…y la palabra escrita que se negará a morir

“Todos podemos convenir el estrecho relacionamiento entre diario y comunicación. Entre diario y búsqueda. Entre diario y proyección. Pero la magia mayor de un diario como EL PUEBLO, es el valor intrínseco de la palabra escrita que se negará siempre a morir.
¡Ninguna digitalización podrá vencer el doble bastión que significa la tinta y el papel!
El reino de la palabra escrita entonces, y estos 55 años, con su noble carga de vigencia misma.
Para algunos de nosotros, dos sendas paralelas en el tiempo. Década del 70, cuando el proceso de armado fue casi artesanal y el taller podía incluir no menos de 20 funcionarios, pero en aquella redacción también, otro esquema de acción cotidiana. El ingreso se producía a media tarde. O normalmente en la noche. Los grabadores podían transformarse en lujo, pero además su exceso de tamaños, lo hacían casi impracticables. ¡Mandaban la libreta y la birome!
La memoria después, podía o no ofrecer la generosidad de su propio archivo, en tanto un compañero no dejó de ser puntual: escuchar los informativos de Radio Carve o Montecarlo, para nutrirnos de la información nacional”.
“Un día llego a EL PUEBLO a las 11 de la mañana. Iría a permanecer un rato. No era común que a esa hora llegase el entonces director, Esc. Enrique Cesio. Yo tenía 17 años y aunque los domingos me transformaba en cronista deportivo en tiempos de Juan José “Coco” Campanella ejerciendo la jefatura, los días hábiles era uno más en información general.
Fue entonces que Cesio moduló su voz, hasta tornarla tan imperativa como grave: “¿Qué hacés aquí si la noticia está afuera?”. Un minuto después ya estaba afuera. No hubo opción.
La restante senda, es el hoy, que despuntó en el ayer de un 15 de enero de 1993.
El sueño de quijote de don Walter Martínez Cerrutti: reabrir EL PUEBLO, después de un silencio casi atormentado de dolor. Porqué fue un dolor el cierre de un diario que acaso sintetizó el mágico sentir de lo finamente popular. Algunos vamos quedando desde aquel 15 de enero, tentando que el avance de la tecnología y el universo del mercado y sus acechanzas, no nos prive del candor y del querer esencialmente humano. Porque un diario también es eso: carga sentimental en pro de una causa comunicante.
Al fin de cuentas, las dos sendas hacen a la historia de EL PUEBLO. La han construido. La potencian. Siguen siendo nuestras.
En tanto, puede no faltarnos el derecho a la añoranza, porque a veces el corazón es un llamador pertinaz de evocaciones. El corazón no olvida. Sobre todo, a quienes nos legaron el compromiso cotidiano. ¡Guarda relación con la encendida pasión de andar creando!
Ellos también, ahora se suman como siempre. Walter, el Director; el “Pajarito” Néstor Flores y tantos. Desde una aureola sin grises y multiplicando colores, para que EL PUEBLO se prolongue todos los días. Desde esa vida misma, en la que ellos soñaron.
Tercamente. Generosamente. Humanamente…
-ELEAZAR JOSÉ
SILVA-

“Todos podemos convenir el estrecho relacionamiento entre diario y comunicación. Entre diario y búsqueda. Entre diario y proyección. Pero la magia mayor de un diario como EL PUEBLO, es el valor intrínseco de la palabra escrita que se negará siempre a morir.

¡Ninguna digitalización podrá vencer el doble bastión que significa la tinta y el papel!chi

El reino de la palabra escrita entonces, y estos 55 años, con su noble carga de vigencia misma.

Para algunos de nosotros, dos sendas paralelas en el tiempo. Década del 70, cuando el proceso de armado fue casi artesanal y el taller podía incluir no menos de 20 funcionarios, pero en aquella redacción también, otro esquema de acción cotidiana. El ingreso se producía a media tarde. O normalmente en la noche. Los grabadores podían transformarse en lujo, pero además su exceso de tamaños, lo hacían casi impracticables. ¡Mandaban la libreta y la birome!

La memoria después, podía o no ofrecer la generosidad de su propio archivo, en tanto un compañero no dejó de ser puntual: escuchar los informativos de Radio Carve o Montecarlo, para nutrirnos de la información nacional”.

“Un día llego a EL PUEBLO a las 11 de la mañana. Iría a permanecer un rato. No era común que a esa hora llegase el entonces director, Esc. Enrique Cesio. Yo tenía 17 años y aunque los domingos me transformaba en cronista deportivo en tiempos de Juan José “Coco” Campanella ejerciendo la jefatura, los días hábiles era uno más en información general.

Fue entonces que Cesio moduló su voz, hasta tornarla tan imperativa como grave: “¿Qué hacés aquí si la noticia está afuera?”. Un minuto después ya estaba afuera. No hubo opción.

La restante senda, es el hoy, que despuntó en el ayer de un 15 de enero de 1993.

El sueño de quijote de don Walter Martínez Cerrutti: reabrir EL PUEBLO, después de un silencio casi atormentado de dolor. Porqué fue un dolor el cierre de un diario que acaso sintetizó el mágico sentir de lo finamente popular. Algunos vamos quedando desde aquel 15 de enero, tentando que el avance de la tecnología y el universo del mercado y sus acechanzas, no nos prive del candor y del querer esencialmente humano. Porque un diario también es eso: carga sentimental en pro de una causa comunicante.

Al fin de cuentas, las dos sendas hacen a la historia de EL PUEBLO. La han construido. La potencian. Siguen siendo nuestras.

En tanto, puede no faltarnos el derecho a la añoranza, porque a veces el corazón es un llamador pertinaz de evocaciones. El corazón no olvida. Sobre todo, a quienes nos legaron el compromiso cotidiano. ¡Guarda relación con la encendida pasión de andar creando!

Ellos también, ahora se suman como siempre. Walter, el Director; el “Pajarito” Néstor Flores y tantos. Desde una aureola sin grises y multiplicando colores, para que EL PUEBLO se prolongue todos los días. Desde esa vida misma, en la que ellos soñaron.

Tercamente. Generosamente. Humanamente…

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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