Walter Martínez… el hombre

La compañera Gloria Márquez me llama del Diario para  informarme que se había ido don Walter Martínez, que se había muerto.
Caminé por el parquecito de mi casa sin pronunciar palabras, dejando correr los recuerdos. Intenté remover la tierra de algunas flores y no pude. Entro a la casa y repaso en la biblioteca buscando un libro de Eduardo Galeano que habla del “tiempo”.
Quiero encontrarlo y no puedo, debe de estar por ahí me digo, tiene que estar.
Entonces salgo y me detengo en el recuerdo de la figura de él, sin duda mi segundo padre, mientras repaso preguntas que le surgen a un hombre ya mayor.
¿Pudimos cumplir con él?
¿Supimos reconocer en vida lo que significó para nosotros don Walter?
Las historias esquivas  que no cuentan el todo.
Realidades que posiblemente no se señalen como realmente ocurrieron.
Historias de hombres que dieron mucho cuando lo tenían todo, jugándose por otros.
La sencillez y la claridad de Martínez, para ofrecerme trabajar con él en ese emprendimiento de “reflotar un Diario” en un viaje a Bella Unión.
El compromiso aceptado y la historia que comienza para no pocos.
Walter, con su hablar sereno.
Lo justo y necesario, siempre.
Nada más que eso.
Nada más.
Su planteo de levantar un Diario cerrado, no era fácil.
Quijotesca empresa si la hubo.
Coraje empresarial.
Visión del todo.
Desde el comienzo mismo su hija Adriana y su esposo Julio de Brum estuvieron y están ahí, peleándola todos los días, siempre a su lado… siempre.
Nosotros también.
Muchos nosotros.
Todos.
EL PUEBLO otra vez en la calle… 15 de enero de 1993.
Casi, casi van a ser veinte años.
Las flores del jardín, las mismas que se mandan a los que se van de este mundo reciben mi cuidado.
¿Qué significado tendrá mandar flores a los difuntos?
Cosas de la historia de años, una costumbre antiquísima.
Walter y  ese legado está ahí, florece en papel y tinta todos los días.
En informaciones y opiniones.
Un DIARIO que hay que cuidarlo.
Un Diario fuerte.
Más de cincuenta personas trabajando en forma directa que en definitiva son otras tantas familias.
Este Walter además de todo, nos dio la vida marcando el camino a nuestra familia en particular.
No es esta la primera vez que señalamos esto, siempre lo hicimos y lo vamos a seguir señalando, porque el verbo agradecer, debe de ir de la mano siempre del reconocer.
Palabras que se agolpan, surgen y te golpean.
Siempre así, debe por otra parte ser así.
Ahora lo recuerdo, ya está, el libro de Eduardo Galeano dice más o menos así… “ De tiempo somos. Somos sus pies y sus bocas. Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas…”
Pero en este caso yo no creo que se puedan borrar las huellas de Don Walter.
Ahí esta el DIARIO, de pie vuelto a la vida.
Fuerte y firme.
Por otro lado nosotros, ahora, con Radio Arapey y todo lo demás que fue surgiendo en su entorno, donde él, en el inicio fue pionero.
El cementerio, simplemente un trámite necesario en esta etapa.
Sus hijas Patricia y Adriana, las familias de ellas.
Amigos, gente que lo quiso.
La despedida.
Y el convencimiento que estamos plenamente seguros que a Ud. nadie lo va a olvidar amigo Walter, porque  supo sembrar con su calidad humana recuerdos y enseñanzas que no se borran fácilmente.
Va a ser así.
Luis Giovanoni.

La compañera Gloria Márquez me llama del Diario para  informarme que se había ido don Walter Martínez, que se había muerto.

Caminé por el parquecito de mi casa sin pronunciar palabras, dejando correr los recuerdos. Intenté remover la tierra de algunas flores y no pude. Entro a la casa y repaso en la biblioteca buscando un libro de Eduardo Galeano que habla del “tiempo”.

Quiero encontrarlo y no puedo, debe de estar por ahí me digo, tiene que estar.

Entonces salgo y me detengo en el recuerdo de la figura de él, sin duda mi segundo padre, mientras repaso preguntas que le surgen a un hombre ya mayor.

¿Pudimos cumplir con él?

¿Supimos reconocer en vida lo que significó para nosotros don Walter?

Las historias esquivas  que no cuentan el todo.

Realidades que posiblemente no se señalen como realmente ocurrieron.

Historias de hombres que dieron mucho cuando lo tenían todo, jugándose por otros.

La sencillez y la claridad de Martínez, para ofrecerme trabajar con él en ese emprendimiento de “reflotar un Diario” en un viaje a Bella Unión.

El compromiso aceptado y la historia que comienza para no pocos.

Walter, con su hablar sereno.

Lo justo y necesario, siempre.

Nada más que eso.

Nada más.

Su planteo de levantar un Diario cerrado, no era fácil.

Quijotesca empresa si la hubo.

Coraje empresarial.

Visión del todo.

Desde el comienzo mismo su hija Adriana y su esposo Julio de Brum estuvieron y están ahí, peleándola todos los días, siempre a su lado… siempre.

Nosotros también.

Muchos nosotros.

Todos.

EL PUEBLO otra vez en la calle… 15 de enero de 1993.

Casi, casi van a ser veinte años.

Las flores del jardín, las mismas que se mandan a los que se van de este mundo reciben mi cuidado.

¿Qué significado tendrá mandar flores a los difuntos?

Cosas de la historia de años, una costumbre antiquísima.

Walter y  ese legado está ahí, florece en papel y tinta todos los días.

En informaciones y opiniones.

Un DIARIO que hay que cuidarlo.

Un Diario fuerte.

Más de cincuenta personas trabajando en forma directa que en definitiva son otras tantas familias.

Este Walter además de todo, nos dio la vida marcando el camino a nuestra familia en particular.

No es esta la primera vez que señalamos esto, siempre lo hicimos y lo vamos a seguir señalando, porque el verbo agradecer, debe de ir de la mano siempre del reconocer.

Palabras que se agolpan, surgen y te golpean.

Siempre así, debe por otra parte ser así.

Ahora lo recuerdo, ya está, el libro de Eduardo Galeano dice más o menos así… “ De tiempo somos. Somos sus pies y sus bocas. Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas…”

Pero en este caso yo no creo que se puedan borrar las huellas de Don Walter.

Ahí esta el DIARIO, de pie vuelto a la vida.

Fuerte y firme.

Por otro lado nosotros, ahora, con Radio Arapey y todo lo demás que fue surgiendo en su entorno, donde él, en el inicio fue pionero.

El cementerio, simplemente un trámite necesario en esta etapa.

Sus hijas Patricia y Adriana, las familias de ellas.

Amigos, gente que lo quiso.

La despedida.

Y el convencimiento que estamos plenamente seguros que a Ud. nadie lo va a olvidar amigo Walter, porque  supo sembrar con su calidad humana recuerdos y enseñanzas que no se borran fácilmente.

Va a ser así.

Luis Giovanoni.







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