- Diario El Pueblo - http://www.diarioelpueblo.com.uy -

Con la alegría y satisfacción del deber cumplido…

En la entrevista realizada por Leonardo
Silva, apenas dos años atrás, Walter contó con lujo de detalles la aventura de ponerse al frente del proyecto de recuperación de
EL PUEBLO y otros detalles, propios de un hombre satisfecho con lo logrado en la vida. Compartimos la entrevista.

En la entrevista realizada por Leonardo Silva, apenas dos años atrás, Walter contó con lujo de detalles la aventura de ponerse al frente del proyecto de recuperación de EL PUEBLO y otros detalles, propios de un hombre satisfecho con lo logrado en la vida. Compartimos la entrevista.

Empezó a trabajar a los 14 años limpiando botellas “en lo Urreta, en el Agua Salto”, aprendió de chico a valorar lo que es la “lucha, el sufrimiento y el sacrificio” del trabajo, lo que lo llevó a ser un empresario que tuvo altas y bajas, pero que nunca se rindió y siguió esforzándose para salir adelante. En enero de 1993 fue el principal responsable de la reapertura de EL PUEBLO, que hoy (noviembre de 2009) cumple 50 años. Don Walter Martínez recordó aquellos tiempos con la alegría y satisfacción del deber cumplido.

- ¿Fue en 1992 que decide cambiar de rubro y comenzar a invertir en medios de comunicación?

– En el 92 salía para Bella Unión, me iba por el fútbol, iba tres veces por semana y un día salí del Cambio (Bella Unión) y me encontré con el Padre Pigurina y con (Hugo) Bisio, y me dicen, “mirá Martínez, tenemos un negocio para vos, el diario EL PUEBLO lo están por cerrar”, y yo le respondí que a la vuelta íbamos a conversar. Al otro día nos juntamos, conversamos, insistieron el Padre Pigurina y Bisio para hacer el negocio. Insistieron e insistieron, vinimos al diario y miramos, estaba solamente Lilián, la muchacha que estaba antes, y había unos poquitos allá atrás, entonces fuimos a hablar con el Obispo y me dijo “busquemos la fórmula, y si usted se queda con el diario…”, pero con una condición le dije, “que si ustedes lo piensan cerrar, no lo cierren, con el diario cerrado no hacemos negocio”. Y bueno, buscamos la fórmula y ellos cerraron el diario creo que 10 u 12 días, al personal que había le preguntamos quién quería quedar y quién no quería quedar. Yo con Adriana me traje de Montevideo a un primo mío que era Johann Kosub, que estaba en la parte de publicidad, tenía una agencia, y se quedó unos tres meses con nosotros. Kosub me había arreglado el formato que tiene el diario hoy, pero el problema estaba acá adentro.

- ¿Qué problema?

– El problema con los funcionarios, que unos tiraban para un lado, otros que tiraban para el otro, no había una unión, entonces los empezamos a traer, todos los días teníamos a uno acá en la dirección, le proponíamos lo que nosotros pensábamos que tenía que ser el diario, unos aceptaron, otros no y presentaron la renuncia. Ahí empezamos a incorporar a gente nueva.

- ¿Qué lo llevó a invertir en un diario?

– Yo ya tenía las conversaciones encaminadas para reabrir radio Arapey y tenía una solicitud para una empresa de televisión por cable.

- ¿Pensaba armar un paquete de medios de comunicación?

– Sí, seguro. Y bueno, la verdad que le erré en cuanto a la televisión por cable, porque ahí puse unos asesores que anduvieron para atrás.

- Cuando comenzó a funcionar el diario, ¿le gustó?

– Por supuesto que sí, nos pusimos la camiseta, con Adriana (Martínez, su hija) y Julio (de Brum), el esposo de ella. Y ahí empezamos.

- ¿Qué recuerda de esos primeros días de venir a instalarse y comenzar a trabajar en la reapertura del diario? ¿Qué le llamó la atención?

– Llamarme la atención en realidad no, porque como yo ya había pasado por tantas cosas y abierto tantas casas de cambio, en Uruguayana, en Paso de los Libres, en Bella Unión, en Punta del Este, en el Chuy, para mí fue como un negocio más, si daba, daba, y si no daba, mala suerte.

- Pero el diario daba trabajo a unas cuantas familias, o sea, podría ser un negocio más, pero no era cualquier negocio.

– Claro, no era cualquier negocio, porque nosotros habíamos agarrado del diario viejo, por llamarlo de alguna manera, a 17 funcionarios, y creo que ahora andan por los 50, y todo el que venía acá, le decíamos cómo era el lineamiento, libertad tenía. También una cosa que tengo que agradecer ampliamente es a Luis Giovanoni, hablé con él bien claro qué es lo que se quería, y la verdad que me acompañó en el diario, me acompañó en el cable y en la radio, siempre fue mi mano derecha. Después, también otro es Alberto Rodríguez, que es uno de los principales que están del otro lado… después vino Rodrigo (Jardim).

- EL PUEBLO cierra en 1992 porque no era un negocio rentable, ¿usted creyó que el diario podría transformarse en una buena inversión?

– Sí, y le voy a decir por qué, porque mi idea era hacer un tipo de “Gallito Luis”, de avisos económicos. Trabajamos y lo trabajamos y bueno, lo que se ha logrado es lo que usted ve los domingos, y eso que todavía tiene que mejorar. La idea era buscar una fuente de ingreso que con la venta del diario no se cubría. Había que conseguir sponsors, buenos clientes, buena atención y darle una buena mercadería al cliente. Y bueno, eso se va mejorando de a poco.

- En estos 17 años de estar al frente del diario, ¿cómo ha visto su evolución?

– Esta nueva etapa la he vivido con satisfacción, de lo que era el diario aquel, de la sábana que era, a lo que es ahora, la verdad que muy contento, además de la cantidad de gente amiga y fiel al diario, tanto comerciante como clientes, la verdad que no nos podemos quejar.

- Cuando reabre el diario en enero de 1993, ¿usted llegó a soñar con el diario que hoy está saliendo a la calle o se imaginó otro tipo de diario?

– Yo pensaba que el diario iba a ir mejorando, de a poco, como ha sido, pero la verdad que hoy por hoy, estoy bien contento con Adriana, Julio y todo el personal, aunque yo no tengo mucho contacto con el personal, si con Alberto Rodríguez y Rodrigo Jardim, ellos son nuestra mano derecha que además tienen puesta la camiseta, eso es lo principal, todo el personal y los canillitas que también ellos luchan por sacar el diario adelante.

- Y cuando ve a su nieto en el diario, acompañando y aprendiendo de su madre, ¿qué siente?

– Ah, la alegría más grande… la verdad que… nunca creí que… discúlpeme… pensé que iba a agarrar por otro camino… (Muy emocionado)

- ¿La sangre tira?

– … así es la vida. Como todo, hay problemas y hay que ir solucionándolos, pero yo digo que todo tiene solución, no hay que encapricharse, no hay que ponerse duro en una posición si los otros, por ejemplo, piensan distinto, hay que llegar a un consenso y de la mejor manera para que le sirva a todos.

- ¿De dónde saca fuerza para volver a levantarse y seguir adelante?

– Si usted no tiene fuerza y usted es débil, usted la queda. Siempre les dije a mis dos hijas, si el negocio un día anda muy bien, al otro día anda muy mal, y si uno anda muy mal, no hay que preocuparse porque si anduvimos bien y nos toca mal, vamos a tener que tratar que las cosas mejoren, nunca me dí por vencido. Lo del cable, por ejemplo, fue un mal negocio y punto, tampoco me afectó a mí haber hecho un mal negocio. Además, si usted se queda en los recuerdos, está muerto, no puede quedarse porque le fue mal ayer o tuvimos una mala racha, que no es culpa nuestra una crisis, por ejemplo, pero hay que superarla, hay que buscar los elementos para salir uno mismo de la crisis.

- Usted es responsable directo de haber mantenido EL PUEBLO abierto y este domingo cumple 50 años de vida. ¿Cómo se siente al formar parte de esta historia?

– Cuando nosotros nos hicimos cargo del diario, nunca pensamos que era por equis tiempo. Nosotros teníamos que agarrar el diario y llevarlo de a poco, mejorando, y hoy mismo tenemos tantas cosas para corregir y para mejorar que si Dios quiere y nos da vida para poder estar acompañando a Adriana, a Julio y a Matías que está ahora, y bueno, también a todos los muchachos que están trabajando con nosotros.

- Si bien usted está jubilado, se lo ve seguido por el diario, ¿es de hacer sugerencias?

– Cuando veo alguna falla o alguna falta que son a veces hasta groseras en el diario, vengo y se lo comento a Adriana, para que ella hable con quien corresponda, porque a veces hay errores por más que no quiera, se pasan cosas que son errores garrafales.

- O sea que pese a estar jubilado, sigue colaborando.

– Porque recibo el diario de mañana temprano y me lo recorro todo, lo leo todo. Antes veníamos seguido al diario, ahora hace ya un tiempo que vengo cada tanto, una o dos veces por semana, pero si no, venía a acompañar a Adriana con un café y ahí charlábamos. Ahora la llevó bien como jubilado (risas).