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GLORIA PEREIRA

EMPRESARIA

Con su simpatía y alegría, siempre despierta admiración.
Su forma de tratar al prójimo es digna de una mujer que ha atravesado dificultades que supo manejar, como la historia que nos va a contar hoy.
Es felizmente: esposa, madre y abuela.
Es Marita.
¿Cómo detectaste la enfermedad?
Estaba tendiendo ropa en el fondo y cuando bajé el brazo, me dolió.
Como si me hubiese golpeado.
A la noche, me fui a bañar y al comenzar a examinarme, note el nódulo.
Eso fue un sábado. El lunes me fui al médico, y me indicó una mamografía. Después de hecha, como era un amigo el que la realizaba, me dijo:
-Espera un momento, que te vamos a hacer una ecografía.
Me di cuenta después, que él lo había notado y no me lo quiso decir.
Nos apreciamos mucho con la Clínica Radiológica que esta por calle Rivera, tiene un personal increíble y me atiende en ese momento, el doctor Realini.
Me realiza la ecografía, y yo veía que le iba cambiando la cara, minuto a minuto. Al terminar, le pregunté: ¿encontraste algo loco?
Y me contestó:- No petisa, no. Encontré un quistecito. Pero sácatelo, porque a veces esas porquerías  duelen mucho.
Y me dio un abrazo, como protegiéndome.
Un abrazo que lo sentí, muy dentro de mí y me dije: acá pasa algo.
Se lo cuento todo a mi hija Fabiana, recuerdo que mi esposo estaba internado, y yo no quería ir a la consulta pautada, hasta que al final mi hija me convenció y me acompañó.
Llegamos, y el doctor antes de abrir la carpeta decía no encontrar nada. Yo me le adelanto, me acuesto en la camilla y le hice palpar el nódulo.
Abrió la carpeta y nos encontramos con que decía que con un 99,9 % de posibilidades  existía un cáncer maligno, y sugería una operación inmediata.
¿Cómo reaccionaste?
Íbamos saliendo del CAM, y entre una puerta y otra, que están sobre la entrada, me pare y  le dije a Fabiana:
“Bueno. Nada de disfrazarlo. Me tocó. Y no vamos a ir a decir, que tengo un quistecito. Tengo cáncer”.
Nos vinimos, como con un baldazo de agua helada, llegamos a casa y se lo contamos a mi hijo Gustavo, sin que se lo contara al padre.
Enseguida nos contactamos con el doctor Etchudi, que a su vez, se conecta con el doctor Campos y este me llama, a que cruce la calle para llegar hasta su casa.  Necesitaba hablar conmigo, junto a mis hijos.
Llegamos y me hizo apoyar mi mano en su hombro, clavó sus dedos en el lugar del nódulo y en segundos me dijo: ¡acá esta!
Ahí mismo, ya, el doctor Campos organizó la operación por teléfono, e inmediatamente me operaron.
Les dije anteriormente, que si existía esa posibilidad de un cáncer maligno, me quitaran el seno.
Me explican que sí. Que si  estaba de acuerdo, para quedar bien limpita, me quitaba la mama y también fueron veintiocho ganglios.
Así me fui recuperando de a poco. Me costo bastante, parecía que no lo podía hacer, no me sentía bien. Y comenzaron los pensamientos malos, de que por ahí no me reponía porque estaba toda tomada, y eso me volteó.
Hasta que un día vino la doctora  Leila Suárez a pasear y, me dice:
-¿Por qué estas de pijama?
-Porque estoy mal, estoy recién operada.
-¡Anda a sacarte ese pijama! ¡Y ponete unos zapatos! ¡Y píntate!
-Yo necesito un siquiatra. (Le dije, y lloraba)
-Lo tendrás.
Y  en media hora tuve un siquiatra.
Hoy le agradezco tanto a Leila que lo haya hecho. Me habló fuerte y firme y era lo que yo necesitaba, en ese momento.
No es fácil, no crean que a la semana la persona va a estar bien.
No hay que decaer, no hay que entregarse. Porque yo en ese momento me estaba entregando.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Te cambia todo. Por un tiempo me imposibilitó, pero fue poco.
Traté de cuidarme de no hacer fuerza.
Aprendí a hacer cosas con la mano izquierda, que no sabía.
En mi entorno, sirvió para unir más a la familia y he recibido amistades que han pasado por lo mismo y siento un enorme cariño y sentimos la necesidad de ayudarnos, apoyarnos, y de vernos de vez en cuando.
Me ayudó muchísimo el hecho de recibir gente que vino a verme cuando me operaron. Me hizo mucho bien. La gente me  hace bien.
¿En qué etapa estás hoy?
Estoy realizada. Empecé de la nada con mucho sacrificio y dificultades.
Tanto económicas, como otras, y hoy tengo tres hijos divinos: Gustavo, joyero. Fabiana, Odontóloga,  y Lorena, Química Farmacéutica, y está con un Laboratorio propio. Todos encaminados bien.
Somos una familia unida, estamos siempre juntos y el 28 de setiembre festejé mis setenta años con una fiesta sorpresa, en el lugar donde  nací y bailé las primeras veces con mi marido.
Pasé como un año gustando de  él y ni bolilla me daba, claro era seis años  mayor. Para él con trece años era yo una niña.
¿Entonces qué más puedo pedir  a la vida?
En cuanto a la salud, me siento muy bien y sigo trabajando y cuidándome.
Envía un mensaje para aquellas mujeres que están pasando por la misma situación.
Si tuviera una amiga que esté pasando por un mal momento, iría a verla, si tiene ganas de charlar lo haremos y si no, le daré un beso y me iré.
Pero voy a ir. Siento la necesidad de ayudar a ese otro. Si esa persona no me acepta, paciencia, pero cumplí con lo que yo siento.
Quiero decirles que yo estoy a las órdenes siempre para todo aquel, que lo necesite. Las veinticuatro horas si fueran necesarias. Me gusta ayudar a la gente.
Y no se dejen caer. Hay que estar muy positiva, siempre.
Y les digo que se sale adelante.
Hay veces que pensamos que no vamos a poder, pero podemos.

Con su simpatía y alegría, siempre despierta admiración. Su forma de tratar al prójimo es digna de una mujer que ha atravesado dificultades que supo manejar, como la historia que nos va a contar hoy. Es felizmente: esposa, madre y abuela.  Es Marita.

¿Cómo detectaste la enfermedad?

Estaba tendiendo ropa en el fondo y cuando bajé el brazo, me dolió. Como si me hubiese golpeado. A la noche, me fui aDSCF8234 [1]bañar y al comenzar a examinarme, note el nódulo. Eso fue un sábado. El lunes me fui al médico, y me indicó una mamografía. Después de hecha, como era un amigo el que la realizaba, me dijo:

-Espera un momento, que te vamos a hacer una ecografía.

Me di cuenta después, que él lo había notado y no me lo quiso decir. Nos apreciamos mucho con la Clínica Radiológica que esta por calle Rivera, tiene un personal increíble y me atiende en ese momento, el doctor Realini.  Me realiza la ecografía, y yo veía que le iba cambiando la cara, minuto a minuto. Al terminar, le pregunté: ¿encontraste algo loco?

Y me contestó:- No petisa, no. Encontré un quistecito. Pero sácatelo, porque a veces esas porquerías  duelen mucho.

Y me dio un abrazo, como protegiéndome. Un abrazo que lo sentí, muy dentro de mí y me dije: acá pasa algo. Se lo cuento todo a mi hija Fabiana, recuerdo que mi esposo estaba internado, y yo no quería ir a la consulta pautada, hasta que al final mi hija me convenció y me acompañó. Llegamos, y el doctor antes de abrir la carpeta decía no encontrar nada. Yo me le adelanto, me acuesto en la camilla y le hice palpar el nódulo. Abrió la carpeta y nos encontramos con que decía que con un 99,9 % de posibilidades  existía un cáncer maligno, y sugería una operación inmediata.

¿Cómo reaccionaste?

Íbamos saliendo del CAM, y entre una puerta y otra, que están sobre la entrada, me pare y  le dije a Fabiana:

“Bueno. Nada de disfrazarlo. Me tocó. Y no vamos a ir a decir, que tengo un quistecito. Tengo cáncer”.

Nos vinimos, como con un baldazo de agua helada, llegamos a casa y se lo contamos a mi hijo Gustavo, sin que se lo contara al padre. Enseguida nos contactamos con el doctor Etchudi, que a su vez, se conecta con el doctor Campos y este me llama, a que cruce la calle para llegar hasta su casa.  Necesitaba hablar conmigo, junto a mis hijos. Llegamos y me hizo apoyar mi mano en su hombro, clavó sus dedos en el lugar del nódulo y en segundos me dijo: ¡acá esta!

Ahí mismo, ya, el doctor Campos organizó la operación por teléfono, e inmediatamente me operaron. Les dije anteriormente, que si existía esa posibilidad de un cáncer maligno, me quitaran el seno. Me explican que sí. Que si  estaba de acuerdo, para quedar bien limpita, me quitaba la mama y también fueron veintiocho ganglios.

Así me fui recuperando de a poco. Me costo bastante, parecía que no lo podía hacer, no me sentía bien. Y comenzaron los pensamientos malos, de que por ahí no me reponía porque estaba toda tomada, y eso me volteó. Hasta que un día vino la doctora  Leila Suárez a pasear y, me dice:

-¿Por qué estas de pijama?

-Porque estoy mal, estoy recién operada.

-¡Anda a sacarte ese pijama! ¡Y ponete unos zapatos! ¡Y píntate!

-Yo necesito un siquiatra. (Le dije, y lloraba)

-Lo tendrás.

Y  en media hora tuve un siquiatra.

Hoy le agradezco tanto a Leila que lo haya hecho. Me habló fuerte y firme y era lo que yo necesitaba, en ese momento. No es fácil, no crean que a la semana la persona va a estar bien. No hay que decaer, no hay que entregarse. Porque yo en ese momento me estaba entregando.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Te cambia todo. Por un tiempo me imposibilitó, pero fue poco. Traté de cuidarme de no hacer fuerza. Aprendí a hacer cosas con la mano izquierda, que no sabía.  En mi entorno, sirvió para unir más a la familia y he recibido amistades que han pasado por lo mismo y siento un enorme cariño y sentimos la necesidad de ayudarnos, apoyarnos, y de vernos de vez en cuando. Me ayudó muchísimo el hecho de recibir gente que vino a verme cuando me operaron. Me hizo mucho bien. La gente me  hace bien.

¿En qué etapa estás hoy?

Estoy realizada. Empecé de la nada con mucho sacrificio y dificultades. Tanto económicas, como otras, y hoy tengo tres hijos divinos: Gustavo, joyero. Fabiana, Odontóloga,  y Lorena, Química Farmacéutica, y está con un Laboratorio propio. Todos encaminados bien. Somos una familia unida, estamos siempre juntos y el 28 de setiembre festejé mis setenta años con una fiesta sorpresa, en el lugar donde  nací y bailé las primeras veces con mi marido. Pasé como un año gustando de  él y ni bolilla me daba, claro era seis años  mayor. Para él con trece años era yo una niña.  ¿Entonces qué más puedo pedir  a la vida?

En cuanto a la salud, me siento muy bien y sigo trabajando y cuidándome.

Envía un mensaje para aquellas mujeres que están pasando por la misma situación.

Si tuviera una amiga que esté pasando por un mal momento, iría a verla, si tiene ganas de charlar lo haremos y si no, le daré un beso y me iré. Pero voy a ir. Siento la necesidad de ayudar a ese otro. Si esa persona no me acepta, paciencia, pero cumplí con lo que yo siento. Quiero decirles que yo estoy a las órdenes siempre para todo aquel, que lo necesite. Las veinticuatro horas si fueran necesarias. Me gusta ayudar a la gente. Y no se dejen caer. Hay que estar muy positiva, siempre.   Y les digo que se sale adelante. Hay veces que pensamos que no vamos a poder, pero podemos.