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“Sólo cabe mi más profundo agradecimiento”

Ha pasado más de medio siglo desde aquel 2 de noviembre de 1967, cuando por primera vez ingresé a EL PUEBLO, invitado a probarme como corrector de  pruebas. Tenía por entonces 18 años y poco tiempo atrás había completado mi pasaje por el entonces flamante liceo Salesianos donde había cursado durante  11 años (siete de Primaria y 4 de Secundaria). Había también intentado cursar el magisterio, ingresando después de  salvar la prueba de admisión correspondiente y cursaba en el liceo nocturno los entonces dos años de bachillerato.
Mi ingreso a esta Redacción fue fortuito, fui invitado por un compañero (Juan C. Maciel),  del  equipo de fútbol que ambos defendíamos, Dublín Central. Realmente pocos o casi nadie pensaba que Maciel podría traer a trabajar a alguien que anduviera bien en la difícil tarea de corrección.
Felizmente se equivocaron y aquí sigo tras 55 años y toda una vida, habiendo pasado por casi todas las secciones, excepto las administrativas.
Pero la antigüedad no tiene más mérito que la perseverancia, el cumplimiento del deber quizás y por qué no el haber hallado las condiciones de trabajo adecuadas para permanecer. Pero EL PUEBLO, me ha brindado más que eso,  me ha dado la posibilidad de aprender, de crecer, y de realizarme en el periodismo.
Gradualmente le fui tomando el gusto, me interioricé de la diagramación en papel, esbozo con las indicaciones en cada página que luego pasábamos al taller, para que linotipistas y diagramadores la transformaran en una plancha que iba a la vieja rotoplana para su impresión y donde la tinta y el  plomo eran los elementos determinantes.
Cuando hubo un vacío en la corresponsalía de EL País, en Salto me fue ofrecida la tarea que desempeñé durante algunos años, años difíciles y duros, hasta que “se prescindió de mis servicios”, porque no “sintonizaba” con su línea, aunque sin explicación por supuesto, como era frecuente en aquellos años.
Finalmente, llegó la etapa actual, a la que debo agradecer que me hubiera permitido complementar la formación empírica, que había recibido en tantos años de experiencia y trajinar por esta Redacción, con la formación académica obtenida en un curso de Redacción Periodística, realizado en la Universidad Católica en Montevideo, dictado por destacados profesionales del periodismo capitalino, el que  fue organizado por la Organización de la Prensa del Interior OPI y la  UCUDAL.
Allí pude enriquecer la experiencia con el conocimiento teórico. Allí aprendí cuáles eran los conceptos esenciales que regían tanto lo que estábamos haciendo bien, como de lo que hacíamos mal y en una palabra porqué se debían hacer así.
Posteriormente tuve también oportunidad de seguir creciendo con las numerosas charlas, cursos y visitas de destacados periodistas capitalinos, gestionadas por EL  PUEBLO, en su actual período y en algunas ocasiones la propia Universidad de la República.
En suma, no tengo más que agradecimiento, a quienes a través de estos 55 años me abrieron las puertas del  periodismo.
A quienes me entendieron y soportaron, porque no todo es color de rosa.
A quienes de alguna manera polemizaron o se molestaron en estos años.
A quienes compartieron y también a quienes no han compartido ni comparten nuestra forma de pensar y hacer  periodismo.
A quienes se han sentido señalados o acusados.
Siempre lo hemos hecho con la más absoluta honestidad y responsabilidad, tratando de respetar a la persona por encima de cualquier conducta o circunstancia.
En definitiva, diría ¡Gracias a Dios y a la vida, que me ha dado tanto…!

Ha pasado más de medio siglo desde aquel 2 de noviembre de 1967, cuando por primera vez ingresé a EL PUEBLO, invitado a probarme como corrector de  pruebas. Tenía por entonces 18 años y poco tiempo atrás había completado mi pasaje por el entonces flamante liceo SalesianosIMG-20141128-WA0002donde había cursado durante  11 años (siete de Primaria y 4 de Secundaria). Había también intentado cursar el magisterio, ingresando después de  salvar la prueba de admisión correspondiente y cursaba en el liceo nocturno los entonces dos años de bachillerato.

Mi ingreso a esta Redacción fue fortuito, fui invitado por un compañero (Juan C. Maciel),  del  equipo de fútbol que ambos defendíamos, Dublín Central. Realmente pocos o casi nadie pensaba que Maciel podría traer a trabajar a alguien que anduviera bien en la difícil tarea de corrección.

Felizmente se equivocaron y aquí sigo tras 55 años y toda una vida, habiendo pasado por casi todas las secciones, excepto las administrativas.

Pero la antigüedad no tiene más mérito que la perseverancia, el cumplimiento del deber quizás y por qué no el haber hallado las condiciones de trabajo adecuadas para permanecer. Pero EL PUEBLO, me ha brindado más que eso,  me ha dado la posibilidad de aprender, de crecer, y de realizarme en el periodismo.

Gradualmente le fui tomando el gusto, me interioricé de la diagramación en papel, esbozo con las indicaciones en cada página que luego pasábamos al taller, para que linotipistas y diagramadores la transformaran en una plancha que iba a la vieja rotoplana para su impresión y donde la tinta y el  plomo eran los elementos determinantes.

Cuando hubo un vacío en la corresponsalía de EL País, en Salto me fue ofrecida la tarea que desempeñé durante algunos años, años difíciles y duros, hasta que “se prescindió de mis servicios”, porque no “sintonizaba” con su línea, aunque sin explicación por supuesto, como era frecuente en aquellos años.

Finalmente, llegó la etapa actual, a la que debo agradecer que me hubiera permitido complementar la formación empírica, que había recibido en tantos años de experiencia y trajinar por esta Redacción, con la formación académica obtenida en un curso de Redacción Periodística, realizado en la Universidad Católica en Montevideo, dictado por destacados profesionales del periodismo capitalino, el que  fue organizado por la Organización de la Prensa del Interior OPI y la  UCUDAL.

Allí pude enriquecer la experiencia con el conocimiento teórico. Allí aprendí cuáles eran los conceptos esenciales que regían tanto lo que estábamos haciendo bien, como de lo que hacíamos mal y en una palabra porqué se debían hacer así.

Posteriormente tuve también oportunidad de seguir creciendo con las numerosas charlas, cursos y visitas de destacados periodistas capitalinos, gestionadas por EL  PUEBLO, en su actual período y en algunas ocasiones la propia Universidad de la República.

En suma, no tengo más que agradecimiento, a quienes a través de estos 55 años me abrieron las puertas del  periodismo.

A quienes me entendieron y soportaron, porque no todo es color de rosa.

A quienes de alguna manera polemizaron o se molestaron en estos años.

A quienes compartieron y también a quienes no han compartido ni comparten nuestra forma de pensar y hacer  periodismo.

A quienes se han sentido señalados o acusados.

Siempre lo hemos hecho con la más absoluta honestidad y responsabilidad, tratando de respetar a la persona por encima de cualquier conducta o circunstancia.

En definitiva, diría ¡Gracias a Dios y a la vida, que me ha dado tanto…!

Alberto Rodríguez