablamos con el doctor Leal,  me hice inmediatamente los análisis y en menos de diez días, me estaban operando.
Planifiqué esa operación, como una actividad más en mi vida.
No como planifico un cumpleaños, pero sí un trabajo.
El día antes de operarme fui a misa, hablé con el Padre Gustavo, le conté que me operaba y lloré muchísimo. Todo lo que tenía guardado. Él  me dio la Comunión y el Sacramento de la Unción de los enfermos.
Y ahí sentí una tranquilidad en ese momento. Me quedé bajo el amparo de Jesús y de María.
Porque pienso, que si hubiese  ido seis meses antes, a hacerme el chequeo, seguramente el nódulo no se habría visto  y seis meses después, la historia hubiese sido otra.
La Virgen que es madre me guió a que me lo hiciera en ese momento. No te olvides que sacaba las órdenes para los análisis y luego no concurría.
Además estaba yo con otro problema muy doloroso, y como que esto, me hizo pensar en mí.
Siempre sentí que yo iba adelante y el cáncer detrás. Nunca me pudo alcanzar.
Todo lo que me pasaba, me sentía preparada
También tuve amigas increíbles que estaban atentas a todo lo que me pasaba y gente que se había operado, como Mary, mi vecina,  y ella me decía, te puede pasar tal o cual cosa, entonces yo estaba sabiendo a lo que me exponía.
Otra conocida, Tita, cuando me tuve que hacer radioterapia,   me dijo: “Vos rezá un aAve María y ya está”,  de apurada que lo hacía, me llevaba un Ave María y medio.
Pero siempre es más de lo que te lleva, el ir, en la preparación que te realizan, que lo que dura en sí la radioterapia.
Otra persona que me aconsejó fue Raquel, cuando me dicen que me tenía que hacer quimio, que no estaba en los planes, fue bastante fuerte.
Me dio todo anotado lo que tenía que comer para no bajar defensas y cuando llego a Montevideo tenía hasta  las direcciones donde me podía comprar las pelucas.
Me acompañaron mis dos hijos, Matías y Belén, junto a  una prima y recuerdo que cuando el médico dijo que no me hacían la quimio fue una fiesta. ¡Una alegría total!!
Para mí fue importante que mis hijos  me acompañaran. Que entraran conmigo a la consulta. No quería que tuvieran ninguna duda, porque el miedo nos paraliza.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Me ayudó mucho el entorno.
Estuve siempre muy acompañada. Por gente que pasó por esto, y por la que no. Entonces es como un mimo que te dan, y nunca me sentí sola.
Siempre, siempre con ganas. Obviamente que hay veces que uno se siente cansado. Pero nunca bajé los brazos.
Nunca me dolió la operación. Ni siquiera, cuando lo palpe al nódulo.
Me operan un miércoles, me dieron alta el domingo y el martes siguiente, voy a curaciones y paso por el Diario.
El miércoles vuelvo a pasar y me encuentro enseguida que llego, con una inspección de BPS. De esas que te llegan de sorpresa.
Y atendí a las inspectoras de forma muy natural y cómoda. Me sentía fuerte, bien.
Y siempre me sentí fuerte. Me ayudé mucho, mis hijos estaban en pleno periodo de exámenes, y yo quería y quiero que ellos estudien, se realicen.
Entonces puse todo de mí, para cuando yo atravesara  la puerta de mi casa, pueda decir: “este es mi lugar, acá estoy cuidada”.
Lo mismo me pasa en mi trabajo, siempre con ganas, con proyectos,
Cada estudio que me siguieron realizando, pensaba que todo esto podía haber sido mucho peor.  Nunca fui muy quejosa tampoco.
No podía bajar los brazos, tenía a dos hijos adolescentes.
Perdí a mi madre cuando tenía veinticinco años y yo sé, lo que es no tenerla, cuando el tiempo pasa y tenés a tus hijos.
Entonces por nada del mundo quería que mis hijos se quedaran sin mamá.
Siempre hice exactamente lo que me indicaba el médico, estaba atenta a mi salud física pero también a la del alma.
Concurrí a muchos encuentros espirituales, siempre dentro de mi religión, nunca busqué nada fuera de ella, hice cursos de marketing, relaciones humanas y otros en el Instituto Mundo Nuevo, participé de cursos de apoyo a los periodistas en la Regional Norte, busqué contención psicológica durante tres años, hice un montón de actividades que me permitieron salir adelante.
Fui a fisioterapia que fue una gran ayuda, empecé recién operada a ir a la peluquería más seguido, en los dos lados hasta hoy   me tratan como una reina
¿En qué etapa estás hoy?
Dentro de unos días, va a ser cuatro años y sigo con la  medicación que es un total de cinco, junto a los controles cada seis meses.
Pero  me siento bien.
Le pregunte un día al oncólogo.
-¿Qué tengo que decir? ¿Tuve o tengo cáncer?
Y él me respondió: ¿Usted qué siente?
-Yo siento que lo tuve.
-Tal cual. Usted tuvo cáncer.
Envía un mensaje, a todas aquellas mujeres que pasan por esta misma situación.
Esto a mí me cambió la vida.
Me hizo ver un montón de cosas, que por ahí antes, por el trabajo, no me daba cuenta.
Una jovencita que quiero mucho, me regaló un florero de cristal con unas rosas divinas, y parece  que yo en ese momento, descubrí que los floreros existían, para que se les pusiera flores.
Estaba antes tan enfocada en mis problemas de trabajo, que no miraba alrededor.
Me sirvió para que me mirara a mi misma y ver cosas que yo ya había olvidado que existían.
Y el mensaje que deseo enviar a todas aquellas mujeres afectadas, es que se lo detecten a tiempo,  que se puede salir adelante. Siempre se puede.

Dinámica, emprendedora, dedicada a su familia y trabajo.  Humilde en su forma de ser y muy compañera. Y por sobre todas las cosas, una verdadera guerrera y triunfadora en todo.  Adriana. Una interesante historia a tomar como ejemplo por su valor y  conciencia, que se puede salir airosa de algunos  trances, cuando el destino nos juega una mala pasada.  A no rendirse jamás. Hoy, con toda su experiencia en lo que respecta a nuestra humilde labor, nos hace sentir dichosos regalándonos, gustosamente el rol de entrevistada, para compartir esta vivencia con todos nosotros.

¿Cómo se te detecta la enfermedad?

adriana [1]Estaba pasando yo un momento personal muy especial y me encontraba en el cumpleaños de una amiga. Otra amiga tenía a la nuera en pleno tratamiento, una chica joven con un niño pequeño. En ese momento pensé: “qué irresponsable de mi parte”, había sacado órdenes dos o tres veces  anteriormente para realizarme los exámenes  y no fui. Siempre, estamos buscando excusas para no ir.   Lo fui dejando. Pasó un mes, pedí  fecha para la mamografía, sin siquiera pensar como me podía ir.  Era simplemente hacerme un chequeo. Después de realizada la mamografía, me hacen esperar un ratito, luego me hicieron entrar nuevamente y me  repitieron la mamografía. Enseguida fue la ecografía y ahí el medico que me atendió me dijo que tenia un nódulo, que por todas las características era maligno, y tenía que ver urgente a un cirujano.

¿Cómo reaccionaste?

Yo en ese momento me quedé como paralizada, porque no entendía mucho lo que me estaba diciendo el doctor. Y como era un examen de rutina había ido sola, como la mayoría de las mujeres, en ese caso. Salí de allí, sin entender mucho lo que me estaba pasando y me encuentro con  Julio, mi esposo, subo al auto y ahí sí, me desarmé un poco. Lo que ocurrió después fue tan rápido.  Hablamos con el doctor Leal,  me hice inmediatamente los análisis y en menos de diez días, me estaban operando. Planifiqué esa operación, como una actividad más en mi vida. No como planifico un cumpleaños, pero sí un trabajo. El día antes de operarme fui a misa, hablé con el Padre Gustavo, le conté que me operaba y lloré muchísimo. Todo lo que tenía guardado. Él  me dio la Comunión y el Sacramento de la Unción de los enfermos. Y ahí sentí una tranquilidad en ese momento. Me quedé bajo el amparo de Jesús y de María. Porque pienso, que si hubiese  ido seis meses antes, a hacerme el chequeo, seguramente el nódulo no se habría visto  y seis meses después, la historia hubiese sido otra. La Virgen que es madre me guió a que me lo hiciera en ese momento. No te olvides que sacaba las órdenes para los análisis y luego no concurría. Además estaba yo con otro problema muy doloroso, y como que esto, me hizo pensar en mí. Siempre sentí que yo iba adelante y el cáncer detrás. Nunca me pudo alcanzar. Todo lo que me pasaba, me sentía preparada. También tuve amigas increíbles que estaban atentas a todo lo que me pasaba y gente que se había operado, como Mary, mi vecina,  y ella me decía, te puede pasar tal o cual cosa, entonces yo estaba sabiendo a lo que me exponía. Otra conocida, Tita, cuando me tuve que hacer radioterapia,   me dijo: “Vos rezá un aAve María y ya está”,  de apurada que lo hacía, me llevaba un Ave María y medio.  Pero siempre es más de lo que te lleva, el ir, en la preparación que te realizan, que lo que dura en sí la radioterapia. Otra persona que me aconsejó fue Raquel, cuando me dicen que me tenía que hacer quimio, que no estaba en los planes, fue bastante fuerte. Me dio todo anotado lo que tenía que comer para no bajar defensas y cuando llego a Montevideo tenía hasta  las direcciones donde me podía comprar las pelucas. Me acompañaron mis dos hijos, Matías y Belén, junto a  una prima y recuerdo que cuando el médico dijo que no me hacían la quimio fue una fiesta. ¡Una alegría total!

Para mí fue importante que mis hijos  me acompañaran. Que entraran conmigo a la consulta. No quería que tuvieran ninguna duda, porque el miedo nos paraliza.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Me ayudó mucho el entorno. Estuve siempre muy acompañada. Por gente que pasó por esto, y por la que no. Entonces es como un mimo que te dan, y nunca me sentí sola. Siempre, siempre con ganas. Obviamente que hay veces que uno se siente cansado. Pero nunca bajé los brazos. Nunca me dolió la operación. Ni siquiera, cuando lo palpe al nódulo.  Me operan un miércoles, me dieron alta el domingo y el martes siguiente, voy a curaciones y paso por el Diario. El miércoles vuelvo a pasar y me encuentro enseguida que llego, con una inspección de BPS. De esas que te llegan de sorpresa.  Y atendí a las inspectoras de forma muy natural y cómoda. Me sentía fuerte, bien. Y siempre me sentí fuerte. Me ayudé mucho, mis hijos estaban en pleno periodo de exámenes, y yo quería y quiero que ellos estudien, se realicen. Entonces puse todo de mí, para cuando yo atravesara  la puerta de mi casa, pueda decir: “este es mi lugar, acá estoy cuidada”. Lo mismo me pasa en mi trabajo, siempre con ganas, con proyectos.

Cada estudio que me siguieron realizando, pensaba que todo esto podía haber sido mucho peor.  Nunca fui muy quejosa tampoco.

No podía bajar los brazos, tenía a dos hijos adolescentes. Perdí a mi madre cuando tenía veinticinco años y yo sé, lo que es no tenerla, cuando el tiempo pasa y tenés a tus hijos. Entonces por nada del mundo quería que mis hijos se quedaran sin mamá. Siempre hice exactamente lo que me indicaba el médico, estaba atenta a mi salud física pero también a la del alma.

Concurrí a muchos encuentros espirituales, siempre dentro de mi religión, nunca busqué nada fuera de ella, hice cursos de marketing, relaciones humanas y otros en el Instituto Mundo Nuevo, participé de cursos de apoyo a los periodistas en la Regional Norte, busqué contención psicológica durante tres años, hice un montón de actividades que me permitieron salir adelante.

Fui a fisioterapia que fue una gran ayuda, empecé recién operada a ir a la peluquería más seguido, en los dos lados hasta hoy   me tratan como una reina

¿En qué etapa estás hoy?

Dentro de unos días, va a ser cuatro años y sigo con la  medicación que es un total de cinco, junto a los controles cada seis meses. Pero  me siento bien. Le pregunte un día al oncólogo.

-¿Qué tengo que decir? ¿Tuve o tengo cáncer?

Y él me respondió: ¿Usted qué siente?

-Yo siento que lo tuve.

-Tal cual. Usted tuvo cáncer.

Envía un mensaje, a todas aquellas mujeres que pasan por esta misma situación.

Esto a mí me cambió la vida.

Me hizo ver un montón de cosas, que por ahí antes, por el trabajo, no me daba cuenta.

Una jovencita que quiero mucho, me regaló un florero de cristal con unas rosas divinas, y parece  que yo en ese momento, descubrí que los floreros existían, para que se les pusiera flores.

Estaba antes tan enfocada en mis problemas de trabajo, que no miraba alrededor.

Me sirvió para que me mirara a mi misma y ver cosas que yo ya había olvidado que existían.

Y el mensaje que deseo enviar a todas aquellas mujeres afectadas, es que se lo detecten a tiempo,  que se puede salir adelante. Siempre se puede.